Este músico originario de Jackson, Kentucky ha sacudido la escena country de Nashville con un artefacto pergeñado desde la más profunda pasión por el género. Siguiendo la senda de outlaws como Waylong Jennings, Townes Van Zandt o Kriss Krisstofferson, Sturgill Simpson hace suyo el sonido setentas y lo presenta fresco, auténtico y renovado en pleno siglo XXI sin perder un ápice de credibilidad e inspiración. Su nominación el año pasado al Grammy al mejor disco de música americana así lo atestigua más allá de lo anecdótico que pueda parecer optar a tan dudoso galardón.

Solo 10 canciones le bastan a Simpson para desplegar un repertorio pródigo y rico en matices. Pletórico abordando el corsé rockandrollero (“Life of sin“), espléndido en las baladas (“Living the dream“, “The promise“, “Just let go“), sugestivo en los medios tiempos, Sturgill escribió el album después de adentrarse en lecturas sobre metamodernismo, metafísica relacional y teología, filtrado todo, eso sí, bajo el prisma de la experiencia lisérgica. Así, en la inicial “Turtles all the way down” afirma que vió a Dios, a Buda, incluso al mismísimo diablo en Seattle, sin embargo fueron la marihuana, el LSD y las setas quienes cambiaron su forma de entender la vida, y el amor, la única cosa capaz de salvarla. Servidor se tomaría a coña estos textos si no fuera porque la canción es una verdadera maravilla, definitoria del espíritu de todo el Lp.

Alejado de sus iniciáticos pasos en el bluegrass, el músico se hace acompañar del mínimo fondo musical: apenas unos slides exquisitos, cuatro teclas de hammond y gloriosas guitarras (¡qué guitarras!), electrificadas o acústicas, le bastan para convertir cada canción en un clásico moderno del country. Si bien son su garganta, prodigiosa, y sus propias manos (además es un especialista del más puro estilo fingerpicking) las que elevan el contenido del disco a otro nivel.  ¿Cómo acometer sino una joya del calibre de “The promise“, estratosférica balada al alcance de muy pocos (piensen en Elvis y su “In the guetto“) y pasearse triunfal con tan insultante facilidad? Desgarradora.

La secuenciación del disco alterna a la perfección pasajes reflexivos y emocionales, intensos como el fuego, y otros acelerados, más livianos y frenéticos, con poso psicodélico, pero sin caer nunca en la dispersión o la vacuidad ya que estamos hablando de una obra redonda, mayúscula, incomprensiblemente ignorada en nuestras fronteras.

Imprescindible para seguidores del género y perfecta para los que creen que el country es aburrido.

Life of Sin

Texto e ilustración por Zorro.

*Publicado originalmente en el º 2 del magazine Rock I+D

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