Tras el mostrador de un videoclub en Manhattan, a finales de los 80 y a fuerza de devorar cintas y cintas de toda calaña y más que dudosa calidad, se iba a gestar una de las figuras más originales, controvertidas y refrescantes del cine estadounidense de la década de los 90. Quentin Tarantino, figura, personaje y ¿por qué no? genio del celuloide que ha demostrado que está a otro nivel dentro del mundillo de Hollywood con sólo media docena de películas como director.

Con Reservoir Dogs en 1992 llega la primera muestra de cómo se las gasta Mr. Tarantino, realizada con 4 duros, de los cuales alguno puso de su bolsillo Harvey Keitel, usando incluso los coches de Madsen y el propio Keitel y prácticamente entre amigos, aunque menudos amigos (Buscemi, Roth, Chris Penn, los mentados Madsen y Keitel), Quentin iba a debutar por la puerta grande. La historia de un robo que no se ve, que se nos cuenta por medio de unos incendiarios diálogos empapados de ritmo, brío, desparpajo, musicalidad, ironía, humor negro y mucha gasolina. Incluso se atrevió a incluir algunos de estos diálogos en la banda sonora de la película, cosa que convertiría en costumbre.

En Reservoir Dogs se observan todas las bases de su fórmula, historia muy simple, probablemente más que inspirada en una o varias producciones de los 70 u 80. En la que nos ocupa se tiende a apuntar al film hongkonés City On Fire, donde es evidente que hay escenas excesivamente similares y la “inspiración” es tan clara como el resultado mucho más compacto y superior… En fin, sigamos con la fórmula de Tarantino que veníamos comentando… potente guión cargado de eléctricos diálogos, espectacular banda sonora especialmente seleccionada por él mismo, buena carga de humor negro, bastante sangre, violencia de la que ha hecho a los Estados Unidos un país inmenso y enormes personajes, grandísimos personajes, tan variopintos y diferenciados como los colores que sirven para darles nombre. Tarantino siempre ha tenido especial tino a la hora de crear personajes y de encontrar a quién les de vida, usando en muchas ocasiones actores si no prácticamente acabados, al menos caídos en el olvido. Así fueron los casos de Travolta en Pulp Fiction, Pam Grier en Jackie Brown o David Carradine en Kill Bill. ¿Cuántas veces ha hecho Michael Madsen de tipo duro con bastante mala uva? Decenas de veces, quizás en todas sus películas salvo en Liberad a Willy y su secuela. Esas películas que solían pasar en las autonómicas tras el fútbol, si no eran con Madsen, salía Chuck Norris o alguno de los rescatados por Stallone en, lo que parece se convertirá en saga, The Expendables o el siempre tremendo Charles Bronson. La Sexta ha tratado de mantener viva esa costumbre de pasar pelis de acción de dudosa reputación tras la fiesta del fútbol pero ellos son más de SeagalNorris y/o mi amigo Van Damme (…) En cualquier caso en ninguna de las decenas de ocasiones que Madsen se puso el traje de faena brilló tanto como a las órdenes de don Quentin. Volviendo a Reservoir Dogs, allí protagonizaría una escena bastante controvertida en su día, ¿cómo es posible quedar totalmente embaucado por algo tan grotesco como una tortura? Si pones de fondo el Supersonido de los 70 (“Stuck In The Middle With You”) y la amputación del pabellón auditivo se hace bailando al ritmo de la canción, la verdad, te queda una escena gloriosa y de las que te crean una campaña de marketing por si sola.

Para muchos, su debut es su mejor película, inolvidable aquella noche en que Garci la pasó por su programa como “ejemplo de cine norteamericano independiente en los 90”, mítico.

Su debut no sólo lo puso en el mapa y en boca de todo el mundo, propició un efecto magnificador en torno a todo aquello en lo que se involucraba, creando una gran repercusión en cualquier proyecto que contaba con su colaboración. Fueron los casos de Natural Born Killers de Oliver Stone o True Romance (Amor a Quemarropa) del hermanísimo Tony Scott. Si bien Stone, más que aprovechar el guión de Tarantino se dedicó a darle tijeretazos y la cinta de Scott aún contando con escenas cojonudas, como aquella entre Walken y Hopper, quedaba en un film más bien simpático al que recordar con mucho cariño.

