Sonny y los Sunsets son una banda de la Costa Oeste que lleva desde 2007 seduciendo al personal con un abigarrado pop de corazón clásico y escurridizos procedimientos. Su líder, un cuarentón llamado Sonny Smith (cruce imposible entre Mark Smith y Jo Jo Richman) se cuenta entre los autores más prolíficos de los últimos años (nada menos que 200 canciones se marcó el amigo en 2010 en un proyecto que le llevó a editar 100 singles) y no pasa día en que no sume adeptos a su causa (ha colaborado con el ex-Wilco Leroy Bach). La cosa tiene tales visos de éxito que no sería extraño escuchar alguna de sus coplas en comedias de éxito norteamericanas como “New Girl” o “Girls”, además el tipo, antes de lanzarse definitivamente a la creación musical se inició en el celuloide y la literatura. Casi nada.

Por lo que a mí respecta, descubrí a los Sunsets hace un par de años y me camelaron con canciones como “Lovin on al older Gal” de su debut Tomorrow is Alright (2010, Fat Possum), donde me recordaban poderosamente a grupos como los feelies, los Modern Lovers o Luna por cuanto en ellos había de la Velvet. Música desprovista de lujos y agradablemente destartalada. Clásica en su construcción. Ahora vuelven a hacerlo, aunque por derroteros levemente distintos. “Palmreader“, es maciza, lineal y repetitiva, psicodelia de baja fidelidad, mierda de primera. No obstante este Antenna to the Afterworld se convierte gracias al uso de sintetizadores en un tratado sideral, una marcianada pop con aspecto de banda sonora de peli ochentera de Serie B. Un ejemplo, para entendernos: “Dark Corners“, donde el protagonista todo lo que quiere es “encontrar un lugar en tu mundo raro“. Una pirula de pop tóxico con ligeros jirones de electrónica naif tan adictiva como las que pasan Ariel Pink’s Haunted Graffitti.

La combinación de guitarras taladrantes y monocordes (“Primitive“, “Earth Girl“) con deliciosos ribetes melódicos hacen del estilo de Las Puestas de Sol un caramelo envenenado, una fábula distorsionada de amor extrañamente inocente (“Green Blood“, “Mutilator“). Vistos así podrían ser una versión menos sofisticada de sonidos como los que abanderan gente como Deerhunter o Kurt Vile, pero su faceta cachonda y teatral los acerca más a unos B52’s versión indie, lo cual, claro está, es infinitamente más disfrutable.

Palmreader

Green Blood

 

Texto e ilustración por Barce.

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