La situación de Los Enemigos de Nada (1999) poco tiene que ver con la actual. La maquinaria que entonces trabajaba perfectamente engrasada, y que pese al desgaste y la rutina no dejó jamás de ofrecer discos con enjundia, hoy se presenta renovada, con la misma autoridad de la que siempre hizo gala y con un puñado de nuevas composiciones con las que se sienten de nuevo ilusionados.

Han pasado 15 años sin tocar y escribir música juntos, y tras estos años ni Josele Santiago es el mismo ni la experiencia de Fino, Chema y Manolo ha dejado de crecer. Los demonios que entonces sobrevolaban buena parte de sus composiciones han dejado paso a una sobriedad y paz que quizás rebajen el nivel de exorcismo del lote, pero no piensen ni por un segundo que eso afecta a la calidad de las composiciones. Sobrellevar el paso de la vida y aceptar la madurez cantándolo en “Café con sal” no es sino signo de valentía y honestidad:

No tengo demonios de más, los que hay están donde tienen que estar

He de confesar que las primeras escuchas del Lp me dejaron un poco frío. Es cierto que tú y yo tampoco somos los mismos de hace 15 años y que desde el anuncio de su publicación ni siquiera me había preguntado qué era lo que esperaba de la banda después de tanto tiempo. Pero poco a poco, con algo de paciencia y confianza, como sucede con los colegas de toda la vida a los que llevas años sin ver, mientras uno se va dejando impregnar de esos pequeños matices y destellos característicos del sonido Enemigo, aceptas que ciertos riesgos no se pueden mantener para siempre, comprendes que no sólo son los mismos tipos de entonces sino que su espíritu se mantiene intacto pese a todo.

¿Qué pegas podemos ponerle al rock vitaminado y sarcástico de “Vida inteligente” o “Cementerio de elefantes“? Pues ninguna. Josele siempre ha sido un escritor mordaz, un tío que no se anda por las ramas a la hora de reirse de sí mismo y de los demás, con la misma socarronería y mala leche que permiten advertir la presencia del veneno detrás del verso más facilón. No olvidemos que con 25 años sus textos podían tener origen en una conversación en el bar, en una esquela del periódico o una película de Bergman.
Los Enemigos son unos supervivientes, ellos lo saben, y por eso el disco respira ese ánimo de victoria, tan desprejuiciado y ajeno a las tendencias de moda como siempre. Porque una vez más han sido fieles sólo a ellos mismos, al fin y al cabo eso es lo que les ha llevado a donde están, como el islote tozudo y sincero que han sido toda la vida.

La vena pop de autor que Josele ha venido desarrollando estos años en solitario, iniciada en el imprescindible La vida mata (1990, Gasa), deja aquí un par de joyas que no ofrecen espacio a la discusión. “Firme aquí“, de tono ligero y mensaje amargo (el drama de las preferentes que la propia madre del cantante sufrió) y “Hombre que calla“, con la sociedad individualista actual como telón de fondo y el punto de mira en la herencia genética que silenciosamente acaba matando cada uno de nuestros egos, salpicada con unos solos absolutamente deliciosos. Ambos números remiten directamente al citado La vida mata en versión pluscuamperfecta siglo XXI, junto con “Gurú” y “Aflición“. Esta última quizás la pieza más emocionante de todo el conjunto, con un indisimulado influjo procedente de la Seattle de Pearl Jam que me produce múltiples sensaciones, en la que Josele demuestra que su operación de garganta es una noticia cojonuda.

Tanto en la faceta intimista como la más deshinibida las guitarras vuelven a ser seña de identidad de la banda, a destacar los solos de Manolo Benitez, espectaculares, casando el virtuosismo con la pasión. Por otra parte, los amantes de los riffs más pesados tendrán nuevas candidatas a favorita en la próxima gira para agitar cabezas (con o sin melena) y poner a prueba su técnica a la air guitar. Yo me quedo con el nervio de los rocanroles, con el exquisito gusto a la hora de ganarle el pulso a los tiempos medios y las baladas: “Mare Nostrum” (“espléndido páis, próspero y civil gobierno, nadamos hacia ti metidos en nuestros barreños, norte de mis sueños“) , “Estrella Fugaz” o “Perra tuerta“. Canciones que crecen y se estiran (parecen escritas al día siguiente de Nada), para servidor la verdadera piedra angular del género autóctono 100% Enemigo, coplas que son mucho más de lo que parecen a primera vista. Me quedo con la celebración de otro disco Enemigo, otra firme muestra de lucidez y talento a la que le quedan meses (y años) para sacarle todo el jugo, que habrá de degustarse en directo para convertirlo en fiesta completa.

Otro motivo más para brindar al sol por el fantástico año que se acaba y por el que está por venir.

Texto e ilustración por Zorro de la dehesa

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