Casi 20 años lleva el bueno de Jay Farrar capitaneando Son Volt, su vehículo personal de alt-country, género que inaugurara él mismo a finales de los 80 junto a Jeff Tweedy al frente de los seminales e imprescindibles Uncle Tupelo. Aquel movimiento, también conocido como no depression, no fue más que una etiqueta fácil, otra artimaña comercial impuesta por la industria musical en un intento de actualizar y poner en un mismo cajón a una nueva generación enamorada del clásico country-rock que Gram Parsons, los Byrds o los Flying Burrito Brothers dignificaron a finales de los 60.

Mucho ha llovido desde entonces, que se lo digan a Tweedy y sus Wilco, y sin embargo el tiempo parece no cambiar nada en las canciones de Son Volt. Farrar sigue haciendo lo mismo de siempre, su voz suena exactamente igual que hace un par de décadas y su renovada banda suena tan clásica y añeja que este Honky Tonk, su segundo album para Rounder Recordings, bien podría haberse editado hace 10 años, 30 o 50. Pedals Steel, violines, guitarras acústícas y tremolos eléctricos son los mimbres con los que se teje un estilo universal, demasiado escorado hacia la tradición para ser tendencia y poco atractivo para el público más joven, mayoritario consumista.
Rock and roll, al fin y al cabo, reducido a su más pura esencia, con cero impostura y la más mínima ambición, solo la única que da credibilidad: escribir canciones para sobrevivir, emocionar y salir del paso ante las dificultades.

Baladas exquisitas, como la irrestiblemente amarga «Angel of the blues«, valses de bella factura («Hearts and minds«o la deliciosa «Livin’ On«), singles de auténtico folk, «Bakersfield«, no apto para radiofórmulas o simples canciones de amor, como «Brick walls«. Puro amor por la vida, amor por la música.

Farrar, que acaba de publicar nuevo libro, «Falling cars and junkyards dogs«, escribe con una sensibilidad digna de la mejor tradición norteamericana, siguiendo la estela de Townes Van Zandt, Kriss Kristofferson y Steve Earle : «Las canciones tristes mantienen alejado al diablo» («Angel of the Blues»), «cada carretera tiene una historia que contar, de los sueños elevados, de los sueños que cayeron» o «la vida es un juego de trileros, lecciones perdidas, lecciones aprendidas…. nunca habrá un momento como el momento que es ahora, para alcanzar la promesa de melodía en la proa«, canta en «Down the highway«.

Estamos de enhorabuena pues, la artesanía musical conserva en Son Volt un exponente incorruptible, como decimos, casi 20 años después de su génesis.

Hearts and minds

Texto e ilustración por Zorro de la dehesa

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