Hasta hace un par de años el sevillano Quentin Gas era conocido exclusivamente por su rol de frontman en los incombustibles adalides del high-energy sevillano, Los News. Los que vimos al cuarteto en los ciclos de pop-rock del certamen Desencaja, de la Junta de Andalucía, podemos testificar cómo se las gastaba el bueno de Quintín colando una bulería entre el repertorio de su banda. Lo que en un principio podía despertar estupor y asombro acababa por convertir las salas en improvisados tablaos donde los más osados incluso podían irrumpir en escena.

Quentin Gas inicia su particular tratado, su viaje al Sur, a sus raíces.

El caso es que, en unos tiempos en que los payos del indie andaluz se han atrevido a hacer relecturas de flamenco o introducir en su discurso, con más o menos acierto, tratamientos propios de esta música eminentemente gitana, no se me ocurre nadie más habilitado para aventurarse en un desafío tal que alguien con sangre gitana. Si ese alguien no solo se ha criado en un hogar donde hay guitarras flamencas en cada esquina y los tempos vienen marcados por palmas y tacones, si no que encima tiene una contrastada experiencia en las lides del roncanrol…¡Ay amigo! Lo que puede salir de ahí será cosa fina.

Y tanto. Big Sur, debut de Quentin Gas & Los Zíngaros, con esa maravillosa portada del omnipresente Ruvén Afanador que tanto recuerda al Surfer Rosa de los Pixies, es cosa fina. Desde que cae en tus manos se revela ante ti la sensación de sostener un objeto delicioso. Dejas caer la aguja sobre los primeros surcos y antes de que te puedas dar cuenta los violines de “Zíngaro” te llevan de la mano a los territorios desconocidos de la Ciudad fronteriza de los Gitanos. Con una clarividencia en nada envidiable a Calexico, el Señor Vargas inicia su particular tratado, su viaje al Sur, a sus raíces.

En “Sentencia” coexisten el dolor humano, rubricado por el martinete de Curro Vargas, y el universo onírico de David Lynch que volverá a hacer aparición más adelante (“Fire Walk with Me”), además contiene un extracto de “Romero Verde”, de Manuel Molina, cuyo influjo también se deja notar en la coda que introduce a “Le Temps Detruit Tout” justo antes de que se desate el nervio de la distorsión a la manera de los White Stripes circa Elephant.

Disidente y bizarro, el carácter de este lebrijano se va completando y, en ese choque de culturas que es “Big Sur I”, se anima a cantar en castellano. Rock and Roll + Flamenco, Flamenco + Rock and Roll, que dirían los Smash. Interpretaciones desnudas como la desoladora “Kill Me” (¡qué belleza de cuerdas, Mon Dieu!) o la delicada y más pop “Going Back To Sevilla”, terminan por descubrirnos a un autor total. No olvidemos: productor, arreglista, compositor, cantante, guitarrista… Como aquellas producciones de soul de los 70 donde en un yo me lo guiso, yo me lo como de manual, solo los grandes nombres del género se atrevían con semejante hazaña.

Finalmente no puedo evitar trazar una línea mental con aquél excelso romance flamenco perpetrado por Bryan MacLean y Arthur Lee llamado “Alone Again Or”. Y es que la dicción de Quentin, tan aguerrida e impetuosa como acostumbra en Los News, adquiere aquí por primera vez ese veneno, expresividad y matices que lo emparentan con el inolvidable autor de Four Sail y, obviamente, Forever Changes.

Enhorabuena Quintín, ¡Discazo!

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