El ínclito y misterioso Scott Walker se adelanta un lustro a lo que nos tenía acostumbrados y el pasado 4 de diciembre iba a despachar la continuación de The Drift (2006, 4AD). Con Bish Bosch completa una trilogía discográfica que podría ser la banda sonora perfecta de las pesadillas que David Lynch debe sufrir cuando cena fuerte. El caso de Scott Walker es uno de los más curiosos e interesantes de la historia de la música pop, de guapo crooner pluscuamperfecto de elegantísima factura y vibrato inconfundible que enamoró perdidamente a mi abuela y mi madre a adalid de la vanguardia, el avant-garde o pregonero maldito de los más recónditos y oscuros recovecos de la psique humana. Martillo del desasosiego, abanderado de la experimentación más punzante. Como decía David Bowie: «¿quién sabe algo sobre Scott Walker así que mejor dejarse cautivar por ese certero documental sobre su persona que es Scott Walker: 30 Century Man producido por el propio Duque Blanco para llegar a entender tremenda evolución y descubrir algo más de esa personalidad tan tormentosa.

Más que música lo que Walker nos propone son experiencias sensoriales que vendrían la mar de bien para exorcizar demonios personales, irse de cañas con ellos al infierno y una vez que ya hemos llegado a conocerlos lo suficiente bailar al arrítmico compás de este Bish Bosch. Una vez finalizada la velada igual las ganas de dejar los sesos redecorando los pasillos del averno son considerables, pero bueno todo lo que sea sacarse oscuros pensamientos siempre resultará sano y recomendable. Ojo, no se malinterprete, que un viaje de estos por el lado salvaje de la mente siempre tiene su puntito y más infernal es oir a Bertín Osborne y escucharlo cantar ya ni imaginarlo quiero…

Quizás funcione mejor y sea más disfrutable atender a Bish Bosch no con ansias malsanas de conectar emociones y mimetizar con el autor sino como una aterradora visión del mundo propio del señor Scott, como una visita guiada por una mente capaz de perpetrar un imaginario tan repulsivo como atractivo, tan esquivo como apasionante. Un disco que requiere de muchas escuchas y que hará todo lo posible para que las evites pero una vez adentrado en él, la siempre sugerente voz del estadounidense más británico de la vanguardia musical nos irá desgranando capas y capas de angustiosa genialidad.

Bish Bosch es un disco largo, mucho más que Tilt (1995, Fontana) y algo más que The Drift, sus 73 minutos encierran nauseas, fealdad, arrebatos de agresividad, referencias cinematográficas y claustrofóbicas y negras atmósferas. El tema inicial ‘See You Don’t Bump His Head’ arranca con una taladrante percusión que en poco menos segundos de lo que este señor se despachaba «30 Century Man» ya se te ha clavado en el bulbo raquídeo. La cancioncita incluye como todo el elepé un sin fin de referencias y sonidos provenientes de los más oscuros ángulos del alma. Incluso durante el segundo corte se incluyen sonoridades procedentes de los más oscuros lugares del cuerpo, efectivamente tal y como suena, el bueno de Walker decide finalmente meter alguna flatulencia humana en «Corps de Blah«. No se me ocurre forma más contundente de dejar definitivamente en el olvido al elegantísimo personaje que en los 60/70 ya fuera con sus hermanos/brothers o en esos IMPECABLES 4 primeros discos en solitario que de esta forma y es, creo, la confirmación de que vanguardia y misticismo a un lado este señor es un cachondo. Justo después de «Phrasing» que contiene un riff que es purita rabia tras pasar por una conga y unos ladridos nos vamos a topar con la promesa cumplida que nos hacía en «Farmer in the City (Remembering Pasolini)» que era precisamente como se iniciaba esta trilogía de discos. Allí cantaba Walker que nos daría 21 y aquí nos da 21, los 21 minutazos de «SDSS1416+13B (Zercon, A Flagpole Sitter)» atendiendo al título, a su duración y a lo que en ella podemos encontrarnos no me cabe duda de que estamos ante un hit single para radio-fórmulas como no habrá otro igual. El tema central de Bish Bosch es una suerte de laberinto de pasiones y la confirmación de que este tipo realmente tiene un sentido del humor digamos curioso y no tan abstracto como su música, ¿qué no? Una canción con versos como estos: «You’re so fat, when you wear a raincoat, people scream ‘taxi?’ » apunta a otra cosa. Pero no se queden ahí tampoco que la canción está abarrotada de referencias: Buñuel, vocablos griegos (juraría que se menciona Heliópolis y la imagen de Lopera escuchando esta obra se vuelve poderosa y enfermiza en mí), numerología romana… la letra es verdaderamente para sumergirse en ella. La instrumentación fabulosa y aterradora, los silencios se destapan magistralmente y cuando la voz de Scott se queda sola es un placer salvo cuando es poseído por sabe Satán que criatura y arroja toda su violencia.

«Epizootics!» fue el primer adelanto de Bish Bosch, su vídeo y música puede escucharse al final de esta reseña, así que déjense cautivar por el universo Walker ustedes mismos, claro que sí. En «Dimple» hasta se arranca cantando en danés, lo que me recuerda a otro grande del delirio onírico más seductor y poderoso, David Lynch, el cual en los días de INLAND EMPIRE afirmaba que no descartaba rodar algún día en esperanto para que la gente no se rayase con interpretaciones banales o a saber. Durante «Tar» lo más delicado que oiremos es el afilar de hojas de cuchillos o el zumbido de unos enjambres. Una pesadilla que no es sencilla de abordar, Bish Bosch te dejara (casi) un estado de ánimo, cuerpo y mente similar al que te puede dejar el visionado de Wake In Fright (Ted Kotcheff, 1971) un día de resaca de San Jorge (cerveza portuguesa bastante económica) durante un mal viaje de ácido.

Incluso hay tiempo para un sorpresa más ya que el disco finaliza, como no podía ser de otra manera en estas fechas tan señaladas, con un villancico «The Day the ‘Conducator’ Died (An Xmas Song)» que sin duda iluminará los corazones de todos aquellos embriagados de espíritu navideño. Desde Más Truenos aprovechamos para unirnos al señor Scott Walker y os deseamos a todos Feliz Navidad, Paz y Amor a los hombres y mujeres de buena voluntad… y a los de mala voluntad que les parta un rayo vallecano…o bueno quizás nos veamos en los bares.

Aquí «Epizootics!»; Vamos que nos vamos.

Por Med Vega.

a T.A. Hermano, compañero, héroe.

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