Parece que haya pasado toda una vida y en realidad no es para tanto, ¿o sí? El caso es que ya disponemos de suficiente perspectiva para entrar a valorar la relevancia de los hechos. Pongámonos en situación: En 2001 Los Strokes dan un golpe en la mesa con un disco fresco e instantáneo. Visto hoy, el tiempo da la razón tanto a los proclamaban las bonanzas de aquél deslumbrante Is This it? (RCA, 2001) como a los que auguraban a los neoyorquinos la fugacidad de un amor de verano. Para echar más leña al fuego en 2002 se sumaron a la causa unos tal Interpol, y con Turn On the Bright Lights parecimos palpar la salvación del rock con nuestras propias yemas. Mientras tanto, en España el indie empieza a bostezar, no sabemos si con intención de despertarse o a causa de su propio sopor. Ese mismo año Nacho Vegas debutaba al margen de los intensos Manta Ray con Actos Inexplicables, Los Planetas publicaban el mediocre Encuentros con entidades, Maga debutaban con su primer y distintivo homónimo, Mercromina jugaban seriamente a ser los Mogwai de la estepa albaceteña con Bingo y la prensa pop practicaba el onanismo multicolor con el sutil Popemas de Nosotrash.

Paralelamente, un sello novato que ya intuye el potencial del indie con Not what you Had Thought, del debutante Xoel Deluxe, edita el extraño The Ghost Orchestra de los jienenses Jubilee. A este le seguiran Shining Light Series (2003) y The Phenomenon Caravan Troupe (2004), de Universal Circus y Limousine, respectivamente. Mushroom Pillow, que así se llama la discográfica, demuestra aunar en una insólita maniobra buen olfato y, como luego se verá, excasa visión comercial.

JUBILEE – The Ghost Orchestra (2002, Mushroom Pillow)

Bajo una fina capa de baja fidelidad se destapa uno de los discos de debut más sorprendentes como inadvertidos del estado. La sorpresa de escuchar una voz tan peculiar, comparada en su momento con la de Jonathan Donahue de Mercury Rev, arropada por tal exquisito gusto en arreglos y armonías supuso una noticia ilusionante en aquellos días de 2002. Pedro Cantudo comandaba una nave que parecía venir de otro planeta (el entonces trío lo completaban su hermano Javi Cantudo – presente en interesantísimos proyectos como Whitechapel, Underwater Tea Party o Sixty-nine Millions Inches– y Manolo Gordillo – también en Limousine-) conjugando conocimientos y deslumbrante maestría en géneros a priori heterogéneos, y transformándolos en una suerte de Space-country-rock con resonancias en mayor o menor medida a los últimos Beatles, Wilco o Jayhawks. Generoso en minutaje, el despliegue de hits es de aúpa: folk espacial (“The Ghost Orchestra“, “She is in love with the Rodeo Man“), psicodelia-pop de gran calidez (“Hey little one“, “My life has changed“, “On the radio“), experimentos con aparatología vintage (“Sequentialee“, “Treasure“) y hasta un instrumental easy listening (“Acapulco Meeting“) que junto a otras tantas completan un album bellísimo y extraño donde destaca una producción poco común por estos pagos.

Al igual que ocurre con los otros dos grupos aquí comentados (con los que comparten también el inglés como idioma) Jubilee domina un sinfín de sintetizadores y teclados que contribuyen a una arquitectura rica en texturas y ambientes. A destacar también el desfile por el estudio Sequentialee de todo el plantel de los hermanastros Limousine, y la dimensión coral que otorgan a una colección plagada de inspiración hasta su tramo final (“The Long Winter“, “Reasons“). Para escuchar una y otra vez, este Ghost Orchestra suena hoy igual de disfrutable que entonces y da un sopapo a cualquier memez indie que se aventure a competir en un uno contra uno.

Tras publicar tan colosal debut los estudios Sequentialee adquieren cierta popularidad y los servicios a los controles de Pedro Cantudo son requeridos por cada vez más bandas (Tarik y la Fábrica de Colores, Deneuve, Howe Gelb),  esta cuestión obligará a Jubilee a sumirse en un hiato de aparente inactividad hasta la publicación en 2010 del sublime A Place Called Home, disco que merece capítulo y medio aparte.

