Bert Jansch, Tim Buckley, John Fahey, Nick Drake, Van Morrison o Miles Davis son algunos de los nombres de referencia que se citan al hablar de Ryley Walker. El tiempo dirá si este músico, procedente de la nueva escena jazz de Chicago, merece tales comparaciones a priori exageradas. De momento la única certeza que tenemos es que su segundo Lp, Primrose Green, es una maravilla se mire por donde se mire. Una colección de folk  hipnótica y juguetona que, pese a su deuda evidente con los primeros setenta, se antoja perfecta para perderse entre horas de desidia o para conducirte en una siesta por infernales carreteras nacionales.

Mientras que en su anterior álbum el joven Ryley se presentaba tímido a la hora de exprimir su garganta y desplegaba mayormente sus armas explorando a la guitarra los límites del corsé bluesero, ahora consigue trascender las fronteras del underground gracias a un álbum mucho más ambicioso artísticamente. Se descubre aquí a una voz con empaque, versatilidad y expresividad, a un creador en plena expansión que no teme acercarse a la siempre cuestionable etiqueta del jazz, salpicar de vez en cuando sus composiciones de gotas lisérgicas o simplemente dejar correr el reloj para concebir un álbum que requiere de más paciencia y atención de las habituales para ser degustado en su total dimensión.

También sabe acompañarse de algunos amigos que resultan ser músicos de primer nivel, lo cual ayuda a enriquecer la gama de tímbres y emociones que sus canciones transmiten. Aunque debemos reconocer que su guitarra, pese a estar en un plano inferior, es la principal beneficiada de la apertura estilística.

Si cerráramos los ojos y olvidáramos la fecha de edición del disco sí que podríamos confundir en algunos pasajes su autoría con la de algunos nombres de los citados al principio, pero eso sólo sirve en este caso para confirmarnos que estamos ante una verdadera promesa capaz de dejar huella.

Las iniciales “Primrose Green“, “Summer dress” y “Same minds” son canciones que no están al alcance de un escritor mediocre, ni siquiera a la altura de un cantautor bastante bueno. Son mucho más. Ingenuas y a la vez perversas gemas que dejan a cualquiera fascinado desde la primera escucha.
Sweet satisfaction” podría ser lo más parecido a un single de todo el Lp. Un par de acordes le sirven para sonar accesible y terminar inmerso en una tormenta ácida sin consecuencias que lamentar.
Para cerrar el album se aferra al folklore en la dupla “The High Road” y “Hide in the toses“, repetitivas pero con magnetismo propio de un Drake y un Fahey, respectivamente. Y entre ellas todavía deja espacio para “All kinds of you“, referenciando su propia marca a manos de un sudoroso hammond. Experimental, quizá excesivo, pero nunca aburrido.

Primrose Green

Texto e ilustración por Zorro
Publicado originalmente en el Magazine Rock I+D

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