La vuelta al negocio de la Jon Spencer Blues Explosion se entiende desde nuestro hogar como una de las mejores noticias para este 2012 que pronto se agota. Bien sabe San Tutti Frutti que hace ya algún que otro lustro que las correrías de esta divina sociedad nos pirran y nos hacen perder la jodida chota. Aquellas maravillas de rock deconstruido que fueron Orange (Matador, 1994), Now I Got Worry (Matador, 1996) y Acme (Matador, 1998) nos enseñaron a entender que esto del rocanrol no tenía sentido si no se hacía por la vía de la electricidad, el peligro y la sexualidad, de la negritud a fin de cuentas. Nos abrieron las orejas cual piernas de mujeres de reputación discutible a cosas tales como Howlin’ Wolf, R.L. Burnside, Lightnin’ Hopkins y entre otras bestias pardas del blues. Tanto fue así que, claro, desde entonces ya nunca volvimos a ser los mismos. A Son House gracias.

Después de un respiro tras la citada trilogía volverían con el nuevo siglo a regalarnos dos nuevas tajadas de su infeccioso e inflamable RNR: Plastic Fang (Matador, 2002) y Damage (Sanctuary, 2004) para, de nuevo, volver a desaparecer del mapa y dejarnos ansiosos de sus adictivas dosis por un tiempo indefinido.

Como almas endiabladas nos arrojamos en 2005 a Heavy Trash. Aventura de Jon Spencer en comandita con Matt Verta-Ray en el que rendían merecida pleitesía a los superhéroes de la Sun Records y satisfacían viejos sueños húmedos y tórridas fantasías con la cultura Trash (obvio) y el cine de Serie B. Sus 3 revanadas han mantenido ocupadas nuestras caderas en los últimos años: Heavy Trash (Yep Roc, 2005), Going Way Out with Heavy Trash (Yep Roc, 2007) y Midnight Soul Serenade (Fat Possum/Big Legal, 2009).

Pese a reunierse en una serie de fechas de 2007, tan prolongado lapso de inactividad no acabaría definitivamente hasta 2011 cuando el trío neoyorkino, motivado por la reedición de parte de su catálogo (no seré yo el que se quede sin mentar el glorioso Extra Width, de 1993), se volvía a dejar ver sobre el que ha sido y es su hábitat natural: las jodidas y sudorosas tablas. Tal fue la complicidad de aquellas actuaciones que la maquinaria, inevitablemente, no tardaría en dar frutos. Así pues, se encerraron en el Key Club de Michigan junto con una desvencijada consola de grabación Flickinger (construida en su día para parir, casi ná, el There’s a Riot Goin’ On de Sly Stone) y el resultado es Meat + Bone, su 9º álbum.

El trallazo inicial es demoledor. “Black Mold” es jodido y sucio blues-punk infectado de rabia y moho, como bien apuntan directamente el título y el fantástico clip (dirigido por el belga Toon Aerts) de tal bofetada con guiño a la dicción de Johnny Rotten incluido. Le sigue “Bag of Bones” que es JSBX 100%. En ella, el ex-líder de los tóxicos Pussy Galore da los buenos días a su Blues Explosion, asociación esta que, a modo de diana floreada, despierta desfilando al silvido de la armónica distorsionada cual escuadrón de la muerte enfundado en desgastadas chupas de cuero. Podemos sonreir tranquilos pues vuelven aquí las sinuosas guitarras entrelazadas del siempre vigoroso Sr. Spencer y su fiel escudero Judah Bauer. Eso por no hablar de la brutalidad y precisión rítmica del siempre grandioso Russell Simins aporreando la batera. ¡Oh!, qué bien sienta descubrir que estos señores no han perdido una mota de chulería y garbo: “Get Your Pants On” o “Strange Baby” son perfectos ejemplos que bien podían haberse registrado hace 15 años y que, a buen seguro empastarán a la perfección incrustadas en su repertorio de directo entre clásicos como “Ditch” o “Chicken Dog“.

Uno se suma a los alaridos del esposo de la extremeña Cristina Martínez (cantante de los irregulares Boss Hog), y dan ganas locas de acompañarle gritando aquello de “Bluess Explooossiooonnnnn!!! Ya sea en ese torpedo con guiño al “Day Tripper” que es “Bottle Bay” (en ella el bueno de Jon berrea que la vida de rocanroler all-star hoy día es tan jodida como la de cualquier hijo de vecino) o en “Ice Cream Killer“, que remite con su inicio nada menos que al “Zig Zag Wanderer” Beefheartiano.

No encontramos más que argumentos para atestiguar que la cosa va muy en serio y que estos señores no están aquí para perder el tiempo. Que son de piñón fijo ya lo sabíamos: la vibrante “Black Thoughts” bien podría ser la prima segunda de aquel melocotonazo que en su día fue “Sweet’n’Sour”. Además escuchas “Unclear” y por un momento dudas de si ese destartalado rock pantanoso lo has oído antes al final de cualquier otro disco suyo. Lo cual en estos días es una noticia pistonuda.

Vamos llegando al final y mientras suenan “Bear Trap” y “Zimgar” uno reflexiona que, aunque JSBX deberían ser acreedores de una buena parte de ese pastel que (justamente, eso sí) se han jalado los White Stripes y Los Black Keys (además, la prensa musical se empeña en recordarles que son los perdedores de la película), las maneras de esta acojonante banda quizá siempre fueron demasiado experimentales y bizarras para alcanzar el éxito total de aquellos.

Este Meat and Bone es, a fin de cuentas, otra fantástica colección de rock venenoso. Y aunque es verdad que no está a la altura de sus mejores obras (por bien poco), al menos servirá para quitar el polvo a nuestra estantería y recordar porqué siempre nos flipó la Blues Explosion!!!


Get Your Pants On


Strange Baby

Texto e Ilustración por Barce.

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