La carrera de James Hunter dió un giro de 180º a principios de los 90 cuando, tras haber combinado distintos oficios con pequeñas actuaciones, es visto en un bolo en Gales por nada menos que Van Morrison. El león de Belfast no tardaría en ficharlo definiéndolo como uno de los secretos mejor guardados del R&B británico. Durante años le acompañaría como cantante reserva y corista (se puede encontrar rastreando los créditos del directo A Night In San Francisco, de 1994, o de Days Like This, de 1995).  Sorprendentemente, a poco que empieza este siglo, el bueno de James se encuentra sin contrato de grabación ni conciertos y lo que es peor: sin blanca. Finalmente, la justicia poética acabaría imponiéndose.

James Hunter venía de lograr dos nominaciones a los Grammy con sus dos últimos trabajos en 2006 y 2008, y ya empezaba a ser preocupante la ausencia de nuevo material. Su vuelta trae consigo más de una novedad, la primera de ella, una obviedad, es que el disco está acreditado a The James Hunter Six, como reconocimiento a una banda que alcanza ya tintes vitalicios a su lado: Lee Baldau al saxo barítono, Damian Hand al saxo tenor, Jonathan Lee a la batería, Jason Wilson al contrabajo, Kyle Koehler y Andrew Kingslow repartiéndose teclados y piano.

Por otro lado, tras renegar insistentemente de la corriente renovadora soul que apabulla los últimos años, resulta llamativo y satisfactorio que Sir Hunter haya cruzado el charco por primera vez para grabar nada menos que con Gabriel Roth, afamado por sus trabajos con Amy Winehouse y Sharon Jones, y capitán del colectivo Daptone, con sede en Brooklyn. Se podría interpretar como maniobra comercial, dado el gancho del sello neoyorkino, pero una mera escucha hace que se desvanezca cualquier sospecha. El resultado es todo un clásico instantáneo, fresco como el Nesquick.

Minute by Minute suena tremendamente cálido y acogedor por un lado («Minute by Minute», «Heartbreak» , «If I only Knew»), optimista y luminoso por otro ( «One Way Love«, «Let the Monkey Ride«) y disfrutable y divertido por todos («Chicken Switch«, «Look Out«, «Gold Mine«). Música que pone en marcha a cualquiera que tenga sangre por las venas, todo un recital para los directos del siempre simpático Hunter.

Hay que agradecer la variedad desplegada, perfecta mezcla de rhythm & blues, soul, reagge, jazz y lounge, y sobre todo los exquisitos arreglos que hacen que el disco escape sin problemas de la monotonía y alcance cotas de obra total. Tal resultado solo está al alcance de aventajados como Hunter. Al fin y al cabo, pocos pueden presumir de haber girado con Aretha Franklin, Etta James, Willie Nelson, Chris Isaak o Allen Toussaint.

Instamos a nuestros lectores a adquirir esta pequeña joyita pues, como bien sabe el propio Hunter, viudo recientemente, no están los tiempos para desechar enérgicas dosis de positivismo. A clasificar junto al Back to Black de la Winehouse y el Roll with You de ‘Paperboy’ Reed.


One Way Love 

Texto e ilustración por Barce.

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