Creo que Gareth Liddiard debe alojar en su interior algo realmente podrido, un jodido sentimiento que le hace esgrimir sus historias, entre fábulas de otro siglo y sucesos de la más cruda realidad, como unos cuentos desde la cripta del rock and roll. Su banda The Drones lleva una década aberrando con un estilo, digamos, nada amable. Ganando adeptos a golpe de guitarras, reptando como serpientes entre los escenarios de medio planeta, han publicado 5 discos cuya identidad no podía suplantar ninguna otra banda en el globo, bien lo han demostrado pateándoselo un puñado de veces. Porque la máxima expresión del ahora quinteto de Perth (Australia) es el cara a cara del directo.

Debo confesar que son una de mis devociones personales, un ente esquivo, violento, visceral, retorcidamente desagradable y bello a la vez, una banda que estira sus recursos hasta el extremo, un musculoso caballo loco que por mucho que trate de contenerse escupe chorros de fuzz y feedback sin compasión. Precisamente este álbum recupera ese carácter arisco, saturado y crudo que caracterizan discazos como Gala Mill o Wait Long by the river and the bodies of your enemies will float by. Su última obra hasta ahora, Havilah (2008), a mí me parece un disco muy serio y completo pese a que algunos achacaron el disco de blando o sobreproducido. Con este I See Saweed dan un paso al frente y reparten en todas las direcciones.

O los amas o los odias, no hay medias tintas.
En «I See Saweed» canción se presentan contenidos, saludando desde las antípodas mientras la tensión se va convirtiendo poco a poco en tormenta, inquietante como siempre en sus textos, Gareth acomete cada sílaba sin la menor compasión, dirigiendo con su mala baba habitual a una formación en la plenitud de sus facultades. El pianista Steve Hesketh (que ya grabara teclas en los citados Galla Mill y Wait long...) suma como miembro a tiempo completo con unas gotas de melancolía imposible entre tanto desencanto y mal rollo.

El adelanto o single «How to see through frog» no es tal. Un medio tiempo adictivo, que nunca llega a estallar del todo pero se va sucediendo con una cadencia aprendida de Nick Cave que sabe a  más en su contexto que independientemente.  «They’ll kill you» es el título de la tercera de las 8 canciones del disco, una balada en su personal estilo de casi spoken word, cual Dylan en versión animal, maltratador de su fender, asesino con el trémolo y con un fingerpicking tan imperfecto como único. El órgano acentúa el dramatismo y las posibilidades de la banda, que con sus límites y debilidades se convierte en algo extrañamente arrebatador. Estos Drones no son otra banda más de esas que suenan una temporada en tu estéreo y luego pasan de largo, son unos tipos íntegros con algo especial que decir y lo llevan desarrollando una década a su manera. Con dos cojones.

Con «A Moat You Can Stand In» escupen otro pildorazo de noise-rock, acelerado y flamígero al estilo de los Stooges (del Fun House o el Raw Power, se entiende), típico ejemplo de saber hacer a grandes revoluciones sin caer en estereotipos, se agradece que sigan salpicando canciones como esta en sus discos.

A continuación lo serio viene con «Nine Eyes«, «The Grey Leader» y «Laika«, un verdadero tridente de endemoniado blues bastardo, tres auténticos highlights, a sumar a sus enormes «This Time«, «Jezebel«, «Shark’ Fin Blues» o «I am the Supercargo«, clásicos underground del siglo 21.
El horizonte de los Scientists o los Beast of Bourbon se expande de manos del señor Cave hasta sus/nuestros amados Einztürzende Neubauten, y de paso se permiten siempre investigar entre espectros y antepasados, rebuscando entre nombres tan interesantes como Debussy, Bartók Béla, Sabicas, o Shostakovich. Prokofiev y Stravinsky. Perfectos ejemplos de madurez, historias como la del Líder Gris, título por el que se conoce al comandante Horton Salm, o la de Laika la perra astronauta, con unas épicas y dramáticas líneas de cuerda incluidas, crecen se desarrollan, se reproducen y mueren como las enormes canciones que son.

Para cerrar el disco, se reservan una última bala, una balada que no teme adoptar formas convencionales, «Why you write a letter that you’ll never send». Quizás el mismo modo de hacer canciones de los Drones se base en un cliché o fórmula y no vaya a desarrollarse experimentalmente mucho más lejos de ahí, pero considero esta música como uno de los pocos rincones infectos donde el rock and roll permanece como algo interesante, vivo, peligroso, oscuro, perverso y catárquico, junto con el mencionado Nick Cave, Mark Lanegan y Woven Hand.

I See Saweed se cierra con una clase inédita en su discografía, fiel reflejo de la aceptación y reafirmación de una banda única, sin deudas que saldar con nadie excepto sí mismos.

Texto e ilustración por Zorro de la dehesa (Waitin’ long by the river)

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