¿Ha sido usted fan de Soundgarden? ¿Ha sufrido desde una ligera decepción a casi la muerte cerebral con cada lanzamiento en solitario de Chris Cornell salvando a Euphoria Morning? ¿el nombre de Timbaland le produce escalofríos y sudores fríos? ¿Aún viéndole la gracia a Audioslave, que en mi modestísima opinión la tenían, cada vez que Cornell se ponía a rapear usted fingía que ese señor no podía ser el que berreaba “Jesus Christ Pose“? ¿Se le quedó cara de WTF cuando Trent Reznor, otro ilustre de los 90s de talento renqueante, se metía con Cornell y su ciertamente jodidísimo Scream? Si usted responde afirmativamente a un par de estas cuestiones, no sufra más, regocíjese y reciba a King Animal con los brazos bien abiertos que tenemos un regreso más que digno, un regreso notable incluso, un disco de Soundgarden con todas las de la ley. Llamado a crecer y madurar óptimamente tal y como ocurría en sus referencias previas y la esperanza real de recuperar a un Cornell que llevaba dando bandazos más de lo que nos gustaría.

Qué demonios, quien tuvo retuvo y con aliados como Kim Thayil, el siempre competente Ben Shepherd y el putísimo amo Matt Cameron el resultado no puede ser mediocre y nada más lejos de la realidad. Para empezar King Animal respeta una de las premisas básicas de la banda de Seattle, el disco posee personalidad propia, esperar otro Badmotorfinger (1991, A&M) , otro Superunknown (1994, A&M) u otro Down On the Upside  (1996, A&M) no tenía lugar porque Soundgarden jamás se han repetido, reinventándose con cada nuevo álbum, demostrando que siempre fueron una rara avis y que estaban un paso por delante de sus compañeros de generación y siempre con el tiempo como aliado, con discos que llevan creciendo desde su facturación y a King Animal se le atisba desde ya su largo recorrido.

Otro mérito que gasta King Animal es su sonido 100% noventero sin caer en la imitación o autohomenaje, si este disco hubiese salido entre Superunknown y Down On the Upside no chirriaría lo más mínimo, buen hacer que hay que reconocerle a Adam Kasper (Soundgarden, Pearl Jam, Queens of the Stone Age…).

En cuanto a los temas, el disco arranca arrollando con contundencia, “Been Away Too Long“, “Non-State Actor” y  especialmente la enorme “By Crooked Steps” poseen fuerza y gancho. Les sigue “A Thousand Days Before“, tema repleto de matices y aires de otro tiempo y lugar, con ese particular estilo Soundgardeniano que se vuelve aún más patente en “Blood On The Valley Floor“, arrastrado, denso, pesado, de negritud brillantísima y resplandeciente. Por ahora nos encontramos a Cornell gritando como sólo él sabe hacerlo, no gasta la voz de Badmotorfinger ni de hostias, eso quedó atrás hace tiempo pero sigue demostrando una versatilidad y personalidad única, fue una de las gargantas definitivas de los 90s y aún tiene el bicho dentro, de eso no hay duda, por su parte Thayil enhebra riffs infecciosos como el que no quiere la cosa y tenemos a un Cameron desatado azotando golpes secos y vibrantes dotando a las canciones de una presencia acojonante, pues con semejantes 5 temas introductorios ya no me queda duda, Soundgarden han vuelto y el nivel esta a la altura de lo esperado. “Bones Of Birds” y “Taree” son medios tiempos que si bien cortan con esa magnética contundencia que abría el disco son bien recibidos, son buenos temas provistos de un halo enfermizo y adictivo de profunda oscuridad y desasosiego. “Attrition” en cambio es otra cosa, tiene ese aire punk que Ben Shepherd siempre ha sabido darle a determinados temas en la historia previa de la banda pero no funciona tan cojonudamente como solía, quizás demasiado convencional para Soundgarden, quizás demasiado cercano a su proyecto Hater,  el caso es que es un tema que me pega más en los Pearl Jam del aguacate que en un disco de Soundgarden. Junto a “Attrition“, “Black Saturday” y “Halfway There” completarían mi terna particular de garbancitos negros, si no las hubiesen incluído  ni tan mal pero bueno, un 10-3 ya supone un glorioso retorno. “Halfway There” suena a tema de Cornell en solitario, eso no es necesariamente malo pese al precedente de Scream, Cornell ha escrito e interpretado temazos de aúpa como “Sunshower” o “Seasons” pero en Soundgarden no esperas encontrarte algo así y tampoco es que “Halfway There” sea “Seasons” precisamente, de hecho y puestos a elucubrar, podríamos decir o queda la sensación de que Cameron, Thayil y Shepherd le han dicho a nuestro querido Cornell, “venga tío, vamos a meter tu temita así más poppie, claro que sí guapísimo”. Bromas a un lado (que siguen siendo una de las 4 bandas de mi adolescencia y chistes pocos) el disco lo cierran de nuevo a un gran nivel, con tres muy buenas composiciones “Worse Dreams“, “Eyelides Mouth” (donde Mike McCready mete una guitarrita fina fina) y “Rowing“, si bien durante todo el disco se percibe que la dupla Cameron/Shepherd funciona de cojones, como si no hubiera pasado el tiempo, en estos temas se remarca una vez más la importancia de ambos componentes. Si Cameron hoy por hoy en Pearl Jam es vital, en Soundgarden siempre ha sido sencillamente, uno y trino.

King Animal supone una vuelta dignísima, un disco para perderse y dejarse seducir durante centenares de escuchas, tal y como siempre ha sido con Soundgarden y esperemos siga siendo. Hubo una época que parecía no había herederos más idóneos de Black Sabbath o Led Zeppelin que estos cuatro caballeros de Seattle, que no se nos olvide y que ellos sigan recordándonoslo. ¡Rebienvenidos!

Been Away Too Long

Med Vega (pintando moscas, mirando a California, sintiendo Minnesota).

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