El regreso de Whitechapel era ya una noticia esperada en la redacción de Más Truenos. Básicamente por que ya se había colado por nuestros oídos parte del contenido de lo que al final se ha dado en llamar Heyday. Esta colección de luminoso contenido emparenta al otrora dúo (Javi Cantudo -de Jubilee entre otros- y Pablo García) con la mejor tradición de powerpop de inspiración americana. Así, desde la inicial «All Girls Summer Camp» (magnífico arranque de esos que suenan siempre a primera vez) se evidencia una intención por hacer suya esa conocida mezcla de melancolía y vigor que tan bien aprendimos de manos de popes como Matthew Sweet, Norman Blake y, mejor aún, estudiamos en los discos de Big Star, The Knack, o la etapa británica de los pluscuamperfectos Flamin’ Groovies (si queremos más ejemplos de guitarras y melodías deliciosas los encontramos en «Fukushima, Mon amour«, otra joya para los amantes del género).

«Feral Kids» nos arrastra hacia el interior de la obra pero su esquiva estructura y esa cadencia percusiva avisan al personal: la cosa no queda en un mero homenaje a los grandes del powerpop, lo que está por venir es imprevisible. Lo mismo tirará de formatos experimentales (injertos de psicodelia, cameos de sitar o cajas de ritmos) que, como en «Bad Chemicals«, de refrescantes bocanadas a lo Violent Femmes. Así pues, los Whitechapel presentados aquí muestran una clara voluntad expansiva, parecen dar un paso al frente, rasgando ese sutil velo de baja fidelidad folk que, aun poseedor de cierto magnetismo misterioso, se interponía entre las canciones y el que firma estas líneas. Para mí, por tanto, estaríamos hablando sin duda de su mejor álbum hasta la fecha, el más compacto y directo.

Una de las notables novedades que presenta el bonito Heyday (encuadrado en lujoso LP + CD a precio de coña) es la adición a la guitarra de José Bonilla (conocido guitar-hero del underground cordobés poseedor de indisimuladas inclinaciones setenteras – también en Jubilee –) que al contrario de lo que se pudiera malpensar encaja perfectamente en unas composiciones que probablemente sin su aportación perderían punch (esas dobles guitarras tan propias de las jam de blues sureño en la maravillosa «Gauche Caviar» o a lo George Harrison en «Leave Me Not»). Destacable es también la disparatada «Bez«. Divertida y eléctrificada golosina de ingredientes similares a los que envenenaban aquel Cloud Taste Metallic de los inigualables Flaming Lips! Las muestras de calidad se sucederan hasta el final y todavía habrá tiempo para perlas como “Amateur Hour”, con reminiscencias de los desprejuiciados Wilco circa-Being There y (ojo al parche, refinado gusto y savoir faire!) guiño inesperado Beachboysiano para ratificar a Whitechapel como sólidos creadores de hermosas canciones, en esta ocasión con excelentes guitarras como protagonistas.

Texto e ilustración por Barce.

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