Será porque nunca esperamos de él más de lo que acostumbra a ofrecernos pero Stephen Malkmus no defrauda nunca. Habrá quien diga del de Portland que no es ambicioso o que está acomodado, o al menos que sus intenciones no van más allá de editar pequeños discos y realizar sucesivas giras, pero la verdad es que echando un vistazo hacia atrás concluimos que Malkmus (recientemente de regreso a Oregon tras 2 años en Berlin) solo hace lo que sabe hacer: grandes canciones. Y es que la música salida de sus manos, ya fuera capitaneando a los listillos de nuevo olvidados Pavement (cuyo legado sigue intacto, no como el de los Pixies) o bajo su alianza en solitario con the Jicks llevan la impronta de un creador único con un estilo 100% identificable.

La nueva tajada, que lleva por título Wig Out at Jagbags, es un suma y sigue. Un ejercicio (once again) de cabezonería malkmusiana inspirado para la ocasión por (según la hoja promocional): «Colonia, Alemania, Mark Von Schlegell, Rosemarie Trockel, Von Spar y Jan Lankisch, Can y Gas; unos imaginarios Stephen-Malkmus Peppers Weezer / Chili, Sic Alps, La Universidad de Virginia a finales de los 80 , NYRB, Aroma de Charlottenburg, la inactividad, Jamming, chicos Indies tratando de sonar a Memphis, Flipper, Pete Townshend, Pavement, The Joggers, La NBA y la vida familiar en la década de 2010 … «. La coña marinera, pues, vuelve a estar asegurada.

El disco suena divertido como siempre y fresco como nunca, efervescente y cachondo a partes iguales. Quizá sea lo más pop y accesible que Stephen ofrece desde aquel delicioso homónimo debut de 2001 (qué jóvenes y felices éramos con el discman a cuestas!!), lo cual no significa que se haya despojado de las traviesas estructuras de Real Emotional Trash (2008, Matador). De hecho el tríptico inicial que forman la saltarina «Planetary Motion«, la familiar «The Janitor Revealed» y la biográfica «Lariat» (catálogo universitario donde caben los Mudhoney, la carne de venado o los Grateful Dead) dibujan en nuestro rostro esa sonrisa del que ya imaginaba el final de la película y solo tiene que sentarse y disfrutar viendo cómo la profecía se hace realidad. ¿Sensación de Dèja Vu? Sí, pero esta se deslizará suavemente por el forro de las verguenzas de todo buen fan de su prolífica asociación con los Jicks.

Sigamos con la manteca: La antesala a «Houston Hades» juega al despiste para luego desvanecerse dando lugar a otro número de cínico indierock aparentemente destartalado con apoteósico final. Le sigue «Shibboleth» un viaje en el tiempo a los envenenados sonidos que los Pixies remitían vía correo ordinario a Memphis en Trompe le Monde. Después vendrá «J Smoov«, una preciosidad de coplón, redonda, dulce y bonita como para dejarse llevar con los ojos cerrados de la mano de un buen pervertido. Una delicatessen con sutiles pero acertados arreglos de trompeta a lo Burt Bacharach. Toda una chuchería con la que relamerse. Justo después y viniendo de quien viene, una gamberrada como la parodia punk «Rumble at the Rainbo» no será licencia suficiente como para llevarnos las manos a la cabeza.

J Smoov

Tras la disparatada «Chartjunk«, «Independence Street» decae cualitativamente para luego recuperar nuestra atención en una lúcida y brillante tanda final llena de imaginativas estructuras y sugestivas guitarras («Scattegories«, «Cinnamon & Lesbians» -mmmm…- y «Surreal Teenagers«) consiguiendo de paso que sigamos aplaudiendo la todavía fértil creatividad del chalado Malkmus.

Cinnamon & Lesbians

Texto e ilustración por Barce.

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