Fuimos a pasárnoslo bien y lo pasamos de puta madre. Aquí y ahora, a golpe de wassap o más bien su equivalente de Google, lo que dio de sí el jodido puto Primavera Sound 2016 junto al sin par Zorro de la Dehesa:

Jornada del jueves.

– Alessandro Cortini: Brutal colección de matices sin necesidad de ritmo alguno. Aún cuando me quedé fritanga en el Auditori (peligroso lugar después de mucho madrugar y almorzar fuerte con abundantes xiao long bao) fue bastante barbaridad.

– Algiers: Atlanta, Georgia y la base de todo no puede ser otra que el soul y el R&B. Actitud guapísima, personalidad y sonido. Ah, y canciones…

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James Hunter Six: un maestro, un señor, una voz y muchísimo oficio. El tipo es entrañable y dicharachero y su música puro mambo explosivo. Grande.

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Daughter: ella tiene la mirada del tigre. En una hora y escenario más adecuados hubiera sido precioso pero los detalles de su música se perdían en la enormidad y claridad del atardecer. Un grupo de chavalas extranjeras que teníamos a nuestra derecha (una Miley Cyrus y otra Hannah Montana) se dedicaron a hacerse fotos de sus potorros lo que deslució por completo la ingenuidad y languidez de la música que nos rodeaba.

– Air: vimos 3 canciones, incluyendo un momento precioso empapado en nostalgia con «Cherry Blossom Girl». Apuntaban bien los franceses pero nos fuimos a ver a Kamasi Washington.

– Kamasi Washington: nos dieron con la puerta en las narices, el Auditori estaba completo y no nos dejaron entrar. Cenamos escuchando a Suuns de fondo y volvimos a Air.

– Air: llegamos cuando atacaban «La Femme D’Argent» y nos dio un ataque de nostalgia de puta madre.

– Explosions in the Sky: todo sonaba del carajo. Cristalino, perfecto, cuidando cada detalle hasta el extremo, quizás les faltó algo de contundencia, pero poca. Volver a escuchar «Your Hand in Mine» en directo me hizo sentir afortunado, pensé en ella y le mandé un abrazo muy grande.

John Carpenter

John Carpenter: …y por estos raticos merece la pena venir cada año. Fue sencillamente impresionante. Temazos del brutal Lost Themes salpicaban un repaso por los temas principales de bandas sonoras de películas del copón del maestro. Ya sabéis: «Haloween«, «The Fog«, «They Live«, «Escape from New York«, «Big Trouble in Little China«, «The Thing«… Espectacular. Lo de la actitud de este señor además es para darle de comer a parte, se le notaba embriagado de una ilusión implacable. Enorme. Inolvidable.

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Tame Impala: volvimos a los escenarios principales y nos dio tiempo para verles acabar su set. Lo poquísimo que presenciamos no me dijo nada y me dio penica (tampoco tanta) que eso pasara, recuerdo su actuación en 2013 como algo maravilloso, de esos conciertos que se te quedan dentro como algo grande.

– LCD Soundsystem: no podía haber más gente y a las 3 canciones ya no nos aguantábamos. En mi opinión «US vs Them» sonó genial pero «Daft Punk is Playing at my House» se escuchaba destartalada y desnortada. Las rodillas, el cansancio y la intensidad de lo que estaba por venir nos hizo marcharnos.

