En noviembre del ’67 y justo tras el verano del amor iba a ver la luz Forever Changes, tercer álbum del grupo asentado en Los Ángeles, Love. Una obra de arte única y absoluta  que combina unas intensas cotas de brillante, eterna e indescriptible belleza con unos tremendos toques de oscuridad directamente susurrada por los demonios de Arthur Lee, empeñados en convencer al carismático y genial líder de la banda californiana de que la muerte le esperaba de forma infranqueable a la vuelta de la esquina. Estuvo muy lejos de ser un éxito de ventas en su día, como tantas veces ha ocurrido en la historia de la música en todas sus formas y estilos, pero su leyenda, influencia y magia no ha hecho más que crecer desde el mismo segundo que esas canciones fueron compuestas hace ya 45 años. Aún una de las cimas del folk, pop, rock, psicodelia, la vida y el amor. Habrá cosas en eterno cambio pero lo que es seguro que esta maravilla siempre enamorará.

La gestación, atendiendo a la leyenda, fue caótica y convulsa. En un principio el disco iba a ser producido por Neil Young y Bruce Botnick (the Doors – L.A. Woman) pero el coloso canadiense acabó dejando su lado al propio Arthur Lee. También es conocida la historia de que Lee y Bryan MacLean grabarían el disco junto a músicos de sesión debido a que el resto de la banda no parecía estar a la altura pero al ver como las canciones perdían sentimiento y naturalidad a favor de una ejecución más cuidada se acabó apostando por los miembros originales, John Echols (guitarra), Ken Forsi (bajo) y Michael Stuart (batería), aunque concediéndoles unos meses de cuartelillo para que ensayasen las composiciones. Finalmente el álbum se grabó en poco más de una semana y algo menos de 70 horas. Sea como fuere el resultado no pudo ser más fantástico y espléndido.

Perfecto reflejo del punto álgido del verano del amor y los 60 y al mismo tiempo capaz de predecir y vislumbrar desde su grandeza el fin de esos buenos tiempos. La sombra de Vietnam, la muerte, las alucinadas drogas, la tristeza postcoital que aguardaba su momento para embriagar a los amantes de los días del amor libre, la propia incertidumbre vital de Lee, incontables musas con las que contó el genio mulato nacido en Memphis para crear el universo de Forever Changes. Junto al inmenso estado de gracia de Lee encontramos a un MacLean que despacha dos temas impresionantes, “Alone Again Or” y “Old Man” que también se encargará de cantar. Para cuadrar el círculo y por si aún no era suficiente hay en Forever Changes unas orquestaciones impecables, primorosos arreglos de cuerda y vientos que envuelven adorables melodías transmitiendo BELLEZA musical en su máximo apogeo, hermosura indomable que no se marchita.

El disco arranca con la ya mentada “Alone Again Or“. Perfecta mezcla de unas deliciosas y serpenteantes guitarras acústicas, aires hispanos, una trompeta mariachi y brisas del Laurel Canyon. Una música que sólo podía brotar en la costa oeste americana y de una banda donde confluían tan ricamente personalidades, razas, etnias y estados anímicos. La letra es sencilla y espectacular, pasando en apenas unos versos de una descorazonadora y nostálgica angustia a un curioso sentido del humor en un viaje perenne de ida y vuelta. [Yeah, said it’s all right, I won’t forget, All the times I’ve waited patiently for you, And you’ll do just what you choose to do, And I will be alone again tonight my dear; Yeah, I heard a funny thing, Somebody said to me, You know that I could be in love with almost everyone, I think that people are, The greatest fun, And I will be alone again tonight my dear].

