Estos treinta años que lleva Nick Cave pariendo discos junto a sus Bad Seeds han dado para mucho. Resumiendo pronto y mal encontraremos en su obra arrebatos de furia desbocada, un descarnado intimismo, un arrebatador lirismo que auspiciaba relatos sobre lo mundano, lo divino o de cualquier índole imaginable, desenvolviéndose como amo y señor tanto de la seriedad de más oscura etiqueta como del sentido del humor más absurdo y radiante. Siempre rezumando clase, elegancia y saber estar hasta para envolver el más vulgar exabrupto. Por el camino han dado forma a un buen puñado de obras capitales de esto del blues rock & roll de alta cama o llámenlo como deseen que total va a dar igual. Por el camino también han quedado secuaces y compañeros de viaje y fechorías… así Push the Sky Away no es sólo el 15º y más flamante trabajo del larguirucho australiano de pelo alquitranado y su tropa, es también el primer disco sin la participación de Mick Harvey.

Ya en la gira del canallesco, macarrilla y funky Dig, Lazarus, Dig!!! (2008, Mute) no se veía al bueno de Harvey nada cómodo, casi arrinconado aún estando en primera fila de los Bad Seeds, cumpliendo expediente mientras Warren Ellis y Cave intercambiaban miradas y sonrisas de complicidad. Ya fuera por Grinderman o por las bandas sonoras en las que vienen trabajando juntos desde 2005, el hecho de que el barbudo Ellis se ha convertido en la nueva mano derecha de Cave es indiscutible, de manera que la baja del último invitado de sus primeras fiestas de cumpleaños por mucho que suponga una pena no repercute en el resultado final de la obra. Eso sí, no todo van a ser despedidas, que también hay que darle la rebienvenida a Barry Adamson. 

Push the Sky Away nos devuelve al Cave más intimista y reposado, cosa que francamente no sorprende tras sus escarceos con Grinderman y el ya mentado Dig, Lazarus, Dig!!!. Si bien esta más que evidente contención no le resta un ápice de intensidad, tensión, visceralidad o impacto a la obra. Que el australiano no ladre no quiere decir que no muerda, que la agresividad no se manifieste no quiere decir que el peligro haya desaparecido… (“And we know who you are, and we know where you live, and we know there’s no need to forgive“) Vamos si eso no suena amenazante a mi que me maten. Desde el corte inicial “We No Who U R“, perfecta introducción de goteante cadencia que marca ciertas pautas que serán comunes al resto del disco, atmósfera decadente, nocturna y desconcertante, tensa calma como la que pueda quedar antes o después de un rabioso tiroteo. Por cierto que poco le pega a este señor un título para un tema suyo en clave sms o tweet, a no ser que con ese pájaro que canta se refiera al propio twitter y con ese árbol al que le da igual lo que cante el pajarillo a él mismo ( “Tree don’t care what a little bird sings…”) como me meta en interpretaciones absurdas no vamos a acabar, así que me las voy a ir ahorrando, todo sea por su bien, mi muy apreciado lector.

 “Wide Lovely Eyes” y sobre todo Water’s Edge son buenas canciones, quizás ensombrecidas por la grandeza del tema al que preceden que es cosa muy seria pero aún así buenas composiciones que se vuelven delicias una vez paladeadas con tiempo y gusto, y con letras de esas que sólo este hombre sabe ensamblar (“Their legs wide to the world like bibles open...”) Pero es que lo de “Jubilee Street” es sencillamente de una belleza exquisita. Un tema destinado a ser clásico instantáneo dentro del legendario cancionero de este delgado y viejo diablo vestido de negro. El oscuro y mortal relato de una prostituta de nombre Bee, una mujer sin pasado pero con historia, historia de la que brota una canción preciosa como pocas. Una joya que apunta a romper en rabia en un par de ocasiones pero que los bellos arreglos de cuerda y el violín de Ellis reconducen hacia la más pura hermosura. Versos de aúpa que te harán volar (“I got love in my tummy and a tiny little pain and a ten ton catastrophe on a 60 pound chain“) para completar una señora maravilla de canción que difícilmente no tocará la fibra de todo el que se acerque a esta singular calle. No decae el ritmo ni el nivel, los dos siguientes temas son igualmente estupendos. “Mermaids” con otra letra de fina ironía y descabellada pluma (“I believe in God, I believe in mermaids too, I believe in 72 virgins on a chain -why not, why not…) y “We Real Cool” que posee una inquietante línea de bajo que va dibujando abismos que se enfrentan a la curiosa y particular melancolía que transmiten pianos y violines.

Vuelve a desmarcarse el señor Cave como uno de los amos y señores del desasosiego y la tensión. La alucinógena “Finishing Jubilee Street” es una suerte de “metarelato” que viene a contarnos el sueño que Nicolás tuvo justo tras finalizar la escritura de “Jubilee Street” y echarse en la cama, un sueño donde se casaba con una jovencita que suena tan seductor e inocente como sucio y decadente.

Higgs Bosom Blues” es la otra gran cima del disco. Una road-movie hecha impresionante canción que a un servidor le evoca al mismísimo On the Beach del coloso Neil YoungBella, tremenda, sensual e impactante y con un sentido del humor muy Cave. Porque muy bueno y muy cachondo hay que ser para mentar en una misma canción a Robert Johnson, Hannah Montana (…does the African Savannah…) y a Miley Cyrus, bueno, vale que es la misma persona pero que mejor para cuadrar el círculo (…Miley Cyrus floats in a swimming pool in Toluca Lake…).

Se cierra la obra con “Push The Sky Away“, que ejerce de perfecto y combativo broche con un Cave al que parece se le escapan las palabras mientras aprieta la mandíbula. Sin necesidad de morder los dientes se te quedarán marcados y vengan como vengan “You’ve got to just keep on pushing, push the sky away“.

Aquí la versión no censurada del vídeo de “Jubilee Street“:

Med Vega

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