Nadie puede negarle el espíritu libre y escurridizo a The Flaming Lips. Son una banda modélica en géneros como la ciencia ficción, el existencialismo más bizarro y las series de Looney Toons en versión gore. Dominan con una insultante solvencia tales géneros, en continua exploración y búsqueda, de manera que sus conciertos aún hoy en día se convierten en celebraciones irrepetibles (o no) de la vida, pura experiencia física. Con ellos no hay lugar para los grises, o los amas o los odias. Con ellos todo es color, fantasía psycho-espacial y amor épico al ser humano.

Lejísimos queda ya su cénit, nada menos que 14 años hace de Soft Bulletin, pilar de la psicodelia orquestada a las puertas del nuevo siglo. Para bien nuestro desde entonces no han parado, ahondando primero en una fórmula imprevisible y única que les pertenecía exclusivamente a ellos, hasta el punto de casi agotarla, y después dando rienda suelta a la mercadotecnia comercial ofreciendo sus canciones en formatos tan extravagantes como un pen drive insertado en el centro de un cerebro de gominola, canciones de 24 horas de duración con récord Guinness incluído, Lp colaborativo acompañándose de ilustres como Nick Cave, Jim JamesBon Iver o menos, como Yoko Ono, en vinilo transparente con sangre de gran parte de los invitados en su interior, o sin ir más lejos, su respetuosa e inconfundible visión del clásico Dark Side Of the Moon de Pink Floyd. Y casi siempre cediendo la pasta recaudada a causas sociales.

Para estas alturas uno poco más puede pedirles a los chicos de Oklahoma, después de un Embryonic (2009, Warner Bros.) que expandía su toxicidad de manera lenta pero efectiva, como nunca antes los habíamos visto, experimental, lleno de aristas y distorsión mántrica, un trabajo que parece improvisado, a medio hacer como su nombre sugiere, pero que supuso un paso al frente en pos de la autodeterminación y la independencia. Este The Terror (primer álbum en Bella Union tras dos décadas de relación con la Warner) ha sido compuesto por Steven Drozd, verdadero genio del conjunto, supuestamente inspirándose en sus propias pesadillas febriles, como si se tratara de una jornada de cuelgue con sus particulares estaciones de alucinación, placer, sosiego y posterior síndrome de abstinencia infernal.

A priori el disco parece una especie de colección de descartes de Embryonic, no podríamos destacar ningún single ni sería conveniente, ya que este es un disco concebido para consumirse sin reservas, con predisposición estomacal ( y prevención de acidez en su caso) para su completa ingesta. Parece una obra menor, pero no se engañen, tratándose de Coyne y los suyos no podemos subestimar nunca el lote. Una concatenación de escenas y estados de ánimo confusos, deformes, incluso incómodos… ensoñaciones, todo fruto del subconsciente más desamparado, origen de los mayores miedos y obstáculos que el ser humano se impone por el camino.

Da igual que se acerquen a la eléctronica analógica de Kraftwerk, a los simuladores de cuerdas y sintetizadores Moog, a las guitarras saturadas del indie-rock o que se desnuden en la melodía más naïf, el disco suena a The Flaming Lips sin la ampulosidad y la grandilocuencia de The Flaming Lips, como si la tierra estuviera devastada y solo quedaran sobre la superficie los restos de una nave, todo escombros de chapa y metal, entre el humo y las cenizas. Las armonías casi se desvanecen, repitiendo patrones obsesivamente y pervirtiendo todo tipo de maquinaria, como los últimos impulsos eléctricos intentando emitir señales con orden y regularidad.

La belleza en The Terror se funde con la desesperación, el disco es un recorrido pausado, minimalista y oscuro que, precisamente, a mi me recuerda en varios momentos a su adorado Dark Side of The Moon.

Un disco trampa, en definitiva, de esos que pasan desapercibidos a primera instancia pero cuyo calado depende de las oportunidades que queramos otorgarle. Y una banda  que se mantiene inquieta y afilada como nunca, como casi nadie hubiera apostado hace poco más un lustro.

Muy serio, a archivar entre la BSO de Christmas on Mars y Zaireeka.

Texto e ilustración por Zorro de la dehesa

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