«Por mucho que sea la afición que tengamos a la música seria y grande, en ciertos momentos nos sentiremos subyugados, absortos y conmovidos por la música de vanguardia. La música que siempre se asusta de si misma»
F. Nietzsche.

Poco imaginaba el bueno de Federico que estas palabras de 1879 ilustrarían con pasmosa fidelidad la obra musical de la más enigmática y fascinante banda que ha dado el rock independiente desde que la Velvet inauguró el género en 1966.

Una trayectoria, la de la independencia, en la que en ningún momento -incluso en los injustamente denostados 90’s- se ha dejado de acariciar la perfección, de profanar el metabolismo musical que impuso el pop en los 60’s. Así, he sucumbido a la desmesurada ambición por innovar de las bandas alemanas, del glam-rock, de la escena neozelandesa; al misterioso convencionalismo de los autores del nuevo country; a la escalofriante originalidad de la psicodelia americana.

Sin embargo, creo que nunca llegué a transitar por la 4ª dimensión musical, a alcanzar el delirio subversivo de la música rock, hasta que un tanto amedrentado salté al vacío hacia «el espantoso y maravilloso mundo de los Fall» -como tan acertadamente titularon una de sus obras.

Hoy, felizmente, se pueden seguir explotando con portentosos resultados los recursos de la música underground, pero desde 1983 -fecha de su última gran obra (Perverted by Language) – la escena británica y en muchísima menor medida la americana apenas han conocido tal derroche de honestidad, creatividad e innovación. Es triste, por ello, que hoy se considere paradigma de autenticidad a grupos decimonónicos y atrasados (o mejor, retrasados) como Husker DüSpacemen 3 o Yo la Tengo.

Ante tales credenciales The Fall no podrían gestarse sino al amparo de una escena igualmente insólita y transgresora: El post- punk. ¡¡Casi nada!! Como diría el ilustre hidalgo : “nunca fuera otra escena de bandas tan bien servida”.

Y así, en esta desigual epopeya por transgredir convencionalismos, The Fall se hicieron acompañar – siempre a una distancia considerable – por grupos igualmente extraordinarios y extrafalarios: PiIBirthday PartyYoung Marble GiantsT.V. PersonalitiesThrobing GristleThe CleanThe RaincoatsJoy DivisionGang of Four.

Aunque si apuramos una miajilla y teniendo en cuenta que su primer single se remonta al 77, bien podríamos ubicarlos junto a Swell MapsThis HeatMekonsWire o Slits como emblemas del «punk inteligente» (nada que ver con el punk analfabeto de Ramones o Sex Pistols).

Pero ¿qué ha hecho tan alabados y a la vez tan ignorados a The Fall? Creo que tal desconocimiento se debe a que han sido una de las bandas más viscerales que jamás hayan existido. Por ello es inútil verter cualquier razonamiento sobre sus más de 30 L.P.’s; su música no tiene sentido fuera de la psique de cada individuo; The Fall es una patología que conlleva una veneración impulsiva e irracional (mi propio caso) o una absoluta inaccesibilidad, una comprensible incomprensión: extremadamente raros, demasiado singulares especialmente en el periodo 79-83.

Por supuesto que existieron otras bandas igual o más audaces e inquietas (Henry CowNeuEinsturzende NeubautenGlenn BrancaEnoSwell Maps,…) pero en muchas de sus obras hubo una patente desproporción entre innovación y calidad. En fin que sus discos eran un verdadero coñazo.

No fue este precisamente el caso The Fall; nada tan estimulante, tan excitante -como decía un amigo- que una inmersión en su descomunal discografía: la turbia interpretación «punk» de su primer L.P Live at lhe Witch, la inquietante sencillez de Dragnet (nadie puede quedar impasible ante esta extraña ”cosa”), el marasmo instrumental de Hex Enduction hour el caótico perfeccionismo de Perverted by by Language y This Nation’s Saving, el sepulcral e hipnótico minimalismo de Room to Live, la suprema perfección de Slates, la reconfortante normalidad de Shift work, la espeluznante lectura rockabilly de Grotesque o la belleza ¡melódica! de sus más de 40 singles y EP’s (especialmente los recogidos en The Palace of Swords). Solo muy ocasionalmente hubo lugar para la mediocridad: Extricate ó Code:Selfish.

Tal grandeza se sustentó no tanto en las composiciones como en las estructuras que las sostenían. Yo diría que hay 3 claves capitales para el análisis de su obra. En primer lugar su compleja sencillez (o su sencilla complejidad). The Fall fueron a la música lo que Hemingway a la literatura: sacar lo máximo de los recursos más básicos. No se trata de utilizar con desmesura elementos como el estudio de grabación, la producción, la distorsión, la sobreacumulación instrumental, sino por el contrario indagar en los más impenetrables posibilidades de los 3 instrumentos básicos, de jugar con los silencios, con los cambios de ritmo, los crescendos, la tensión, la repetición, el desconcierto; utilizar los instrumentos para edificar y no para acompañar. Dragnet y Grotesque son un prodigio de sobriedad formal pero de intrincada expresividad.

En 2° lugar su disciplina como músicos. tomaron del free-jazz, la libertad de creación, la intuición pero no la de ejecución. El aparente desorden de sus canciones tenía un sólido soporte armónico y rítmico. Nunca cedieron a los largos desarrollos instrumentales y disparates sónico-cósmicos de sus admirados Can o Zappa. Prueba de ello son sus dos soberbios discos en vivo: Fall in a HoleTotale’s Turn o The chaos Tope.

Pero lo que realmente los hizo únicos fue su extravagante utilización de las bases rítmicas. Esta es la clave de la música independiente y todavía no nos hemos enterado. Hoy persiste la estúpida manía de darle preferencia a las guitarras (casi siempre distorsionadas), de hacer un uso de ellas exclusivamente melódico y armónico cuando pueden ser fuente de ritmo como bien patentó la Velvet. Tal fue su inalterable evolución en este campo que forzaron la presencia de dos baterías en sus dos obras de madurez (Perverted y Hex). Idea sabiamente «copiada» por Pavement 10 años después.

Aún radicalizarían más su propuesta rítmica con una idea asombrosa e insólita: hacer un uso melódico de la batería. ¡Increíble!!! Quien no me crea que escuche A figure walks o Eat yourself Fitter.

The Fall fueron hijos de sus obras de la misma forma que lo fueron de su tiempo (la New Wave) y de su espacio (Manchester). ¡¡Qué época Dios!! Entre 1977 y 1981 se escribió el capítulo más memorable de la independencia. Bandas que eclipsaron con creces las gestas de los grupos del «proto-punk» (Velvet, StoogesModern LoversPlastic Ono BandNew York Dolls). Un movimiento -la New Wave- en los que muchos optaron con gran dignidad y discreción por revisionar y perfeccionar el pasado pop (The Vapors, The NervesFlamin’ GrooviesSqueezeBuzzcocks, …). Mientras otros – los menos, los buenos- derivaron hacia una especie de anarquía y autarquía musical en la que las bandas no se sustentaban con los despojos del pasado, no con una mera reinterpretación de la Velvet y Los Byrds.

Muy al contrario optaron por descubrir y destruir. Por ingeniar en lugar de expoliar. Hacer tabla rasa en lugar de copiar. Ya lo decía John Grierson:

«El arte NO es un espejo. El arte ES un martillo”

Texto por Carlos C.C. (publicado originalmente en Serie B fanzine).
Ilustración por Zorro de la Dehesa.

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