Sencillamente un clásico de la historia del rock and roll. Así es como yo veo, casi dos décadas después de que fuera alumbrado, el doble álbum de Wilco Being There (1996). Profuso, variado, lleno de recovecos, el segundo trabajo del grupo de Jeff Tweedy lo convertía en uno de los nombres básicos de su tiempo, capaz de ir a las raíces para volver de ellas con un producto fresco que no sonase a lo de siempre.

Preocupados porque la secuenciación de los temas no sea la habitual y contradiciendo los cánones, Tweedy y lo suyos comienzan la función con «Misunderstood», que en otros discos hubiera sido el corte final. Larga, lenta y sinuosa, en la canción conviven la voz íntima de Tweedy, adornada por piano, órgano y guitarra acústica, con garabatos eléctricos y atonales en la línea de Sonic Youth. La sugestiva «Far, Far Away» y sus preciosas tonalidades country —lideradas por la pedal steel invitada de Bob Egan— es seguida de «Monday», funk and roll de festiva sección de vientos. El despecho amoroso es visto con optimismo musical en «Outtasite (Outta Mind)», mientras que el retorno del country en «Forget The Flowers» trae a la cabeza —por título y cadencia— las inconmensurables «Dead Flowers» de los Stones, obviedad que a ningún oyente habrá de escapársele. «Red-Eyed And Blue» conecta con «Misunderstood», si bien falta de guitarras agresivas y con ese silbido que la hace más feliz. «I Got You (At The End Of Century)» entronca, a su vez, con la alegría de «Monday» partiendo del purito riff made in Berry, Richards & Young. El precioso romanticismo pop de «What’s The World Got In Store» es introducido por Jeff Tweedy y el banjo de Max Johnston para convertirse en una delicia multiinstrumental en la que hay que señalar los coros de la banda y el órgano de Jay Bennett. Hotel Arizona y sus reminiscencias de Prefab Sprout culminan sus tres minutos y medio con un desatado solo de guitarra que vale más que las miles de filigranas practicadas por cientos de artista técnicamente superdotados. «Say You Miss Me» es la última pieza del primer CD, cuya letra habla de la recuperación de las relaciones sentimentales rotas regada por bellas melodías y armonías que deben tanto al power pop como al folk y el country rock.

«Sunken Treasure» nos recuerda la obsesión de Tweedy por un orden poco convencional, y podemos utilizar para el primer tema del segundo disco las mismas palabras que para la ya doblemente mencionada «Misunderstood» («larga, lenta y sinuosa») —incluida la referencia a los autores de Goo— sin temor a resultar perezosos o facilones. Hillbilly y bluegrass en con lo que nos topamos en la simpática «Someday Soon», yuxtaponiéndose una versión circense o cabaretera de «Outtasite (Outta Mind)» que pasa a titularse «Outta Mind (Outta Sight)». El folk intimista de «Someone Else’s Song» (con el ronroneo del acordeón que toca Jay Bennett) da paso al poderoso funk rock de «Kingpin», cuyos vestigios nos llevan de nuevo a los Rolling Stones. Son sin embargo los Kinks quienes parecen reencarnarse en «(Was I) In Your Dreams», o el grupo de Ray Davies pasado por el filtro americana. Servidor sigue viendo a los Kinks y a los Beatles en «Why Would You Wanna Live?», aunque también a Randy Newman; de todos modos, una composición estupenda (en especial el genial y volátil estribillo) para que Wilco honre a la tradición y a sus ídolos. Si aquí es el violín de John Stirratt el que se oye, en «The Lonely 1″ se suma el de Jesse Greene, parte de una enorme y triste balada que dejaría al oyente sumido en la penumbra emocional de no ser porque «Dreamer In My Dreams» vuelve a recurrir a los Stones (de Country Honk), el bluegrass y el violín para que la fiesta termine sonrisa en boca y con la banda a tope.

No diré que Being There sea superior a Yankee Hotel Foxtrot, Sky Blue Sky u otras grabaciones sobresalientes de Wilco (por no hablar del precedente de Uncle Tupelo), pero su ambicioso eclecticismo, sus diecinueve canciones y su precisa y emocionante formalización lo convierten en unos de los mejores trabajos de los años noventa, cuya solidez le hace mirar sin avergonzarse —es más, con orgullo— a otros dobles mágicos e inolvidables de los sesenta y setenta. Hablamos, en definitiva, de un nivel muy, muy alto que pocos grupos de los últimos veinticinco años han alcanzado y, menos aún, mantenido. El nivel de una banda esencial.

Outtasite (Outta Mind) – Show de Letterman, 1997.

Texto por Gonzalo Aróstegui Lasarte.
Ilustración por Barce.

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