Jornada del viernes.
– White Fence: las guitarras de Television maduran bajo sol californiano y la sombra de Ty Segall refresca una ácida propuesta. Un puto viaje tan raro como divertido para empezar la segunda jornada primaveril con más buenas vibras que el copón.
– Cabaret Voltaire: junto al entrañable BIG JEFF fuimos a darnos un baño de oscura electrónica de aires dadaistas. El Audiori se colmó de abrasivas obsesiones, de hipnóticos ritmos de corte industrial y de una gloriosa y elegante destrucción. Has de saber que si se te sienta Big Jeff al lado (y por probabilidad en algún concierto te tiene que pasar en esta vida), esa fila va a bailar a su son quiera o no. Pero qué tío más grande…
savages
Savages: si en disco no acaban de matar, en directo rematan con una actitud incendiaria, sudorosa y desafiante. La mirada de los diez mil metros y la tensión sexual como formas de vida. Gritos ahogados en la adicción del amor. Jehnny Beth se marcó una incursión entre el público a lo Iggy que dejó más de un alma incandescente y a sus pies. Fuego helado. Savages, más cojones que el Atleti del Cholo.
– Beirut: ¿sabéis de ese amigo gilipollas que se graba música y se empapa de ella con la intención de crear un nexo en común con una extranjera? Efectivamente, un servidor tuvo un otoño tonto con esta banda y una morena. Los vimos de lejos mientras comíamos, nos revitalizábamos y nos supermineralizábamos (con unos Yatekomo yakisoba calentitos) y sentí cumplir penitencia por un pasado impostado. Ahora paz y después gloria. Pero qué bolazo de Savages, redios…
Bueno, vale, venga. Beirut son como si a Keane les diera por el cine de Kusturica…
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Radiohead: toda una declaración de intenciones salir a escena al amparo de la definición de libertad de la inmortal Nina Simone. No hay miedo, no hay dudas. Los de Oxford empezaron poniendo de largo su flamante a Moon Shaped Pool con un mimo y un preciosismo embelesador. Abrieron boca con unas nuevas composiciones que nos traen de vuelta a una de las bandas más influyentes de las últimas décadas en una forma espectacular. Dibujaron una atmósfera de belleza y paz que se quebró con la línea de bajo de «The National Anthem» y desde ahí, el éxtasis. Aseguraron que no había sorpresas, que todo estaba en su lugar correcto pero con «Talk Show Host» nos hicieron volver atrás en el tiempo y abrazarnos con nuestra ingenuidad 90s, y con «Karma Police» nos hicieron perdernos entre miles de personas por un minuto o más. Mágico ese flamenco de seda y mercurio que es «Pyramid Song» y con el que nos mataron de placer. Qué jodidamente felices fuimos, carajo. Entre canciones que fueron banda sonora de muchos ayeres no pude evitar mandar un mensaje de audio al gemelo que nos faltaba (Barce) y él nos contestó con una foto de ese sol de hijo que tiene. Qué felices somos, hostias. Vellos de punta con cada corte de Kid A que regalaron (130 € de bono mediante), y demencia colectiva con cada parada en OK computer. Son buenos de cojones y sonaron perfectos. Unos bises introducidos por ese espanto que es «Bloom» pero que desembocaron en la relinda «Nude«, en la salvaje «Paranoid Android«, y en las brutales «2+2=5» y «There There«. Hubo tiempo para un segundo bis y aunque Thom Yorke se pillo un buen rebote a lo Axl acabó transigiendo y atacando «Creep«. Seguramente aún ahora esté calentándole la cabeza a Phil Selway con sabe dios qué movida. A nadie amarga un durse.
– The Last Shadow Puppets: borrachos como alimañas y más remojaos en alcohol que unas alcaparras en vinagre estos jóvenes desalmados mostraron su aprecio a los sonidos de Bowie y Scott Walker entre proclamas de taberna. Sería el aire que nos daba o el humo que llegaba pero «Bad Habit» nos sonó más Chichos que el copón. En unos inesperados bises se hicieron un I Want You (She’s so High) de los Beatles que nos supo a whiskey, a gloria y a Triana. También se marcaron Meeting Place y me tuve que acordar hasta de mis muertos.
– Beach House: orfebrería dream pop emparentada con los Nirvana del Bleach. Languidas ensoñaciones de preciosa factura…pero teníamos el cuerpo gitano y nos fuimos a Avalanches.
– Avalanches: desde que nos dejaron las juergas se volvieron otra cosa pero el fiestón que nos tenían reservado para cerrar nuestra segunda jornada es de los que cargan articulaciones y recargan corazones. Preciosos detalles que evocaban a Marquee Moon y el Let’s Dance de Bowie y vaya si bailamos.
Jornada del sábado.
La tercera jornada del Primavera Sound ’16 empezó bien tempranico. Después de soñar con la jodida loca que nos tocó detrás en el concierto de Radiohed que no sólo cantaba las canciones, sino que además hacia las guitarras y demás sonidos marcianos de los de Oxford, fuimos escoltados hasta el Forum por el taxista más cachondo de la ciudad condal. En el Bowers & Wilkins nos esperaba pinchando el genial Bob Mould que tras su sesión se paró a departir con nuestro querido Zorro, a colación del retratazo y la entrevista que podéis encontrar en el Ruta de este mes. Artistazos los dos.
