Ahora que Pearl Jam acaban de dar carpetazo a una mini-gira europea que NO los ha traído por España, no puedo evitar tener más presente que de costumbre aquella estupenda noche en el Pacific Coliseum de Vancouver. Lugar predestinado a albergar una velada llamada a ser especial. Allí iban a cerrar Pearl Jam su gira canadiense y lo iban a hacer en el emplazamiento más cercano a la ciudad que los vio nacer hace unos 20 años. Lugar por el que no pasarían en esta gira PJ20 aniversario, todo hay que decirlo.

Les acompañarían Mudhoney por si fuera poco. Semejante cóctel bien merecía un desplazamiento, semejante cóctel sólo podía saber a gloria.

A estas alturas del partido dudo mucho que me llegue a cansar de esta banda, llegaron a mi vida siendo servidor un pre-púber, quizás en ese momento de máxima sensibilidad y predisposición para que algo te roce y cambie por completo tu mundo. Por supuesto no había Internet, así que la música y la información nunca era suficiente, lo único que uno podía hacer para apaciguar esas llamas ansiosas era quemar TDK’s, juntar revistas y escuchar a Paco Pérez Bryan

De regreso al futuro y a la noche que nos ocupa, Mudhoney salieron a incendiar el Coliseum, no necesitaron más de unos adrenalíticos 45 minutos para dejar claro que ellos son, han sido y serán el sonido de toda aquella marabunta llamada grunge. Aunque ya volveremos a Mudhoney más adelante, que ellos bien lo merecen.

Centrándonos en los protagonistas de la noche, Pearl Jam siguen al pie del cañón y les queda cuerda para rato, dando conciertos de más de 3 horas en los que nunca sabes que temas vas a encontrarte (quizás “Even Flow” para que Eddie se eche un cigarrito) y donde es seguro que lo van a dar todo, ofreciendo tanta energía, dedicación y pasión como amor por la música sienten. Arrancaron con “Elderly Woman Behind the Counter in a Small Town”. Pelos como escarpias. Se avecinaba una buena y vaya sí lo fue, un repertorio apabullante donde sólo pasaron por alto el infravaloradísimo Binaural, y casi Riot Act del que sólo atacaron “Save You”. Aún tocando 6 ó 7 horas se dejarían cosas en el tintero, pero imposible no irse satisfecho de algo así. Pepinazos inevitables de la vida como “Alive”, la mencionada “Even Flow” con solaco del simpatiquísimo Mike como está mandado, “Animal” que es una canción de la que somos superfans en mi casa, “Given To Fly”, “State of Love and Trust”, “Corduroy”, “Porch” y con detallazos gran reserva como “Glorified G”, “Wishlist”, “Pilate” o “Garden” buah, ahí es nada…

Fueron además muy generosos con el fan de No Code (“Hail Hail”, “Present Tense” increíble rebuah, “Lukin”, “Off He Goes” rererebuah, “Mankind” cantada por Stone y “Smile”). La rareza “Bee Girl”, un tema incluso de la banda sonora que Vedder hizo para la, muy recomendable, película de Sean Penn Into The Wild (“Setting Forth”) y, por supuesto, canciones de sus obras más recientes. Del aguacate sonaron “World Wide Suicide” y “Unemployable” mientras que de Backspacer lo hicieron “Got Some”, “Unthought Known” y la delicia “Just Breathe”. Canción que ya han versioneado Dierks Bentley y un tal Willie Nelson, ojo…
No fue todo, hubo tiempo para un temita nuevo “Olé” y versiones, qué versiones, siempre les estaré agradecido por ese mágico “Chloe Dancer/Crown of Thorns” de los Mother Love Bone. Brutal. Para “Search and Destroy” se subieron al escenario Mark Arm y Steve Turner de Mudhoney y para “Rockin’ in the Free WorldBruce Fairweather que fuera miembro de Mother Love Bone y los propios Green River. Toda una celebración de la música del Pacific Northwest en su época más dorada. De hecho Eddie Vedder tuvo palabras de admiración y reconocimiento para Hendrix, los Sonics, los U-Men, los Fastbacks, Soundgarden… y, claro, en lo más alto puso a los tremendos Mudhoney.

Para finalizar y como debe ser “Yellow Ledbetter”, aunque en esta ocasión Matt Cameron se haría cargo de la acústica, Stone Gossard de la batería y como es más habitual McCready se encargaría de abrir las puertas del cielo. La canción desembocó en “Little Wing” la cual interpretaron íntegra. A esas alturas de la noche y desde mi posición se podía apreciar que Vedder estaba sangrando, lo antes dicho, lo dan todo y lo dieron todo.

Si a las dos semanas de mudarte a Seattle tienes la fortuna de presenciar algo así, lo más lógico es que la pedrá te dure toda la vida. En directo siguen siendo imbatibles, en directo siguen siendo necesarios. ¡¡¡Larga vida a Pearl Jam!!!

Texto por mED Vega (animal)

Foto por Oscar Bravo

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