En mayo de este 2012 publicó el señor Richard Hawley su nuevo (séptimo) Lp Standing at the Sky’s Edge, lo cual no deja de ser siempre motivo de celebración. Sin embargo, parece ser que esta vez el formato de disco al que nos tenía acostumbrados ha cambiado, ¿Hay realmente motivos para preocuparse? Seguro que más de uno arqueó la ceja en su momento.

Resulta que hasta al más fino de los crooners de esta generación, un gentleman de los que ya no quedan, se le puede acabar la paciencia. Se acabaron el blues y las reminiscencias norteamericanas. Con blues me refiero al sentimiento, a esa profunda y continua melancolía tan inspiradora procedente de la soledad, esa amargura que tan excelentes resultados siempre le ha dado al de Sheffield.

Esa voz de barítono con la que era capaz de describir como nadie los más tristes estados de ánimo (también algunos absurdamente eufóricos) se ha cansado de tanto romanticismo. A todos nos puede pasar, al fin y al cabo el presente que vivimos es tan desalentador y terrorífico que uno no puede perderse por mucho tiempo en evocaciones y recuerdos.

Atrás quedan (por ahora) las baladas al amor perdido, aquellas que le granjearon comparaciones con intocables como Presley, Orbison o Cash, atrás los ecos a una tradición estadounidense que conoce como pocos pese a ser más inglés que el té de las 5. Cansado de repetir una fórmula que para mí bien podía mantener eternamente y consagrado como uno de los músicos más respetables del Reino Unido, el señor Hawley vira en su trazado con un disco de marcado carácter psicodélico, ¿Cómo? ¡pero qué demonios! Justo eso fue lo primero que pensé al leer alguna reseña por la red, y sobretodo al escuchar los fraseos arábicos que trazan las cuerdas de «She brings the Sunlight«, por suerte a poco que empiezas a escucharle compruebas que no se trata de ninguna broma («Oh, it’s serious, so serious«). Nunca se pierde en la abstracción que pervierte y divierte a muchos músicos de nueva hornada, no arriesga más allá del sonido envolvente, épico, nocturno y fantasmagórico que antes practicaron compatriotas como los Stone Roses o Echo & The Bunnymen. De hecho en el tema titular no es difícil reconocer el registro de Ian McCulloch en busca del espíritu de su admirado Jim Morrison. 

Con «Time Will Bring You Winter» ya no hay prejuicio que valga, pasada la sorpresa a servidor se le acomodan las orejas y el placer se apodera absolutemente de mis interconexiones sensoriales. Más vale adentrarse en el bosque alucinógeno de la portada y disponerse a pasar un buen viaje, después de todo ¿quién se puede negar a la compañía de este señor con todo el bagaje que tiene a sus espaldas?

Tras la impresionante descarga rockera de «Down in the Woods» y «Seek it» viene «Don’t Stare at The Sun«, lo más parecido que encontramos a «The Ocean«, una verdadera delicia, refugio solitario en la noche a salvo del recuerdo de la luz más ardiente y también la más dolorosa. Sobrecoge escucharle «¿Vi tu cara? Pesa demasiado estar solo esta noche«.

Down In The Woods

La balada «The Woods Colliers Grave» con su inconfundible tremolo nos recuerda a quién estamos escuchando, no es Chris Isaak sino un británico que se puede permitir el lujo de jugar con el color azul hasta darle el aspecto de la metanfetamina (¿?). Antes de despedirse con «Before» (no es el primer momento del disco en el que puede acercarse al sonido que U2 hacían a principios de los 90, cuando eran modernos y babeaba con ellos hasta la rockdelux…) nos deja otra prueba de elegancia y clase, «Leave Your Body Behing You«. La parte lírica no pierde altura, como viene siendo costumbre la creación de imágenes evocadoras es uno de sus fuertes, la diferencia es que aquí los paisajes son tenebrosos y cargados de misterio. Además es de admirar la soltura y naturalidad con que acomete los solos de guitarra, creo que ahí reside el peso que declina a su favor el álbum. Sabiendo que el tratamiento está lejos de lo habitual consigue sonar fresco sin que sobre una sola nota. Conocíamos su talento a las 6 cuerdas pero en este disco demuestra ser versátil como pocos.

Mientras Hawley decide o no volver por sus fueros (y el listillo de Alex Turner toma buena nota de sus lecciones) no está nada mal pasar de vez en cuando por este «Standing at the Sky’s Edge» , que le sirve para evitar conformismos y repetirse, a parte que a buen seguro aportará a sus directos un toque más variado.

Texto e ilustración por Zorro

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