Todos conocemos de sobra la historia de Big Star, grupo de culto por excelencia en la década de los 70. Ignorados en su día pese a recibir unas más que alentadoras críticas, la banda se fue diluyendo en una espiral de desencanto, alcoholismo y depresión. No sería hasta los 80 y, más acentuadamente, a primeros de los 90 con su regreso a los focos que recibieron la atención que merecían.

Sin embargo, Alex Chilton, Chris Bell, Andy Hummel y Jody Stephens fueron solo la cabeza visible de una pequeña escena que debía poner a Memphis en un lugar de excepción dentro de la historia del Pop, Elvis a parte. Por desgracia aquello nunca sucedió. Además, el deslumbrante resplandor que desprendería Big Star décadas más tarde terminaría por eclipsar para siempre a un puñado de bandas de increíble talento que dejaron huella en discos casi imposibles de encontrar hoy en día en formato físico. Este dossier es solo la primera parte del reportaje Leyenda negra de Memphis: Los Satélites de la Gran Estrella.

TERRY MANNING

Terry Manning nació en Oklahoma pero pasó una infancia itinerante debido al continuo cambio de asignación de su padre como Ministro de Iglesia de los Discípulos de Jesús. Así pues, coincidió con su estancia en El Paso, Texas, cuando le picó el bicho del Rock and Roll tras escuchar a Elvis en la radio, con lo que quedaría marcado a fuego. Sin embargo, fue una canción de los Mar-Keys, “Last Night”, que le obsesionaba hasta límites insospechados, la que le llevó acompañado solo de su guitarra hasta Memphis, Tennesse, concretamente a la misma puerta del sello Stax Records, para que su destino cambiara para siempre.

Allí acompañó al ingeniero John Fry y aprendió todos los secretos de la técnica tras la mesa de controles mientras se ganaba el sueldo barriendo y fregando el piso del estudio. Más tarde, cuando Fry creó su propio estudio y su sello Ardent Records se convirtió en filial de Stax, Manning le acompañó para trabajar como productor a jornada completa. Fue entonces cuando trabajó con figuras imprescindibles del soul como Booker T. JonesAl Green, Staple Singers o Isaac Hayes, de mano del productor Willie Mitchell.

Terry dice que combinó la técnica aprendida con Fry y el instinto emocional de Mitchell a los controles para convertirse en un especialista insuflando a las grabaciones un extra muchas veces intangible (registró también el III de Led Zeppelin a petición de su viejo amigo Jimmy Page).

Su único Lp Home Sweet Home fue grabado como consecuencia de estas inspiradoras sesiones, en descansos y pausas entre grabaciones, en principio como mero divertimento para bromear y enseñar a amigos como Alex Chilton (con quien grababa simultáneamente 1970) o Eddie Hillton, para más tarde completarlo animado por Al Bell, vicepresidente de Ardent.

El resultado es un coctel bien cargado de blues, rock y soul blanco, grasiento y salpicado de mojo hasta el tope. Manning se cocina el disco él solito y se encarga de toda la instrumentación salvo la batería y segundas guitarras, comprobamos que se trata de un experto guitarrista (si no sabías tocar como los ángeles no pasabas la reválida en la ciudad) además de un cantante descaradísimo, con una facilidad interpretativa y personalidad que hacen a uno cuestionarse cómo es posible que no desarrollase carrera como solista.

El repertorio lo conforman en su mayoría versiones: “Savoy Truffle 1” del White Album de los Beatles, introducida por un sintetizador moog que parece a punto de estallar, “I Wanna be your Man“, un espectacular “Trashy Dog” (Steve Cropper, Pops Staples y Albert King) donde pone a prueba su pulso en los solos, “Choo Choo Train” de los Box Tops en versión zeppeliana, o el “Can’t Stand the rain” de Ann Peebles. Además, canciones como el rocanrol “Wild Wild Rocker“, “Sour Mash” del músico local Richard Rosebrough, o la flamígera versión de “One After 909” de Lennon demuestran que tiene el alma negra y un buen par para despachar temas ajenos y superar sin pudor al original.

Home Sweet Home es toda una fiesta, un derroche de talento y calidad que no tuvo continuación y resultó ser demasiado físico y exótico para una época en que empezaban a despuntar los cerebritos del rock progresivo más trascendental y aburrido.

Pieza de coleccionista de un artista de culto que pese a ofrecer un material muy por encima de la media prefirió volver a la confortable sombra de la labor técnica de estudio en lugar de buscar un reconocimiento que no obtuvo ni buscó jamás.

Savoy Truffle 1

THE HOT DOGS

Tras un infructuoso paso previo por los estudios Ardent bajo el pseudónimo de Silver, Greg Reding, guitarra y teclado, y Rennie Bill, Bajo y voz principal, volvieron a retomar su camino donde lo dejaron (después de acompañar durante un tiempo a Albert King en vivo para pagar facturas) alentados por un Terry Manning admirado por la facilidad del dúo para hilvanar preciosas armonías vocales con excelsos solos instrumentales.

Los Perritos se hicieron acompañar de Manning (quien colabora en la escritura de canciones y aporta una propia, “Feel Real Fine“), Jack Holder y Robert Johnson a la guitarra (no confundir con el bluesman de mismo nombre) y Prouty a la batería, para grabar una colección de canciones prácticamente inmaculada. Say What You Mean, editado en 1973, se trata de otra de las semillas que más tarde germinarían en el archiconocido Power-pop, que combinaba ingredientes acústicos y eléctricos de manera exquisita y se ofrecía al mundo como nueva referencia blanca desde la órbita rockera de Stax.

