A veces para seducir hace falta muy poquito. Nada de excéntricos juegos malabares imposibles o historias increíbles e interminables (aunque luego la película durase 94 minutos de nada) ni gaitas enrevesadas, no, hace falta muy poquito, porque unos ligeros detalles son lo que vuelven algo convencional en algo inolvidable. Como yo de esto, de seducir, no puedo presumir, trataré de explicarme usando un ejemplo de seductor nato. Vale, tendré que refugiarme en la ficción porque yo ni sé ni se me espera en estos temas. Fijémonos en Don Draper de la aclamada y muy popular Mad Men. Es un tipo guapo, bien parecido, mejor puesto, exitoso… ¿pero es esto lo que le hace un seductor inapelable? Para nada, son los detalles lo que marcan la diferencia, son los detalles lo que le convierten en alguien irresistible para ellas y en un joder yo quiero ser como él para ellos. ¿Cuáles son estos detalles? Pues su nombre para empezar es cojonudo, luego bebe mucho pero con clase y lo más importante, cuando habla de si mismo o de su pasado lo hace con un desinterés y una vagueza tal que ni su propia mujer sabe una valiente mierda sobre su vida. Ok, quizás nada de esto era necesario, quizás más que una idea es un delirio pero para un servidor The xx tienen mucho de esto. The xx son unos grandísimos seductores y su secreto son los detalles y son los detalles los que los vuelven irresistibles porque su música principalmente es eso, detalles, pinceladas absolutamente geniales y emocionales que harán que se rinda hasta la más fatale de las femmes, hasta el más violent de los corazones.

The xx son un trío londinense cuyo debut The xx en 2009 supuso una bocanada de aire fresco ciertamente agradecido en el mundillo indie. En este 2012 volvían con el siempre complicado (¿?) segundo disco ¿Soportaría la fórmula de los británicos una segunda entrega? ¿Buscarían una renovación y un enfoque nuevo? ¿Estaría este trabajo a la altura de su brillante y aclamada primera obra? ¿Ten o Vs.? Pues, salvando insalvables distancias estilísticas, igual. Asientan su propuesta y tiran de detalles (que es de lo que va esto) suficientes para que la historia no se repita y el viaje sea tan placentero y aprovechable como para recorrerlo una y otra vez sin que te pida el alma tirar del primer álbum.

La música contenida en este Coexist es una delicia, una hipnótica caricia tras otra. Pasajes oníricos, atmósferas mínimas pero de gran intensidad que te atraparán como si de una cálida niebla se tratase. Canciones idóneas para anhelar los más bellos sentimientos, para echar de menos a esa gente especial, para añorar la presencia de gente fetén, para emborracharse de nostalgia, para vomitar melancolía, para mantenerse joven y recordar si acaso ya se ha olvidado lo más agridulce de la adolescencia, ese punto donde coexisten ilusiones, desencantos y la más fina belleza de lo perecedero.

En The xx y en Coexist nos encontramos unos ingredientes aparentemente sencillos pero difíciles de empatar. Sus responsables, por un lado tenemos a Jamie Smith (Jamie xx) que se ocupa de la exquisita producción del disco, de los beats, del órgano, del piano, del peso del silencio… por otro tenemos a Oliver Sim (bajo y voces) y Romy Madley Croft (guitarra y voces). Si el particular y sublime sonido que Jamie mima hasta el infinito es impresionante, lo de las voces no le va a la zaga. Oliver y Romy cantan, susurran, se aman y desaman como si de una pareja metida en la cama se tratase y con esto no estoy pensando en Serge Gainsbourg y Jane Birkin, no, es diferente, es muy diferente. Bueno, en «Chained» igual si vienen de retozar juntos, pero sólo es el punto que apuntala ese amor puro y esa devoción en esas voces… hay  amor agriado en esos lamentos, no son sólo cantos, son confesiones, son charlas en la cama de enamorados que han pasado de ver su amor como algo increíble e impresionante a la más normal y convencional de las rutinas y al mismo tiempo es poesía y a la vez sigue siendo increíble, sigue siendo amor aunque ya no sea más…

No todo es de color de rosa, para nada, si no ni sería arte ni sería remarcable, también hay claustrofobia, hay grises, hay silencios inapelables y hay muchísima alma dentro de estas canciones aparentemente esqueléticas. ¿Indie? Pues será, pero también hay rock, funk y lo dicho, mucho soul. Para ir a la esencia se ha de domar algo más que 4 destellos y este jovencísimo grupo londinense parecen tener la esencia perfectamente bajo control.

El nivel de las letras es sencillamente macanudo, la inicial «Angels» es de una hermosura fabulosa: «Si alguien me creyese, estarían tan enamorados de ti como lo estoy yo«… «Cada día estoy aprendiendo sobre ti, las cosas que nadie más ve…y el final llega demasiado pronto… como soñar con ángeles e irse sin ellos» PERO QUÉ BONICOS LOS CRÍOS ESTOS REDIOS. O en la final «Our Song» que dicen o vienen a decir algo como «y no hay nadie más que me conozca como tú, los muros que escondo tras de mi tú los atraviesas, tú caminas a través de ellos» Una ricura, vaya. Poesía, demonios.

«Chained» que incluye un sample de los Crusaders como ya he mentado antes huele a sexo y la letra también es de aúpa pero no voy a destrozar todos sus versos de mala manera. En «Fiction» hay tensión, en «Try» soul, en «Reunion» aires tropicales o quizás hawaiianos deliciosos. En «Sunset» belleza. En «Missing» hay ecos de Portishead. Pero vamos, si escribir sobre música es como bailar sobre arquitectura que decía el otro con The xx y sus detalles el pecado es doble, así que, escúchenlos y piérdanse en sus detalles o no… que total coexistiremos igual.

Aquí «Angels»

Med Vega

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