The Ghost Orchestra

UNIVERSAL CIRCUS – Shining Light Series (2003, Mushroom Pillow)

En aquellos años -hablamos de los noventas- en que se producía el aparatoso despegue (o aterrizaje) del indie nacional sonaban de forma descarada varios nombres andaluces por encima de la media. Los sempiternos Planetas, los cordobeses Flow, Sr. Chinarro, Los Hermanos Daltón y… Automatics. Estos últimos, además de por cantar en inglés, se caracterizaban por hacer suyo sin ningún complejo ni rubor el sonido que, haciendo bisagra entre los 80 y los 90, se articuló en el Reino Unido bajo rótulo de Noiserock: Spacemen 3, The Jesus & Mary Chain, My Bloody Valentine, Ride, The Stone Roses… Tras alcanzar momentos de gran relevancia (sus presencias en aquellos FIB), la banda de Linares de desvanece cual granulado efervescente dejando para el recuerdo como poco su Space Rock Melodies, con “Watch Over You” como tema frontal.

José Lozano y Poncho Linares, cabezas pensantes de aquel proyecto, se aventuran a continuar explorando nuevos cauces compositivos apilando varias alturas de teclados CASIO y sintetizadores KORG. Les pirra la nueva hornada de bandas que, partiendo del tridente letal que componen Beatles-Beach Boys-Pink Floyd, entienden la psicodelia de forma inteligente (The Beta Band, Polyphonic Spree o Snow Patrol) sin descuidar los acentos melódicos (Gorky’s Zygotic Mynci, The Shins). Junto a ellos José Antonio Mesa y David Morales, ex miembros de Smoker Snails, y Álvaro de Blas (ex-Starchildren).

En 2002 los oyentes de “Discogrande” de Radio 3 premian como mejor maqueta del año su primer trabajo homónimo, mientras que los que sintonizan “Viaje a los Sueños Polares” de los 40, le otorgan el 2º puesto. Ante tal expectación son reclutados por Mushroom Pillow para engendrar su primer lanzamiento oficial al año siguiente. La experiencia en proyectos previos les confiere una seguridad de que otros carecen. Así, el hecho de haber liquidado Automatics con aquel “Wilson, love me” registrado en el Refugio Antiaéreo granadino junto a Carlos Hernández, invita a repetir la experiencia dados los resultados, para evitar pasos en falso.

El contenido de Shining Light Series es un desparrame lisérgico de dimensiones épicas. El disco se despereza poco a poco, como una especie de caja de música que da los buenos días. Así, la apertura con “Lucy in the Space” ya deja claro que lo que viene es todo un viaje hiperbólico y las recomendaciones, al igual que pasaba en aquel Ladies & Gentlemen... de Spiritualized, en este caso deberían ser: “Señoras y señores, suban el volumen de su reproductor, cierren los ojos bajo unas gafas de sol y ajusténse bien los cascos”. A continuación dos singles de psicodelia pop incontestablemente arreglados: por un lado “Magic Styling Mirror,” con una exquisita combinación de fraseos de guitarra y sintes (las trompetas irán llegando más tarde), y por otro “He ‘too’ is a Robot“, ligeramente más pop y accesible. En ambas se deja constancia de su elevado nivel compositivo, ya que desde el principio exigen al oyente estar alerta a unos giros estrofa-estribillo tan mágicos como imprevisibles, conduciendo la visita guiada por estados de vigilia y/u optimismo pleno.

The Pain & The Law” y “Outside the Break” son ejercicios maestros de noise-pop, próximos al sonido Automatics, pero sin una pizca de nostalgia. Poco cambian las cosas conforme avanza el lote, “Mind Circus Pt. I” y “Mind Circus Pt. II” son más mierda de la buena: metacanciones de intrincadas estructuras en las que, una vez te has sumergido, el aislamiento del mundo exterior puede llegar a ser preocupantemente real -intenten escuchar esa bestialidad de 16 minutos titulada “J.U.N.O. (The woman…)” de madrugada y ya me dirán-. La ciencia ficción y el cine son los principales alimentos que abastecen la temática de sus textos (“Browning in the 20’s”, “Wonderland“). Y por si fuera poco, canciones como “Universal” dibujan ya en sus giros vocales valientes trazos que con el tiempo han hecho suyos los propios Planetas que aquí ceden su estudio.