La titular “Say What you Mean“, “Way to get to you“, “Take your time to let me know“, la zeppelianaTime is All“… cómo canciones tan maravillosas no consiguieron mayores réditos supone para servidor una de las mayores injusticias de la historia del pop, todo un misterio. Sólo la casualidad, la suerte y una personalidad lo suficientemente atractiva y esquiva como la de Alex Chilton hicieron que Big Star se interpusieran en su camino como valedores de la bandera Ardent por encima de esta pareja de fenómenos, herederos de la mejor tradición melódica de Crosby, Stills, Nash & Young y con una versatilidad a prueba de bombas, Say What You Mean es una barbaridad, una delicatessen que ha ido acrecentando su culto a un ritmo muy inferior al que merece su contenido, a años luz de la Gran Estrella en reconocimiento pero no en calidad. El saber hacer de Terry Manning contribuyó para darles el brillo y la solera necesarios pese a que, a la postre, la excasa distribución que Stax hacía de su subsidiaria condenaran al obstracismo este discazo.

Let me look at the sun” es la más psicodélica del pack, una gozada que me hace pensar en los Pretty Things post-S.F. Sorrow. Y eso, amigos míos, son palabras mayores.

Escuchar la preciosa “Another Smile” y no extremecerse es serio indicativo de que un urgente chequeo médico es necesario. Ponerse la tropical “Morning Rain” y no babear es para dudar sobre el origen humano del receptor, ya que con tal despliegue de clase y prodigio a las teclas es imposbible resistirse. “Thanks” es digna de los mejores Bolan o Bowie de la época, si no se te pone el vello de punta con los arreglos de viento, directa y tristemente, es que eres sordo.

Después de Say What You Mean los Hot Dogs desaparecieron del mapa como tragados por el triángulo de las Bermudas, solo se publicó un disco, titulado simplemente Hot Dogs, de mano del neoyorkino Guinnes Records. Un fraude editado sin permiso que incluía rocanroles bastante obviables y algún tema escrito por Jack Holder.

Say What You Mean

THE SCRUFFS

Aún recuerdo la primera vez que escuché hablar sobre The Scruffs, fue de mano de nuestro amigo Carlos C.C. (del que ya recuperaremos algún artículo acojonante) cuya opinión es de esas que hay que tener muy en cuenta. Si bien se trata de un melómano fanático de los Fall y el Lo-fi me sorprendía gratamente hablando maravillas de un cuarteto oriundo de Memphis, no ya contemporáneo a Big Star sino posterior, pero con una más que reconocible influencia de Chilton y cía.

No tardé mucho en rastrear por la red hasta toparme con el debut y único disco oficial de la formación original, Wanna Meet the Scruffs? ¡Cómo iba a negarme ante tal invitación después de aquella recomendación! Lo que ofrecen Los Pescuezos es una refrescante dosis de powerpop en su más espontánea expresión, con un encantador regusto a la new wave y el ritmo combativo del mejor punk melódico (hay quien los considera primos lejanos de los Buzzcocks).

Stephen Burns se arranca rompiendo el hielo y demostrando poseer una buena garganta desde la inicial, acertadamente titulada, “Breaking the ice” (disculpen la broma fácil), entre genuínas guitarras eléctricas de esas que da gusto imitar a la air guitar, con recordatorio incluído al be bop-a-lula, para inmediatamente después ofrecer una prueba irrefutable de su finísimo olfato pop con la gloriosa “My mind“, un clásico inolvidable desde el momento mismo en que acústica y eléctrica se combinan dejando entrar la luz en el estéreo. Podemos afirmar, por otra parte, que en estas canciones no hay mayor rastro de melancolía o afectacción, el contenido lírico de su mensaje es siempre demasiado irónico y cómico como para considerar a los Scruffs unos jóvenes tristes y amargados. En “You’re no fun” dejan claro que no quieren aburrirse ni aburrir al oyente.

Pero hay mucho más: el rocanrol desprejuiciado de “Frozen Girls” y su chulería glamourosa, el punk-pop de “I’ve got away“, “Revenge“, “Bedtime Stories” y “She say yeah“, más deudoras de las formas de la Gran Estrella, o la que para servidor es su canción más definitoria, “I’m a failure“, donde conviven en armonía el descaro y la socarronería del punk con la tradición perdida de unos geniales riffs de los que ya hace años que no se estilan.

Incomprensiblemente, su fantástica secuela Teenage Girls no vería la luz hasta 1998 pese a grabarse sólo un año después de Wanna Meet…?. Parece ser que nadie quiso conocer mucho más sobre los Scruffs o directamente se olvidaron de ellos. Esto confirma la teoría de que el punk-rock supuso el principio del fin de la música de calidad. Vale que abriendo la veda al músico amateur se originó el acojonante post-punk, donde la cabeza mandaba sobre la técnica y con ello aparecerían un puñado de bandas irrepetibles, además de sacudirse de en medio al pastiche discotequero y el insufrible progresivo, pero se perdió un gusto por las cosas bien hechas, por una música con alma y sobre todo corazón.

My mind

Si para Big Star 1972 fue demasiado tarde, en 1977 habían pasado demasiadas cosas como para reparar en una pandilla de freaks sureños enamorados del poderoso pero anticuado estilo de la brittish invasion sesentera, solo se salvaron de la quema Nick Lowe, The Knack y cuatro más. No obstante, Teenage Girl resiste y puede disfrutarse con el paso de los años como lo que verdaderamente era, otra tremenda muestra de sensibilidad y poderío guitarrero digna de las mejores alabanzas y méritos.

Stephen Burns resucitó el proyecto como consecuencia de la reedición de este trabajao, y desde 2001 continúa editando trabajos muy dignos, mucho más que meros ejercicios de nostalgia, como Pop Manifesto o Conquest.

Texto e ilustraciones por Zorro de la Dehesa

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