¿Quién puede entender los mil hilos que unen las almas de los hombres y el alcance de sus palabras?

(Nada, Carmen Laforet)

¿Modo imperativo del verbo nadar o vacío existencial que nos aterra y engulle? Ambos, claro, pues no es sino una orden la que recibes de los verbos nacer y morir cuando se conjugan de tal manera para que en medio de ese mandato taxativo y perentorio —»Nace», «Muere»— transcurran tus días en el planeta. Paradójicamente, la conciencia que el ser racional tiene de su mortalidad (añada futilidad quien lo considere oportuno) le da armas para burlarla temporalmente, incluso, como es el caso de Los Enemigos, bromeando directamente con la nada de la que venimos y a la que nos dirigimos.

Cuando en 1999 se publica Nada, a la carrera del grupo de Josele Santiago no le queda mucho tiempo, aunque el ya cuarteto —Manolo Benítez es por fin miembro oficial del mismo— se encuentra en un momento de forma estupendo, como corrobora uno de sus mejores discos tanto compositiva como interpretativamente. El sentido del humor surrealista y travieso de la banda, y en concreto de su líder, gobierna las letras de un disco cuya portada —la piscina vacía y calma vista desde el trampolín que encabeza esta entrada— es un cúmulo de sugerencias en ese sentido, un juego con los sentimientos más profundos y trascendentales de muchas personas, mordaz para unos, irrespetuoso para otros; si bien son las canciones y su plasmación instrumental lo que da la categoría definitiva al álbum.

Un potente riff, que bien podría haber firmado su paisano Fernando Pardo, inicia el trabajo y «Me sobra carnaval», que alterna momentos duros con otros más suaves. «Todo a cien», de deliciosos acordes y arpegios de guitarra, contiene versos de irónico hedonismo como los que siguen:

«No puedo parar
no puedo frenar
yo no sé decir basta.
No sé decir no,
sí sé decir más
me bebo la vida
a cucharás…«.

«Ná de ná» es una preciosa balada dentro de lo que sería la concepción enemiga de las mismas, aunque hablando de cosas que a todos nos atañen:

«No intentes cambiarme así.
No me inventes, no me cuentes
sigo siendo el que hay enfrente…
… enfrente de ti
hay un tío de lo más corriente«.

«Sangre, sudor y chicles de fresa» y el tema instrumental «T.T.L.» forman un díptico de rock fornido al que sigue «An-tonio», homenaje emocionante y sensible al músico de Algeciras, a cuya memoria, junto «a la de Pepe Risi y a la de Poch«, está dedicada el disco. No se lo cuentes retoma el vigor para cantar que «No me tientes más / con el bien«. Fino Oyonarte tenía intención de meter una gaita en la canción —anécdota exclusiva de esta casa virtual*—, pero Manolo Carro, invitado por el grupo para grabarla, se lo desaconsejó. «¡Con Dios!» nos enseña a Los Enemigos en versión ska, mientras que «Claro que arde» es otro tema lento y hermosísimo con versos tan enormes como

«¿Qué misterio insondable es
que no tenga cara amable
lo que amable fue?«,

poético epítome de la complejidad de las relaciones entre los seres humanos, pues el interior de cada cual está completamente proscrito al resto, que no nos conoce por lo que somos sino por lo que simulamos ser. «Héroe o basura» da con la cara más desenfadada de la banda y «Razas de Caín» con la más punk; dos cortes que no están mal, pero que, en mi opinión, significan la parte más floja del conjunto. «Animal», sin embargo, redime este pequeño bajón mediante una pieza muy atmosférica que puede referirse, o no, a Chema «Animal» Pérez, el batería del grupo madrileño. En todo caso, queda claro que «Yo, de mayor / quiero ser animal«.

Así concluía Nada, otro ejemplo de que en cuestiones de rock nadie o casi nadie tosía (ni tose) a Los Enemigos en territorio español. Su estilo hacía años que era inconfundible, y su soltura y buen hacer, incontestables. Aquí añadían matices, sólidas y brillantes ramas al tronco castizo de Malasaña del que emana toda la obra compuesta, principalmente, por Josele Santiago, pero dotada de vida por cuatro intérpretes como la copa de un pino, ya que hablamos de árboles. Todo, aunque digan Nada.

Me sobra carnaval

* se refiere a Ragged Glory.

Texto por Gonzalo Aróstegui Lasarte.
Ilustración por Zorro de la Dehesa.

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