Se convertiría en costumbre también eso de “Quentin Tarantino presents…” acompañado de títulos como Tu asesina que nosotras limpiamos la sangre, Hostel o incluso Chungking Express, pero volvamos al redil…

En 1994, volvería a ponerse el mono de director con Pulp Fiction. Lo mejor de los 90 en lo que a pantalla grande se refiere, otro cóctel de personajes míticos y sobre todo repleto de esos magníficos, atronadores y absurdos diálogos, que viajan desde la denominación de hamburguesas, a masajes en los pies a la señora del jefe Marcellus Wallace y las consecuencias que eso puede acarrear, sobre si una chopped es una motocicleta o no lo es, si es momento o no de chuparse… en fin, no acabaríamos. Diálogos desternillantes, únicos. Otro guión para el recuerdo que le valdría un Oscar, cosa que al proteico Quentin no le iba a conducir por la senda de lo convencional, demos gracias por ello. La banda sonora es brutalmente acertada, con joyas como Son of a Preacher Man (Dusty Springfield), Lonesome Town (interpretada por Ricky Nelson), esa maravillosa revisión que hicieron Urge Overvill del Girl, You’ll Be a Woman Soon de Neil Diamond, You Never Can Tell (Chuck Berry) que propiciaría uno de los bailes definitivos de la historia del cine o Flowers On The Wall de los Statler Brothers que tanto gustaba a Johnny CASH

La narración entrecortada y desordenada facilitaba la sucesión de situaciones imprevisibles, extravagantes y entretenidamente delirantes. Esta particular forma de mostrarlas se convertiría en tendencia, ¿verdad Guy Ritchie, John Woo, Robert Rodríguez, González Iñarritu…?

Algún enfermo se ha encargado de contar el número de veces que se dice «joder» en esta película, 271, curioso…(Contabilización realizada en la V.O. y teniendo en cuenta los diminutivos y aumentativos de «fuck«).

Los personajes de Pulp Fiction son aún más variados y pintorescos que en Reservoir Dogs, desde los gángsters Jules (Samuel L. Jackson) que recita un pasaje de la biblia –Ezequiel 25.17– antes de matar a sus objetivos y Vincent Vega (hermano de Vic Vega/Mr. Blonde de Reservoir Dogs) hasta el boxeador Butch (Bruce Willis), los Wallace (Marcellus y Mia), Zed, Pumpkin & Honey Bunny, el dealer Lance (Panda, Bava y Choco)… Una batería de personajes para el recuerdo, mención especial a las colaboraciones de Keitel como el Sr. Lobo y Christopher Walken y la historia del reloj del padre de Butch.

Tras la magnífica Pulp Fiction, en 1997, llega la por aquel entonces muy esperada próxima película de Tarantino, con novedades a la hora de abordarla. Por primera vez el guión no es sobre una historia original suya, sino la adaptación de la novela Rum Punch de Elmore Leonard, (magnífico, disfrutable y muy recomendable escritor, lo más cercano a Tarantino en lo que a literatura se refiere). Con una imagen muy cercana a la blaxpoitation de los 70, la gran estrella de aquel subgénero cinematográfico era como en este film Pam Grier, la fantástica Jackie Brown.

Jackie Brown puede considerarse la película más madura de Tarantino, al menos la crítica la recibió con mejores maneras que a las anteriores y tuvo éxito en taquilla, pero el público la acogió de forma más tibia, menos violenta, un humor más negro aún si cabe, una historia ligeramente más compleja y lineal. Los diálogos siguen siendo la piedra angular de la película, pero no llegan a la calidad y cantidad de Pulp Fiction.

Las interpretaciones rayan a un altísimo nivel, Pam Grier es la única mujer que puede ser Jackie y se come la pantalla, Samuel L. Jackson está magnífico en el papel de Ordell, tuvo total libertad para diseñar a su personaje, desde las gorras que usaba a las bebidas que tomaba, esos refrescantes destornilladores. Destaca especialmente el papel de Robert de Niro como Louis Gara, de Niro interpreta a un personaje bastante observador, bobo, simple y muy contenido, algo que no es habitual en este actor, muy dado a la sobreactuación, más preocupado hoy en día de convertirse en su propia versión de teleñeco o guiñol en lugar de sacar a pasear su indudable talento. ¿Qué coño te ha pasado tío? Antes eras de puta madre… Aquí, como todos, está al servicio de la película. El resultado es pura dinamita irónica y negra, negra en cuanto a su humor me refiero, aunque precisamente Spike Lee protestó públicamente por el trato que los negros recibían en esta cinta.

Un peliculón en toda regla. Desde Jackie Brown una cosa es cada vez más evidente en su cine, su pasión por el homenaje, por coger de aquí y de allá para rendir tributo a películas de toda clase, desde la serie B hasta las grandes producciones de ayer, se dispara exponencialmente.

Continuará

Texto y foto por Med Vega (desde dentro del maletero de un Dodge Challenger del 70)

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