Villagers es una joven banda irlandesa liderada por Conor O’Brien cuyo debut, Becoming a Jackal, de 2010, les hizo acaparar alabanzas y una nominación a mejor disco en los premios Mercury. El sonido de aquél, ampuloso y rico en orquestaciones de cámara aunque folk de corazón, acabó por repetírsele al bueno de O’Brien tras un buen empacho de giras acompañando a nombres como Tracy Chapman, Tindersticks y Elbow, además de las incesantes comparaciones con Grizzly Bear o Bright Eyes. La enorme ambición creativa de Conor sumada al palo de ver morir a su hermana mayor hicieron que el tipo se viera inmerso en un período de colapso compositivo. Para huir de las maneras de canción tradicionales se zambulló en los discos de Aphex Twin y recuperó el swing.

Compuestas inicialmente a partir de capas y capas de música electrónica, las canciones de {Awayland} (editado en Europa a principios de año y ayer, día 9 de abril, en los USA) fueron desnudadas a lo esencial y vestidas de nuevo con lo justo y necesario. El mejor ejemplo de ello, explicativo por sí solo del talento que el joven Conor atesora, puede ser la inicial «My Lighthouse». Preciosa tonada llena de expresividad que, con lo básico (voces y guitarra acústica), transmite melancolía a raudales al singular modo de Simon & Garfunkel.

En adelante pequeños apuntes de teclados y programaciones se complementarán perfectamente ensamblados a sonidos más orgánicos en una colección de magnético romanticismo. La trepidante «Earthly Pleasure» y la rítmica «Passing a Message» remiten a los tiempos del OK Computer de Radiohead. Al igual que en «Grateful Song» asoman los Mercury Rev del Deserter Songs. Además, no son pocas las ocasiones en que el oyente podrá descifrar un poderoso aroma cinematográfico en pasajes como la instrumental «{Awayland}«, la muy Lambchop «Rhythm Composer» o el brutal inicio de «The Bell«. No obstante, este geniecillo (primero de su promoción en Literatura Inglesa) se confiesa devoto de los Soundtracks del argentino Lalo Schifrin, de ahí el buen gusto usando cuerdas y gran piano.

Aunque en la segunda mitad del disco la cosa pierda mordiente (que no calidad, ojo), la escucha concatenada de la intensas «The Waves» y «Judgement Call» (ambas con final extático), el perfecto single pop que es «Nothing Arrived» y la citada «The Bell» (bestialidad que debería figurar entre las canciones del año), justifica por derecho propio la condición de este {Awayland} como uno de los discos más sorprendentes y bonitos de lo que llevamos de 2013, y de los Villagers como algo más que otra Next Big Thing.

The Bell

Texto e ilustración por Barce.

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