El documental, escrito y dirigido por Drew DeNicola y Olivia Mori, llega a nuestras manos y pese a imaginar que no defraudaría (tal es nuestra devoción por los de Tennessee), el contenido arroja más luz de la esperada sobre una historia, la de Big Star, que parece urdida con el fin de ser contada. Historia que (a estas alturas al avezado lector debería serle familiar) se desarolla por dos cauces o vías no necesariamente paralelas.

De un lado Alex Chilton, aventajado creador al que le sobrevendrían el prematuro impacto del éxito (¡250 conciertos en su último año con los Box Tops!) y el posterior vacío de la ignorancia experimentada en Big Star, activando así en su resbaladiza personalidad un click irreversible responsable de una carrera plagada de claroscuros no exenta de capítulos reivindicables. Del otro Chris Bell, genio de extrema sensibilidad al que el éxito le fue esquivo en vida y cuyo pequeño legado ha florecido con los años en paralelo a una justificada mitomanía cuyo mérito reside en el empeño de familiares y amigos.

El metraje, profuso en declaraciones (excaso en material de video eso sí, montado prácticamente a partir de imágenes), acapara desde la propia banda (el batería Jody Stephens, el bajista Andy Hummel y el audio de una entrevista a Chilton), pasando por el séquito de personalidades en torno a los Ardent Studios (John Fry, Jim Dickinson, Richard Rosebrough, John King o Van Duren entre otros) hasta un amplio espectro coral de distinta categoría y pelaje. Destacables son el tufo a clarividencia que a toro pasado desprenden algunos periodistas iluminados (otros reconocen su cuota de culpa en el ajo) y cómo el tono depresivo se apodera de quienes rememoran aquellos días.

No adolece el film de momentos sobrecogedores provocando indistintamente carcajada y llanto. Las intervenciones de Ross Johnson son francamente hilarantes, pero para servidor, el momento más extremecedor se alcanza cuando los hermanos David y Sara Bell recuerdan al malogrado Chris con unas declaraciones que ponen a prueba la sensibilidad de cualquiera que tenga un corazón bajo el bolsillo de la camisa.

En resumen, y como claves del culto a Big Star y su poética desdicha destacan particularmente por un lado el abandono a su suerte por parte del grupo Stax Records a un sello (Ardent) que no era tal y una concatenación de sucesos desgraciados que van desde el despropósito –la convención/farra nacional de periodistas-, la inexperiencia –el disco no llegaba a las tiendas– hasta la mala suerte pura y dura –esa fallida operación con Columbia-. Por otro (y en parte como consecuencia de lo anterior) cómo el autodestructivo Chilton desperdiciaría ese mismo halo de genio que ensombreció al ya de por sí desdibujado Bell, en la huida de sí mismo en que se tornó su carrera. Una carrera que pivotará en distorsionada interpretación de las enseñanzas de un más que pragmático, visionario Dickinson.

Esencial.

Trailer

Texto por Barce.
Ilustración por Zorro de la Dehesa.

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