Ocho años para dar continuación a Bubblegum (2004) son muchos años. Si bien es cierto que gracias a la multitud de colaboraciones y proyectos en los que Lanegan se ha visto inmerso, no hemos sido privados de una de las voces más personales, vibrantes y estremecedoras de la vida. Ahí quedan trabajos con Isobel Campbell, Soulsavers, Greg Dulli en casi todas sus formas, el bueno de Josh Homme, esa delicatessen de tributo a Jeffrey Lee Pierce que fue We Are Only Riders y mucho, mucho más… ¡qué demonios! ¡Si hasta hemos visto publicadas grabaciones inéditas de Screaming Trees en ese disco titulado The Last Words! En fin, mogollón de material más que recomendable. Con todo, había muchísimas ganas de que este señor retomase una carrera en solitario tan sólida como, aún hoy, prometedora. En esta casa tenemos la creencia, la fe ciega incluso, de que los mejores trabajos de Mark Lanegan están por llegar y, ojito, nos atrevemos a afirmar esto sabiéndonos de pe a pa maravillas como Scraps at Midnight (1998).

En Blues Funeral, Mark Lanegan se presenta en esta ocasión con banda tal y como reza la portada del disco. Banda formada por sospechosos habituales de la talla de Alain Johannes, que también produce o Jack Irons, además de contar con apariciones puntuales tanto de la guitarra de Josh Homme en la contundente “Riot In My House” como de las voces de Greg Dulli (“St. Louis Elegy”).

Si el título del disco ya predispone a que vamos a encontrarnos una atmósfera lúgubre y mortuoria, el arranque con “The Gravedigger’s Song”, “Bleeding Muddy Water” y “Gray Goes Black” confirman que va a ser una travesía oscura donde la voz de Lanegan funciona a las mil maravillas. Tan pétrea, solemne y desafiante como nunca. Destacan sobremanera y quedan más que remarcadas influencias de Kratfwerk o los New Order de Low Life. Interesantísimo el resultado de estas influencias y arreglos electrónicos. No es que el coloso de Ellensburg se haya pasado a la electrónica, no es eso, habrá tonos de gris, pero el resultado con Lanegan de por medio es de un oscuro negro brillante y cerrado.

Justo en el ecuador nos vamos a encontrar el corte donde la electrónica es más protagonista, “Ode To Sad Disco”. En lo que supone, para mí, una gratísima sorpresa. Por un lado el tema funciona genial abriendo caminos nunca antes recorridos por Lanegan, pero es que además la canción se construye alrededor de la melodía de “Sad Disco” pieza dance que sonaba en la segunda parte de la trilogía de PUSHER del director danés Nicolas Winding Refn, ahora bastante popular gracias a Drive, película protagonizada por Ryan Gosling y un elenco que recopila lo mejor de cada serie (Walter White, Joan Holloway, Clay Morrow) y Albert Brooks. Seguro que a Lanegan le flipa esta película… oscura, violenta, delicada, obsesiva, con un protagonista tan parco en palabras, yo creo que sí…

De ahí hasta el final el disco cuenta sólo con grandes balas en la recámara: “Phantasmagoria Blues”, “Quiver Syndrome”, una “Harborview Hospital” que le hubiera encantado componer a The Edge, “Leviathan” y el cierre con “Deep Black Vanishing Train” que también es una pieza muy cinematográfica y evocadora, no sé, a mi me recuerda y transporta al mundo de Mad Max, aunque sin Tina Turner presente, muy a mi pesar.

Un gran disco y una mejor noticia que Lanegan vuelva a poner en vereda su carrera en solitario. Seguimos pensando que sus mejores trabajos están aún por llegar, pero mientras tanto, este Blues Funeral nos sirve para sobrellevar la espera, que como decía el otro es la parte más difícil.

The Gravedigger’s Song

Med Vega.

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