Zooey Deschanel y Matthew Ward vuelven como Ella y Él y editan Volume 3. Un disco que de nuevo no oculta su condición de artefacto retro, ejercicio de nostalgia impoluto y ceñido al patrón (que no encorsetado) como previsiblemente se podía esperar. Entristece leer por ahí que lo único destacable de esta tercera tacada del dúo (sin contar su amable intentona en aquél disco navideño) sea el pleno al 11 (más 3 versiones) de Deschanel en el terreno compositivo, todo un logro según aquellos que no tuvieron reparos en ajusticiar sin piedad los 2 trabajos anteriores y pusieron en duda las capacidades de la actriz. Si bien es cierto que la labor de Ward pasa a segundo plano (ese donde dispone con exquisito gusto muros de sonido Spectorianos, exuberantes cuerdas al estilo superpop de Buddy Holly, o acordes de fantabuloso y fresco Surf), en esta ocasión, la productora y protagonista de la exitosa comedia de Fox New Girl da un paso de gigante.

En esta nueva colección (con colaboraciones tan sorprendentes como las de Joey Spampito de NRBQ’s o Mike Watt) hay momentos verdaderamente adictivos como la fantástica «I Could’ve Been Your Girl» donde, pese al título, no se avista ni rastro de contenido autobiográfico (la chica se acaba de divorciar de Ben Gibbard, cantante de Death Cab For Cutie). Por tanto, y por lo visto en todos los textos, se puede afirmar que no estamos ante un disco torturado o despechado post-ruptura.

La ya conocida fórmula de She & Him se ha visto reforzada sorprendentemente por un impulso en las aptitudes vocales de Ella, más protagonista que nunca de pequeñas piezas de pop y swinging 50’s («I’ve Got Your Number, son«) en las que logra hacer fácil lo difícil. Por momentos encontramos divertidas historias y a ratos, cuando se hace necesario, la joven echa mano de una pizca de drama, que para eso es actriz la moza. «Turn to White» es delicada y cálida como una noche de verano, «Somebody to talk to» es un jit totalmente 50’s como la copa de un pino, mientras que «Together» suena a maravilloso capricho disco.

Irregular resultado consiguen esta vez con las apropiaciones de material ajeno. «Hold me, thrill me, kiss me» y «Baby» suenan creibles, sí, pero ciertamente con poca diferencia respecto a la originales de 1952 y 1965. No debe ser fácil meter la mano a canciones que ya de por sí son perfectas, pero es cierto que un toque distintivo o una instrumentación más ecléctica hubieran ayudado a justificar la elección. Algo más esmero se observa en la interpretación de «Sunday Girl» de Blondie. Lástima que suene forzada cantada en inglés y francés, y la sombra de Debbie Harry se haga una losa difícil de sostener.

Para el final la balada «London» se alza como una de las mejores composiciones de la actriz y demuestra que es posible salirse del edulcorado guión fifties en un silencioso canto fúnebre dedicado a la ciudad británica. Con un poco de suerte, para la próxima la chica se nos tira al barro del todo y se desmarca del revival retro. Y si eso no ocurre siempre será disfrutable echarse a las orejas otro disco tan bonito como este.

Turn to White en el programa de Conan O’Brien.

Texto e ilustración por Barce.

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