¿Qué hay de nuevo en el rock desde que Brian Eno dejó a Roxy Music?
(Fernando Pardo)
¿Qué saldría de una coctelera en la que hemos agitado, en mayor o menor medida, partes de King Crimson, David Bowie, T. Rex, Beatles, Can, Cluster, Sam Cooke y Frank Sinatra? Sólo una respuesta se me ocurre a la mezcla de artistas tan dispares: Roxy Music. La sofisticada elegancia de Bryan Ferry, el afán experimental de Brian Eno y la energía de Phil Manzanera darán lugar a un álbum debut y homónimo peculiar y sugerente como pocos, puesto a la venta en 1972, sólo un año después de que la banda se formara.
Re-make/Re-model enseña las cartas a las primeras de cambio. Una melodía pop compuesta, como todas las demás, por Bryan Ferry, guiada por su voz y su piano, pero modificada por los constantes punteos de la guitarra de Manzanera, el sintetizador y los ruidos de Eno, el saxo de Andrew Mackay y la base rítmica de Paul Thompson (batería) y Graham Simpson (bajo). Son Eno y Mackay, aquí al oboe, quienes abren «Ladytron» antes de que Ferry nos seduzca y, más tarde, Manzanera, Thompson y Simpson muestren el lado más progresivo de Roxy Music. El aire honky tonk de «If There’s Something» muta gracias al solo de oboe de Mackay que, ocupando la mitad del corte, a cualquiera recordará al grupo de Robert Fripp. «Virginia Plain» es la canción más inmediata del álbum, también una de las más cortas, destacando de nuevo los felices arreglos de Mackay para los dos instrumentos de viento que toca. En «2 H.B.» es Eno el protagonista con sus teclas acuosas presidiendo el tema. Asimismo su sintetizador se encarga del preludio de «The Bob (Medley)», indescriptible composición en la que caben la música concreta, la electrónica, la clásica, el hard rock y el pop. «Chance Meeting» nos sigue situando en terreno similar, pues Ferry, Eno y compañía han articulado un discurso nada plácido con el que el oyente conectará siempre que esté dispuesto a abrir su mente. «Would You Believe?» es, quizá, más ortodoxa, aunque haya varios cambios de ritmo que descoloquen. «Sea Breezes» y sus siete minutos contienen la emoción melódica más delicada magistralmente garabateada en su parte central por el contraste atonal. También atonal es el tratamiento que recibe el doo-wop en «Bitters End», aunque esta vez sean sólo dos los minutos que ocupa el tema que clausura la ceremonia. ¿Ceremonia? Sí, del buen gusto, de la creatividad, de la elaboración de propuestas personales e inteligentes, del aborrecimiento de la vulgaridad. De Roxy Music y Roxy Music.
Todavía mantendrá esta magia ritual —sostenida principalmente por el choque de las personalidades de Ferry y Eno— For Your Pleasure, siguiente trabajo del grupo, último con Brian Eno en él. Los discos que a partir de entonces grabará Roxy Music, al menos hasta Siren, serán excelentes, sí, pero el enfoque será otro, si no peor, no tan excitante. No toca hoy hablar de ellos, toca recordar uno de los debuts más atrevidos y originales que uno haya podido paladear. Cuarenta años han pasado por él y parece que Roxy Music —portada y pintas incluidas— se ría de ellos.
Ladytron

Texto por Gonzalo Aróstegui Lasarte.
Ilustración por Barce.

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