Luis Auserón publicaba este año uno de los discos más valientes que se han editado por aquí en mucho tiempo. El que fuera bajista de Radio Futura ha parido con Lejos una colección de canciones de tal crudeza y sinceridad que no podíamos pasar por alto su tremendo trabajo. Confieso que apenas había seguido hasta ahora la trayectoria del menor de los Auserón, todo lo contrario que me pasaba con la de Santiago aka Juan Perro. De hecho, Río Negro (su particular homenaje al sonido Nueva Orleans) editado a primeros de 2011, fue una de esas maravillas coquetas que, tal vez por falta de un hit, pasó inadvertida para las radiofórmulas que durante tanto tiempo le han dado de comer.

El caso es que el bueno de Luis dió con sus huesos a topar con un Fernando Macaya (guitarrista de, entre otros, Los DelTonos) al que no conocía y allá que se juntaron los dos en Santander. Para la primera noche ya tenían registrada la inicial «Loco Lunático«, soberbia balada de una desnudez y sinceridad sobrecogedora. Una especie de versión española del «Hurt» de Nine Inch Nails que popularizara nuestro venerado Johnny Cash, por el clima reposado y la expresividad de la que hace gala el maño.

La imagen de portada, en contrastado blanco y negro, con un Luis de mirada casi perdida, da la bienvenida a un álbum de talante confesional, autobiográfico y ciertamente doloroso. Una obra catártica para el autor, de esas que aparecen sin que nadie las espere. Ese punto y aparte en la carrera de un artista que, tras momentos de pérdida, fracaso, o básicamente dolor, sin saber cómo, por hache o por be, da ante sus narices con un brutal ejercicio de verdad.

Parece ser que Luis hizo acopio del montón de papelajos llenos de letras sin musicar que portaba en el zurrón, los puso sobre la mesa del señor Macaya y juntos (firman todas las canciones al alimón), aunque con la brújula musical de este, fueron buscando el sonido que mejor vistiera a cada una de las canciones que iban surgiendo.

Así encontramos en Lejos momentos explícitos de sinceridad surgidos del desamor en «Tus Palabras» («qué frío tengo/ qué solo estoy/ me voy a echar a perder/ ¿qué hago aquí? / ¿y quién soy yo?/ será mejor ir a dormir«) o directamente «La Razón de la Tristeza» («a la tristeza hay que darle la razón cuando la tiene/ a la alegría no le hace falta nada cuando ella viene«). Y qué verdad, leñe.

No es la única verdad de las que se dicen en el disco. La retahíla de ese vals country que es «Uno Como Yo» («…Para todo tonto hay un sueño / para todo débil un dueño / para todo hombre pequeño uno como yo«) encierra alguna que otra. Y no solo eso, ya que para no perder la chota del todo ha tenido que armarse de fina ironía en más de una ocasión (el single «La Puerta de Cristal«, o el precioso estribillo de «Selecta Sensación«) o lo que parece un falso optimismo («La Hora de la Verdad«). Y debe haberlo hecho para ponderar el peso emocional global del álbum ya que enfrentarse al pasado como lo hace en la desgarradora «Niños», debe haber sido un ejercicio de terapia de enorme esfuerzo. El sonido de la misma remite directamente a los trabajos de un Mark Lanegan por el que Luis no oculta su admiración. Además, a lo largo del disco y dada la alineación de músicos que intervienen (Quique González, César Pop, Chicktones…), desfilan perfectamente dispuestos sutiles arreglos que aderezan las canciones de musicalidad eminentemente americana. Esto es, acústicas, slides, pedal steels, armonios… para un compendio donde Luis abraza por primera vez y con sobrado éxito sonoridades country-rock. Buena noticia pues para nosotros, enfermos como somos de discos así.

Loco Lunático

Texto e Ilustración por Barce

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