– Bob Mould: siempre que se habla de determinados festivales y del público que arrastran se da pie a toda clase de descalificativos e improperios más o menos justificados. A pocos se le escapará que el Primavera es una especie de romería del postureo y el hipsterismo más atragantable pero para todos los demás nos queda el Hidden Stage. Porque si tienes que comerte tres colas a primera hora de la jornada para conseguir un pase para un concierto, no te vas a encontrar con gente que parece sacada de una despedida de soltero por Graná (pocas lacras peores se me ocurren ahora mismo); no, allí sólo hay fans, respeto y un clima de intimidad ideal para que el bueno de Mould haga de las suyas. Armado con su voz y una stratocaster de la que saca un sonido tan único como envolvente la leccion que dio el ex Hüsker Dü y Sugar fue de las que te quedas loco. Transmite como pocos y galopa entre electricidad como nadie. Amazo.
– Wild Nothing: nos comimos su concierto bien cerquita con la idea de coger un sitio de excepción para algo que llevábamos una vida esperando. A don Brian Wilson. Aires ochenteros que evocaban a los primeros Cure, Echo & the Bunnymen, the Go-Betweens y algún deje a los Roxy Music más indispensables. Ni tan mal. Las esperas con pan, son menos. También suenan más New Order que el copón.
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Brian Wilson: una leyenda. Un mito. Probablemente el más grande creador de armonías vocales de la historia del Poprock y uno de los compositores definitivos de canciones y discos de la vida. Brian Wilson celebra 50 años del inmortal Pet Sounds y lo hace sacándole lustre a esas canciones colmadas de belleza y libertad. Wilson es ahora un entrañable ancianito al que tienen que acompañar al escenario, un afable señor con una honesta, colleja y perpetua sonrisaca que no está para muchos trotes pero cuyas canciones son más que suficientes para acelerar un corazón y/o derretir un alma. Su personalidad sigue siendo magnética y única aún cuando apenas puede moverse y cuando se le notaba que estaba deseando salir de allí. Hasta las luces más brillantes proyectan oscuras sombras.
Disfrutar en vivo y en directo de joyas como «Wouldn’t It Be Nice«, «Sloop John B«, «Here Today» o «Good Vibrations» en boca de su autor es algo que se queda conmigo hasta la tumba. Qué puta clase tiene Al Jardine, maldita sea.
Si me llevé todo el festival pensando en alguna chica cuando sonaban ciertas canciones; con «God Only Knows» no pude evitar pensar en mis colegas, en mis amigos. En los 5. En una actuación tan linda, cargada de buenas vibras y mejores sentimientos no procede contar que una rubia me puso su tanga en la boca. Puto Primavera…
– Drive Like Jehu/Chichos: porque en Más Truenos nos gustan ambos grupos hicimos un picoteo en los dos bolos. Los Jehu nos dieron un baño de posthardcore californiano que rezumaba fuego, lejía y rabia. Un sonidazo espectacular. Por su parte, Los Chichos montaron un sarao de tres pares de cojones entre arengas a los presos («un aplauso para todos los presos«), reivindicación a héroes caídos («el Vaquilla dormido conducía mejor que Fernando Alonso) y cantos a la libertad, a la droga o al propio Vaquilla. Vivan los Chichos cojones ya. Viva el hedonismo y viva la libertad. Haciendo nuestras las inmortales palabras del Jeros: vente misiana juana, vente misiana, misiona juana, vente misiana, misiana juana, que yo te quiero. El cristal cuando se empaña se limpia y vuelve a brillar.
– PJ Harvey: quizás el bolazo del festival. Polly Jean juega en otra liga y el espectáculo que ofreció así lo confirma. Nadie le empató en personalidad, canciones, sonido o imagen. Una dimensión artística inabarcable a la que se le quedó pequeña el escenario principal. Se marcó prácticamente entero su tremendo y reciente The Hope Six Demolition Project (sólo le falto 1 tema) y trenzó una noche para el recuerdo desde en una tensión abrumadora. Su banda, con unos ilustres Mick Harvey o John Parish estuvo absolutamente perfecta y ella, gloriosa. Don Van Vliet, allá dónde esté, puede estar orgulloso, tenemos en Polly Jean nueva capitana, nueva reina. Mágico.
Sigur Ros Cristina Carmona
Sigur Rós: sin tiempo para digerir lo que acabábamos de vivir, el grupo islandés reducido a la mínima expresión (ahora trío); nos iban a abrazar con su propuesta etérea, preciosa y envolvente. Crescendos hipnóticos, agudos imposibles, temas irresistibles, descargas con un poso de agresividad en continua pugna con la paz y serenidad que nadie como los de Jonsi pueden tejer. Un repertorio impecable y, de nuevo, un sonido perfecto y cristalino. Llevaba 10 años queriendo volver a verlos y no defraudaron. Puta crema.
Parquet-Courts
Parquet Courts: por derecho propio los siguientes en la línea sucesoria que tiene a The Fall o Pavement entre sus nobles nombres. Guitarras destartaladas, juguetones e incendiarias, actitud beoda, aparentemente caótica y diversión asegurada. Una fiesta cojonuda empapada en el espíritu de los Modern Lovers. Así sí.
Ty Segall

Ty Segall & the Muggers: otro bolazo inapelable. Nuestro rubiales favorito desató una tormenta abrasiva de proporciones bíblicas con un buen viaje de guitarras eléctricas y derrochando carisma a mansalva. Su último disco no hace mas que crecer en la redacción de Más Truenos y en directo, Ty y los muggers, lo defienden con una furia y un desparpajo maravilloso. Puto amo.

Hasta aquí las jornadas principales del puto Primavera Sound 2016 y hasta aquí donde puedo leer. Celebraremos el fin del festival con nuestros amados Mudhoney en el Raval y con otro golpe de Ty Segall y Avalanches en la Apolo; pero como servidor tiene la sana intención de ponerse como una perita en dulce ya si eso que lo cuente otro.

Por Med Vegachúpate el codo Andrea!)

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