Ty Segall no para quieto. No sabe. No puede. Sufre de una incontinencia creativa que parece provocada por una rara infección que le quema y necesita escupir en forma de garage, rock, punk, lo-fi, salvajes sonidos empapados en lejía… lo que sea y bajo el nombre que sea. Solo o en compañía de otros. Con Mikal Cronin, Fuzz, White Fence (…), sea lo que sea que le impide relajarse parece que si se lo guarda se envenena pero cuando lo comparte se libera y el soplo de aire fresco que supone lo celebramos.

Ty Segall. Emotional Mugger. Infecciosa y frenética dispersión.

El joven californiano, empeñado en no repetirse, se rodea de una pandilla de viejos amigos como Mikal Cronin, King Tuff, Emmet KellyCory Hanson (Wand) o Dale Crover (Melvins) entre otros, para despachar un disco que rezuma corrosión y crudeza. Un caos salao que gira en torno al concepto de “emotional mugging“. En palabras del propio Ty Segall: “the over-communication relayed in cell based technology and content driven media further detaches passengers of our modern society from deep emotional understanding“. Vamos, que el exceso de comunicación provocado por internet y los teléfonos inteligentes está jodiéndonos la forma de interactuar entre nosotros. ¿Jodidos? Pues bailemos.

Vale que el doble tick azul o el “últ. vez hoy a las 3:47” de la mensajería instantánea de hoy en día están haciendo mella en más de una relación, ya sea real o ficticia. Minando libertades, alimentando desconfianzas (…) Comunicación enfermiza y conceptos de mugre emocional al margen, Emotional Mugger es sobre todo obra de su autor y fruto de una hiperactiva mente donde colisionan mil y una referencias, todos los palos. El soleado psych-garage de la costa oeste, distorsionados riffs marcianos deudores de J. Mascis, sombras de Bowie, ecos de Bolan.

El disco quizás no se agarra con la elegancia e inmediatez de Manipulator (2014) pero el condenado crece. Su dispersión no es urgente y sus ácidos recovecos esconden afiladas aristas que cortan. Así la alucinante Californian Hills seduce hasta dejar cicatriz. El tema evoca un ingenuo mal rollito tal y como ya nos viene sugiriendo el arte del disco. Maldita sea, las máscaras de niños y los muñecos de época dan cosica, o al menos, respeto. Putos querubines del infierno…

Ty Segall Emotional MuggerEl pie siempre cerca del pedal de fuzz, la voz infantil y medio angelical que se quiebra desquiciada y casi gutural, sintetizadores psicotrópicos y vértigos que crean sensación de torbellino. Ty Segall se apodera del Diversion de los Equals de Eddy Grant a base de peligrosidad y alevosía en forma de onda expansiva.

Hay suciedad funky en Mandy Cream. Hay sabor genuino y desbocado ciento por ciento Stooges en la vibrante Candy Sam, donde la rabia se verá contaminada por el desasosiego que producen los coros de los Lollipop Children. En los 38 minutos que componen el artefacto nos encontramos hasta una suerte de exorcismo de electricidad y radiofrecuencias de aluminio (W.U.O.T.W.S.). Totalmente flipado hasta cuajar en la claustrofóbica e hipnótica The Magazine.

Sabemos de donde viene el rubiales. Mañana… mañana ya se verá por dónde nos quiere llevar. Fijo que quieto no se va a quedar.

Candy Sam / Squealer Two vía KEXP

Med Vega (No Man is Good Three Times).

Ty Segall - Emotional Mugger
4.0Nota Final

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