A House Is Not A Motel” incluye imagénes de guerra y muerte que colisionan con una preciosa música. Lee estaba convencido que iba a morir en aquella época, así que entregaba sus visiones del mundo y su realidad casi como si de epitafios se tratasen, con la claridad y la contundencia del que ya nada tiene que esconder, con sincera urgencia para marcar a fuego sus últimas palabras y con la sombra del temor que sobrevuela su existencia, nada es lo que parece y las noticias de hoy serán las películas del mañana

Andmoreagain” es pura emoción. Un pedazo de cielo y una de las canciones más bonitas que te puedes echar a las orejas, sin importar a qué se refiriese Arthur, ¿amor? ¿adicciones? ¿obsesiones en general? Da igual, pocas cosas más horriblemente hermosas que ese: “And you don’t know how much I love you…” que se te clavará en el alma. “The Daily Planet” es psicodelia pop de la más majestuosa y elegante factura, con el repetitivo ciclo de la vida de fondo y la muerte como un hombre de hielo acechando.”Old Man” cantada por MacLean, supone otra bellísima canción de amor y redención, especialmente recomendable a todo escéptico del más loado de los sentimientos. Así llegamos al ecuador de la obra (sin contar extras) y es turno de “The Red Telephone“, una cumbre en un disco de cumbres, una sensacional canción repleta de matices y poderosos detalles. Cuenta con algunos de los versos más inspirados de la vida como es: “We’re all normal and we want our freedom, freedom…” o ese inicio esquivo y simbólico donde Arthur asegura: “Sitting on a hillside, Watching all the people die, I’ll feel much better on the other side…”. 

Maybe the People Would Be the Times or Between Clark and Hilldale“, auténtica pasada donde Lee enlaza con una facilidad pasmosa cada estrofa, cada verso y donde juega con su voz y los metálicos arreglos de viento. Aún hoy, tras escuchar esa parte miles de veces, se me pone el vello de punta. Impepinable. “Live and Let Live” de una canción bautizada con semejante lema lo último que servidor esperaría es un comienzo con un verso que en castellano diría tal que así: “Oh, el moco se ha endurecido contra mis pantalones, se ha convertido en cristal“. Esgrimía el bueno de Lee un sentido del humor tan irrepetible como su magnífico genio, además de cierta intuición para predecir acontecimientos, así decía en la misma “Live and Let Live” que sirvió su tiempo, que lo sirvió bien y mucho después, en los 90 daría con sus huesos en la cárcel. Pienso en aquella gira tras su puesta en libertad, con Lee interpretando el Forever Changes de pe a pa y cantando esos mismos versos y buah, cualquier cosa…

“The Good Humor Man He Sees Everything Like This”, imaginería hippie por doquier, flores, verano, chicas, pájaros…pero hay algo retorcido en esta canción, se puede sentir cierto malestar, se percibe cierto desasosiego desde la lindura más exquisita de la música y ese premeditado “fallito” final como giro inesperado… ¿quizás se acaba el resplandeciente sueño de una época? La da da, da da da da… Sobre ese tema y a su manera vuelve a incidir “Bummer In The Summer” una suerte de crítica al amor libre con un intenso sabor al Dylan más bala perdía.

“You Set The Scene” no sólo es el broche perfecto a un disco excepcional es que es una de las mejores canciones que existen. Unos 7 minutos de absoluta grandeza con una letra increíble, ácidas reflexiones de un genio dando lo mejor de si mismo. Otra víctima del lado oscuro que se sacrificó danzando por los 9 infiernos para poder ofrecer una obra de arte tan eterna como el cambio que apuntaba desde su título.
La enormidad y  magnetismo de Forever Changes suele eclipsar buenísimos discos como Love (’66), Da Capo (’67) o Four Sail (’69). Esta situación, tristemente común dentro de sólidas discografías que cuentan entre sus referencias con joyas de desmedida magnitud, en el caso de Love se dispara ya que la popularidad le ha ido llegando con paso firme pero muy poco a poco. Buena parte de responsabilidad en el fuerte impulso que cuentan las obras de Love la tiene la gente de Rhino que llevan reeditando su catálogo con cariño y esmero desde los 90.
  Forever Changes

No importa lo jodida que sea la realidad o que se escoja el camino más largo y sin salida para llegar a nuestro sitio que bastará perderse una vez más en los surcos de Forever Changes para volver a creer en el amor.

Texto y foto por Med Vega. En la foto, Arturo Lee Vega posa lejillos de Forever Changes porque siempre fue tímido y arisquillo.

And for every happy hello, there will be good-bye.

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