El pasado septiembre nos traía la vuelta de uno de nuestro francotiradores sónicos predilectos, el siempre pasional, misterioso y carismático David Eugene Edwards al frente de unos renovados Wovenhand (o Woven Hand). Una nueva obra del nieto del predicador Edwards que cuenta con aires frescos, crudos, de enorme impacto y más cercano a Ten Stones (2008) que al anterior  The Threshingfloor (2010). Apostando más por el poderoso e intenso sonido que ofrecen en sus directos que por las opresivas, oscuras, claustrofóbicas y dolorosas atmósferas de las que germinaba una brillante belleza como ocurría en Mosaic (2006) o Consider the Birds (2004). Por supuesto y teniendo en cuenta el amplio y rico bagaje de este señor por muy duro que sea el tronco, por muy gruesa que sea la corteza de The Laughing Stalk la savia que recorre sus ramas está impregnada de esa pasión pura, esa magia única e infecciosa que nadie más como David Eugene Edwards sabe enarbolar.

De los que solían acompañar a DEE sólo queda el fantástico baterista Ordy Garrison, lo que por un lado significa sangre fresca gracias a las incorporaciones de los jóvenes Chuck French (guitarra) y Gregory Garcia Jr. (bajo), por otro se traduce en una baja muy sensible, la de Pascal Humbert, inmejorable secuaz de Edwards desde los tiempos de 16 Horsepower. Pese a tremenda pérdida el resultado sigue siendo la mar de hipnótico y a base de energía, nervio y pulso se erige la más contundente y desafiante de las obras del de Denver como Wovenhand, con su angustiada y personal voz escupiendo plegarias, lamentos y sus visiones de los testamentos, cantos endemoniadamente celestiales, en esta ocasión, bien rodeados de densos y pesados guitarrazos creando tormentas inapelables.

De entre las múltiples fuentes de las que siempre ha bebido el bueno de DEE se hace quizás más marcada que nunca la influencia de los imprescindibles The Gun Club del mítico Jeffrey Lee Pierce aunque también hay ecos del Nick Cave más endemoniao («Closer«) o de Joy Division, también en «Closer» si con ese título y con este protagonista es inevitable…

El disco arranca con poderío y electricidad al ritmo de «Long Horn«, trepidante descarga para empezar que marcará la pauta principal de este nuevo mundo dentro del universo de David Eugene Edwards. Guitarras demoledoras. Aunque la contundencia y visceralidad no arrastran totalmente esos gustos por los cantos de los Apalaches y aullidos indígenas («Maize«) o esa lúgubre mística que siempre ha desgranado con gran acierto («The Laughing Stalk«, «In the Temple«). Imaginería religiosa, un western extremo, polvo procedente de desiertos insondables y un telón de fondo metálico que se enciende al grito de Hoka! son algunos de los ingredientes que se pueden encontrar en esa barbaridad que es «King O King» y ojo que hay arrebatos aún más asesinos, un enigmático punk de brisas folkies asoma su presencia en un corte como «As Wool«. «Coup Stick» repleta de referencias bíblicas aligera el denso oceano de guitarras aún mordiendo con afilada dentadura, dejando marca, volviendo a rendir sentido homenaje a los nativos americanos. «Glistening Black» cierra el quizás disco más accesible (si se me permite el término) de DEE y los suyos y lo hace siendo un descomunal broche con ese adictivo riff serpenteante y esa increíble, peligrosa y galopante voz que encierra el poderío equiparable de un tren de mercancías desbocado cruzando Colorado.

Como curiosidad citar que hay otro detalle que emparenta a The Laughing Stalk con Ten Stones, las dos aproximaciones más claras del sonido en vivo de Wovenhand al estudio y es que si en 2008 vio la luz un disco en directo de 16 Horsepower, el muy recomendable Live March 2001, en esta temporada se ha publicado Live at Roepaen de Wovenhand. Recomendabilísimo todo.  Bueno y si pueden verlo en directo, pues sin dudar, algo inapelablemente increíble, siempre.

Un artista completamente único que posee un talento inigualable hoy en día para transmitir una turbia agonía, desesperación y también muchísima belleza. Alabado sea el nieto del predicador Edwards. Alabado sea uno de los últimos exponentes de autenticidad en un mundo cada vez más repleto de falsedad y postureo.

Ilustración por Zorro de la Dehesa.

Texto y fotos por mED Vega.

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