Afirmaba el ya recién casado Rufus Wainwright (desde Más Truenos nuestra más sincera y profunda enhorabuena a la pareja) que con Out of the Game quería hacer su disco más bailable, a lo mejor quizás no es para arrancarse por zapateaos precisamente, pero sí que ha entregado su disco más accesible hasta la fecha, el disco que necesitaba hacer.

Viene el bueno de Rufus de una época convulsa, una auténtica montaña rusa de emociones en lo personal. A saber: la muerte de su madre, Kate McGarrigle, a la que estaba muy unido, el nacimiento de su hija Viva Katherine Wainwright Cohen (esos son apellidos y no los Botín-Sanz de Sautuola García de los Ríos) o su compromiso con su pareja Jörn Wiesbrodt. En lo profesional durante el último lustro se ha dedicado a hacer lo que quería y gustaba, fiel a si mismo, sin concesiones al gran público. Así, se puso en los tacones (y medias) de Judy Garland en su clásico espectáculo en el Carnegie Hall, la concepción de su primera ópera Prima Donna y facturó su trabajo más oscuro, sobrio y denso a la par que desnudo, sólo su voz y piano en una colección de sonetos musicados de Shakespeare y canciones donde refleja su profunda tristeza por los días que se le iban escapando a su madre en el hospital. El tremendo All Day Are Nights: Songs for Lulu  (2010, Decca). Por supuesto, sin parar de girar, incluyendo una serie de conciertos donde se prohibía expresamente aplaudir entre canción y canción. Siempre único Rufus, siempre a su aire.

Con semejante currículum reciente no es de extrañar que al polifacético Rufus le apeteciera encerrarse en el estudio a despachar una docena de coplas de su particular pop clásico. Quizás con un tono menos dramático y no tan barrocamente recargado como en obras pretéritas pero de alta casa y finura máxima igual. Eso sí, no teman que su punzante ironía sigue tan afilada como de costumbre («Rashida«). A los mandos está Mark Ronson, el productor del Back to Black de la Winehouse que Dios guarde en su gloria. Además, cuenta con colaboraciones de gente de probado talento, desfilan a lo largo de Out of the Game ni más ni menos que Nels Cline (Wilco), Sean Lennon, Nick Zinner (Yeah Yeah Yeahs), miembros de los fabulosos Dap-Kings y bastantes parientes del clan. Su hermana Martha, su padre Loudon, su hermanastra Lucy, su tita Sloan, su otra tita Anne McGarrigle…La lista es considerable, no sólo de familiares, también a colaboradores me refiero.

Out of the Game es fresco, colorido, disfrutable y muy cuidado sin exagerar en el detalle. Como viene siendo tradición familiar, en las letras, Rufus pone toda la carne en el asador, aunque bien es cierto que lo hace con más tacto que en el pasado y abordando principalmente momentos más felices o rindiendo homenaje a su madre. El disco al completo y la hermosísima «Montauk» en particular están dedicados a su hija Viva, pero el espíritu de Kate McGarrigle queda marcado en varios cortes («Sometimes You Need«). O en la propia «Montauk» (canción que hace referencia a la residencia que tiene Loudon Wainwright III en Nueva York y lugar donde se casó el propio Rufus) y en la que le canta a Viva: «…one day, years ago in Montauk lived a woman, now a shadow but she does wait for us in the ocean and although you want to stay for a while, don’t worry, we all have to go…». Su ya marido se convierte en protagonista absoluto de los versos de «Song of You» y de la maravillosísima «Respectable Dive«. Por supuesto hay tiempo para que saque a relucir su vena más irónica y desenfadada como el divertido tema inicial que da nombre al disco y que cuenta con un clip protagonizado por Helena Bonham Carter y un Rufus por triplicado con mención especial para su versión grunge. Out of the Game es una nueva joyita pop de aires clásicos. Una delicatessen en forma y fondo de un artista que ha alcanzado una madurez pletórica y ante todo es un disco sobre el amor, amor de madre, de padre, de enamorado, de prometido, love is actually all around! El amor sustituye hoy a los viejos fantasmas de Rufus. En los surcos de Out of the Game no hay lugar para rencillas familiares («Dinner at Eight«) o para los excesos y las drogas (sendos Want), no, esto va de amor, puro y hermoso amor. El cierre es de una belleza tremebunda y sensacional. «Candles» es una despedida en toda regla, un precioso tributo, un delicado réquiem en honor de Kate que cuenta con la participación de toda la familia, al menos los artistas de la familia que como avanzaba no son pocos. Casi 8 minutos de emoción desbordante. Acordeones y gaitas nutren la canción hasta convertirla en absoluta magia… se despiden a su manera, tocando acordes prohibidos con gaitas prohibidas ¿y que lleve desde el 95 queriendo decir eso y hasta hoy no había visto el momento? En fin… Mencionar también que parece que Rufus y Loudon van olvidando sus disputas familiares y estrechando la relación. Que una cosa es gritarse en nochebuena como en toda casa de bien y otra romper relaciones tajantemente con la familia. Al señor Loudon Wainwright III tuve ocasión de verlo el pasado mes de mayo y la verdad se le caía la baba hablando de su nieta Viva y de la próxima boda de Rufus. Viva el amor.

Como a Helena Bonham Carter la tenemos ya muy vista (gracias por eso Tim Burton) y personalmente me produce un desasosiego infernal, mejor ver esta interpretación de la bellísima «Respectable Dive«:

Sublime.

Med Vega.

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