Gracias a uno de mis amigos de Facebook, uno de esos verdaderos aficionados a esto del Ruock que no duda en compartir cada pequeña joya y descubrimiento con los compadres sureños, me topé con este tipo hasta ahora desconocido. Un apuesto blanquito de traje impoluto y estudiado look retro de sospechosa pulcritud que mi colega presentaba como delicatessem. Razón suficiente para «perder» un par de minutos y comprobar de qué se trataba, ya les digo que mi colega es de fiar, que nunca da puntás sin hilo. Al segundo me convenzo, apunto el nombre y poco después descubro que Ruta 66 o la Mojo ya han dado buena cuenta de sus finas maneras.

Luke Winslow forma parte, junto con Justin Townes Earle o Pokey LaFarge, de esa nueva estirpe de trovadores que mantienen vivo el legado de los sonidos añejos provenientes del blues del Delta y el jazz de Nueva Orleans. Un nuevo hombre muy a tener en cuenta ya que dignifica con insultante facilidad y solvencia esa tradición, recuperada en su mayoría por oportunistas poco fiables en clave de revival pastiche. La clave aquí, como siempre, está en la pasión y el respeto.

El caso de Winslow es particularmente creíble por el propio discurrir de su vida. Originario de Cadillac, Michigan, según leo en la Ruta obtuvo una educación musical académica que le permitía dominar la técnica a la perfección, pero que distaba mucho del sentimiento requerido por la llanura y (compleja) sencillez de la música afroamericana. Más tarde abandonaría este academicismo en favor de una búsqueda personal que lo llevó hasta Nueva Orleans, donde renació en todos los aspectos después de haberlo perdido todo, literalmente.

Esa pasión por la pureza del Blues, ese respeto por la tradición y la historia fueron su única compañía cuando comenzó a tocar por las calles de la ciudad de Louisiana. El gospel fue su oración, las jazz bands de inicios del siglo pasado fueron su sueño húmedo y las jug bands callejeras se convirtieron en su mejor terapia. A pesar de todo este aprendizaje, no sería de extrañar que su música permaneciera en secreto como sucede con tantos otros, obrando a la sombra del anonimato callejero, pero ese talento innato sumado a la excepcional técnica antes referida, y por qué no decirlo, un físico cool, fueron suficientes para que hoy aquí estemos hablando del señor Winslow.

Acompañado de una banda, The Ragtime Millionaires, exquisita en todos los palos que se le pongan por delante, con la dulcísima voz de Esther Rose como perfecto contrapunto o a solas con su bottleneck recorriendo el mástil, Luke va deshojando canciones con la naturalidad de quien respira blues por cada poro. En un total de media hora conseguirá no solo hacernos rendir a la evidencia disfrutando de su buen hacer, sino también conmovernos y hacernos bailar con la total seguridad de que el artefacto que ha pergueñado es fruto de la más auténtica honestidad, pese a su agradable digestión y accesibilidad radiofónica.

Escuchen y digánme si no es un placer perderse entre estas canciones.

The Coming Tide

Texto por Zorro de la dehesa

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