Ni el mejor ni el más idiosincrático de su autor, Transformer (1972) es —paradoja o no mediante— el más famoso de los álbumes de Lou Reed y el que contiene las canciones más conocidas del maestro neoyorquino. Aproximarse a su segundo elepé en solitario creyendo que vale como epítome de su obra o que no hay Reed de igual (o mayor) interés es un error radical que, igualmente afirmo, no invalida las excelencias de Transformer. Mimado por su rendido admirador David Bowie y Mick Ronson —que vienen de grabar y publicar el inconmensurable Ziggy Stardust—, el fundador de la Velvet Underground deja que ambos maquillen (“Después la crema base, factor número uno / Lápiz de ojos, caderas rosas y labios brillantes, muy divertido (…) / Carmín y colorete, incienso y hielo / Perfume y besos, oh todo resulta tan agradable“, canta en “Make Up”) unas composiciones cuyo fundamento es ya espléndido, y que pueden ser agrupadas en los siguientes bloques:

  • Temas directos y roqueros de raíz velvetiana y stoniana a los que las guitarras de Ronson y Reed dan un sabor estupendo: “Vicious”, “Hangin’ Round”, “Wagon Wheel” y “I’m So Free”.
  • Baladas de inmarcesible nobleza que crecen hasta el infinito gracias al piano, los arreglos y los coros de Ronson y Bowie —”Perfect Day” (suerte de vals hecho pop) y “Satellite Of Love”—, y en las que los mundos de Lou Reed y del autor de Hunky Dory se acercan hasta acabar confundiéndose.
  • “Walk On The Wild Side”, o el tema que todo el mundo ha escuchado de Reed. Nadie ha cantado con mayor calma, elegancia e hipnótica fascinación versos tan provocativos como “Candy vino de fuera de la isla / En el cuarto trasero era un encanto con todos / Pero nunca perdía la cabeza / Ni siquiera cuando la chupaba“, convirtiendo en delicada poesía lo que podría pasar por exabrupto procaz. Y pocas veces un saxo barítono ha sido tan cálido y sensual como el que Ronnie Ross toca al final del corte.
  • Invitaciones al cabaret filtradas por Lou y sus productores y protectores: “Goodnight Ladies”, “New York Telephone Conversation” y “Make Up” (ésta más sui géneris).
  • Una canción que no entra en ninguna de las anteriores clasificaciones, “Andy’s Chest”, pero que bien podría ser el momento del disco donde Bowie y Ronson más peso adquieren, a pesar de que hablemos de un original de la Velvet. Otra joya, claro, de más está decirlo.

Cada uno a su manera, Berlin, Rock ‘N’ Roll Animal, Street Hassle, Take No Prisioners, The Blue Mask, New York y Magic And Loss irán dibujando un retrato (fuera y dentro de los escenarios) más certero de su creador (y en algunos casos superior), pues en ellos su parte alícuota no se ve rebajada tanto como en Transformer. No quieran ver en ello recriminación alguna —no es mi intención, desde luego—, simplemente la constatación de un hecho objetivo que carece de importancia cuando volvemos a caer en las embelesadoras redes de un álbum de Lou Reed, sí, pero que sin David Bowie y Mick Ronson no hubiera existido. Al menos, no como lo conocemos.

Vicious

Texto Gonzalo Aróstegui.
Ilustración por Zorro de la Dehesa.

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