Trouble will Find Me es el título del sexto trabajo de la banda asentada en Brooklyn, The National. Una nueva y exquisita colección de canciones que supone una consistente y muy coherente continuación para High Violet (2010) el disco que selló su merecido reconocimiento ante el gran público. El singular y particular universo sonoro de The National continúa en expansión y su discografía, hasta ahora intachable, se antoja difícil de empatar en la pasada década gracias a obras tan tremendas y vitales como Alligator (2005) y, especialmente, Boxer (2007).

El grupo de Matt Berninger, los hermanos Dressner (guitarras) y los hermanos Devenderof (bajo y batería) a base de trabajo duro, una capacidad de lucha inagotable, mucho talento para contar historias y una forma única de contarlas y envolverlas se han convertido en una de las apuestas más elegantes de nuestro tiempo y ojito que se les sigue adivinando un largo recorrido.

The National ya son un grupo maduro, absolutamente único, original y que no tiene que rendir cuentas ante nadie más que ellos mismos. Plenamente conscientes de lo que son y de donde están, quizás hablar de influencias ya no tiene lugar. Sin embargo, un servidor siempre los imaginó surgir en ese preciso punto donde confluyen la nocturnidad, alevosía y elegancia de Afghan Whigs empapados de Nick Cave & the Bad Seeds con el lirismo resacoso de Tindersticks y el amor por la melodía, la pasión por la canción en perfecta sintonía con la más genuina y pura tradición de Big Star.

La inicial «I Should Live in Salt» marca el tono y el ritmo del álbum desde su mismísimo pistoletazo de salida. Suaves acordes y angelicales armonías en constante confrontación con los demonios internos de Berninger. El cantante buscará la redención por el pecado de dejar a alguien atrás y no dudará en torturarse para pagar así su falta “…I should live in salt for leaving you behind...”. «Demons» es otra suerte de lamento, una resignación y una nueva muestra del pesimismo embriagador del barbudo barítono. Su característico fraseo tan intenso como desganado nos apunta que ojalá pudiera superar tantas relaciones decepcionantes, tantas insatisfacciones y/o paranoias fruto del día a día de los tiempos que nos han tocado vivir, pero que por el contrario prefiere quedarse con sus demonios. En ocasiones uno se desenvuelve tan bien entre la melancolía, la desesperación y el fracaso ya conocidos que cuando llegan los triunfos y la felicidad se siente totalmente desubicado. Por suerte, no parece ser el caso de The National, que en este momento de su carrera se les ve bien cómodos e integrados.

«Don’t Swallow the Cap» es sencillamente preciosa, una fina maravilla con una épica contenida que puede recordar a Arcade Fire. Cosa que no es tan de extrañar teniendo en cuenta que entre los colaboradores en el álbum se encuentra el multiinstrumentista de la banda canadiense Richard Reed Parry. También hacen acto de presencia a lo largo del álbum Sufjan Stevens a cargo de la caja de ritmos en varios temas o voces y coros de las siempre fantásticas Sharon Van Etten y Annie Clarke de St. Vincent. La canción además hace gala de una letra deliciosa con versos de verdadero homenaje  como: …and if you want to see me cry, play «Let It Be» or «Nevermind«… Collejísimo, como la vida misma. «Fireproof» es tranquila y tensa, tensión que explotará en «Sea of Love«. Nerviosa y obsesiva como la compleja naturaleza del amor. Otro gran tema, de esos llamados a resplandecer y crecer en directo. «Heavenfaced» por su parte retorna a los tonos sombríos y a la falsa calma. «This Is The Last Time» está repleta de descorazonadoras metáforas («Oh, but your love is such a swamp…»), una vía de escape, un haz de luz de optimismo y que cuenta con un adictivo e hipnótico minuto final. «Graceless» es inmediata, infecciosa y vuelve a apuntar a los cielos, otro trabajo de Bryan Devenderof a las baterías fantástico, esas personales percusiones cíclicas y/o circulares que son una verdadera pasada.

«Slipped» es pura atmósfera, espacios aparentemente vacíos capaces de encerrar mundos completos con una letra arrebatadoramente hermosa y cercana… I don’t need any help to be breakable, believe me, I know nobody else who can laugh along to any kind of joke, I won’t need any help to be lonely when you leave me… «I Need my Girl» crece y se construye alrededor de una frágil guitarra que va dibujando con una pasmosa sencillez un clima de devastación absoluto. «Humiliation» es una vuelta más de tuerca a la clase de canción de temática triste que los National trenzan como nadie pero en unos parámetros muy en la línea de las ya mentadas «Graceless» o «Sea of Love«. «Pink Rabbits» es otra de mis predilectas, una de las cimas del disco, donde se atreven incluso a invocar a Morrissey (vía Bona Drag). Cierran Trouble Will Find Me con «Hard to Find«, perfecto broche final a un disco sensacional.

La música de The National continua siendo vertiginosa, atmosférica, de una densa sutilidad inapelable, repleta de intrincados y ricos detalles. Saben envolverse en cierta oscuridad cuando la canción lo pide o iluminar de brillante optimismo sus composiciones. Las letras de Berninger son mordaces, con el punto ideal de ironía, aportando el poso justo de tristeza capaz de florecer en delicada belleza y  el toque dramático necesario para emocionar sin resultar cargante.

 Sea of Love

Med Vega (To my Star, my Perfect Silence)

Ilustración por Cristina Carmona.

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