Una de las rarezas más deslumbrantes de los 80. El debut (anteriormente había publicado el estridente Burning Soul Blue de coordenadas más bien punk) en largo de Matt Johnson al frente de sus The The es huidizo y extraño, maduro y esquinado. Es difícil buscar un cajón donde alojar tal plástico. Aunque se nutra de gran cantidad de teclados analógicos no podemos hablar de tecno-pop persé, o al menos no al modo en que lo hacemos con New Order, OMD, Depeche Mode o Human League. Ni siquiera tiene cabida en ese cajón desastre etiquetado como Nueva Ola: Gary Numan, Talk Talk, Ultravox, Magazine, Simple Minds, Echo and The Bunnymen y un sinfín de engendros de distinto pelaje (cardado o no). Por mucho que estas designaciones abarquen alegatos post-punk, avanzadillas synth-pop y toda variedad de rock oscuro gótico/siniestro, al intentar emparentar a The The con coetáneos no hallamos parangón. Acaso David Byrne y los Talking Heads por su riqueza sónica y multiplicidad de influencias globales, pero aún así la producción inicial de la carrera de Johnson suena a paraje desértico, único.

El inicio de Soul Mining es espectacular. «I’ve been waiting for tomorrow (All of my Life)» irrumpe frenética tras la cuenta atrás de un cohete de la NASA donde, tal vez por un tipo de superstición, se omite el número 7. Matt mira de reojo a su infancia con la desconfianza que aporta el paso del tiempo («todos mis recuerdos de infancia han quedado en las costuras / colgando sobre mis rodillas«) y con su corpulenta voz de barítono repite cabizbajo aquello de «Mi mente se ha contaminado y se diluye mi energía«. La canción pasa de ser violentamente minimalista a ganar colorido con un sinfín de arreglos de sintetizador que aligeran el peso de tan negativa visión.

«This is the Day» le sigue desde bien arriba sentando las bases de un clásico de su tiempo. Irremediablemente para mí será imposible disociar jamás su escucha con un hecho determinante ocurrido en mi adolescencia. Por ser banda sonora de aquellos días y por cómo resuenan todavía hoy en mi cabeza los versos «This is the day / your life will surely change / this is the day / when things fall into place«, mezcla extrañamente confortable de dolor y felicidad.

A nivel semántico, Johnson muestra de nuevo su añoro de días pasados, recurriendo al desprendimiento de la carcasa púber («The calendar on your wall is ticking the days off / You’ve been reading some old letters / and you smile and think how much you’ve changed / all the money in the world / couldn’t buy back those days«), envolviendo el mensaje con un armazón melódico de acordeón, bien agarrado por su compañero Wix, que deviene seña de identidad de un Soul Mining donde, no obstante, Johnson se encarga de CASI todo. Se rodea, eso sí de un pequeño séquito (Zeke Manyika de Orange Juice y Andy Duncan se turnan a la batería, Camelle G. Hinds y Jeremy Meek al bajo, y Thomas Leer a los sintes) donde destaca sobre manera un espectacular cameo del televisivo Jools Holland del que hablaremos más adelante. Pese a tratarse de una producción conjunta con Paul Hardiman, Johnson dirigió las sesiones con determinación de ingeniero experimentado pese a su juventud (aquí contaba con 22 años, pero hay que tener en cuenta que desde los 15 trabaja como asistente para la productora De Wolfe en el Soho londinense).

Intrigante como un buen thriller son las notas con que asoma «The Sinking Feeling«, un alegato de pop oscuro lleno de sintetizadores y loops. «The Twilight Hour» con ese encanto arabesco y selvático de los violín y chelo,  y «Soul Mining«, la canción (que estalla a los 3 minutos con una cascada de teclados), contienen esa calma tensa tan propia de él, nocturna y acuosa. El cierre del disco son 7 minutos de escalada rítmica llamados «GIANT»: mezcla de programaciones, percusión de marimba, latas y cubos de basura.

Nos habíamos dejado atrás la que casi con toda seguridad sea la mejor canción de Johnson «Uncertain Smile«. Un tema redondo en cuanto a musicalidad, con un estribillo brillante («I’ve got you under my skin / where the rain can’t get in / but if the sweat pours out, just shout / I’ll try to swim and pull you out«), bajo simple pero efectivo y fino fraseo de guitarra. Redondo y pluscuamperfecto al sumarle la guinda que suponen los 3 minutos de piano a manos del citado Holland. Para muchos el mejor solo incluido jamás en un tema pop, no es para menos, pues la canción crece hasta cotas de elevadísima belleza y confirma la calidad de un disco inigualable.

NME, Rolling Stone, Melody Maker y un sinfín de medios acogieron con entusiasmo la edición de un disco (de Oro en UK) que sería, a la postre, cima de la carrera de Johnson. Luegon establecería lazos con Neneh Cherry, Sinead O’Connor o se dejaría acompañar por Johnny Marr como lugarteniente. Y editaría discos, pocos aunque enormes, como Infected o Dusk, pero ninguno como Soul Mining, álbum romántico y moderno, experimental y magnético, solitario y lujurioso.

Uncertain Smile

Texto e ilustración por Barce.

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