A este Shining Light Series le seguirá en 2008 Hello Sunshine! de corte continuista pero ligeramente menos entonado. Además este 2014 conocíamos la reclusión de sus componentes en busca de material con que dar luz a un 3er. y esperado álbum, pero mientras tanto esperamos reconfortados por las nuevas gamberradas de José Lozano al volante de Murciano Total o, a unas malas, recuperando una y otra vez este debut que, sin lugar a dudas, ocupará por muchos años un rincón en nuestros corazones. Ains…

He ‘too’ is a Robot

LIMOUSINE – The Phenomenon Caravan Troupe (2004, Mushroom Pillow)

La carta de presentación en largo de Limousine no es la de un grupo novel, ni mucho menos. Sus maquetas ya han sonado en Radio 3 y vienen de ganar el popular concurso “desafinado” en 2001, en cuya mítica aparición sorprenden al personal cuando, a mitad de la actuación y movidos por las pésimas condiciones de sonido, deciden abandonar el escenario entre bailes, burlas y descalificaciones varias. Pese a ello, el jurado compuesto por Julio Ruiz (Discogrande), J (Los Planetas) y Jesús Llorente (Discos Acuarela) ya ha quedado suficientemente impresionado.

Sobre unos acordes de piano vuela como una cometa un sintetizador dando entrada a este The Phenomenon Caravan Troupe (título obtenido, como todos sus discos, de traducir un sketch de sus -nuestros- admirados Faemino y Cansado, en este caso el “Carromato de los Hombres Extraordinarios“), se trata de la circular “Not Human Droid“, una espiral de melancolía con una expresiva voz en falsete, la de Manolo Gordillo, que los emparenta con inusitado descaro a lo mejor de la psicodelia marciana que casi en paralelo se está cociendo en los USA. Y decimos marciana porque la siguiente “Lost in Space” bien podría ser su “Life on Mars” particular. Una cápsula que encierra en su interior un enigmático estribillo tras un inesperado giro “what can i do to make you love me / what can i do to make you care / what can i do?“. La canción es conducida por otro de los elementos identificativos de los cordobeses, los bajos del citado Gordillo. Unos supergraves elípticos que, al contrario de lo que ocurre con las anodinas líneas habituales, redimensionan de forma siempre genuina el factor espacio de las canciones.

A continuación Paco Beamuz, verdadero genio y principal compositor de la banda, toma la voz en la 2ª fase del álbum: “It Belongs to the Monster” y su caja de ritmos abren el abanico estilístico tendiendo lazos con el mejor indie electrónico de los noventa (Stereolab, Laika, etc…) que antecede a “A Drive (Palace Version)“, la que probablemente sea su canción más recordada. Una delicia de pop pluscuamperfecto donde todo está en su sitio y en su justa medida, un magnífico ejemplo de psicodelia hecha single atemporal. Justo después sin concesión ni mediar respiro irrumpe la juguetona “June“, otra fábula de amor espacial, esta vez con una estrella del mismo nombre. Posteriormente, tras el breve interludio titulado “Sequentialee #2“, la voz de Manolo Gordillo vuelve a ser protagonista en “For Me that’s all” (imprevisible suite dividida en varios pasajes) y en “Lightning Symphonies” (comprimido vitaminado con arreglos de trompeta y theremin) que confirman el carácter huérfano de una obra rebelde y delicada, mágica e ingrávita como una ensoñación.

La tanda final arranca con la guitarrera “The Big Riot”, un bello y vaporoso corte que supone el último resquicio de Moussy, banda embrionaria donde los cordobeses se sometían a estricta dieta revolviendo en perfecto equilibrio el noisepop de My Bloody Valentine o Yo La Tengo con el salmorejo cordobés y el flamenquín con patatas. Le sigue “Phone Call” breve revisión improvisada de “A Drive“. Para liquidar: “The Madman on the Hill” errático pop agridulce donde el viento y los coros acompañan a Paco Beamuz, sentado al piano sumergido en otra historia de triste ciencia ficción, enfrentándose a la tormenta. Y “Objectives vs. Happiness (Sara’s poem)” donde un angelical arpegio con aspecto de nana infantil (muy a lo The Delgados) termina siendo absorvido por el extraño magnetismo de la psicodelia.

Tras “The Phenomenon…” Limousine expandirá su fórmula en el descomunal, casi inabarcable, The Abyss you can reach with a Hand, para luego pulirla y perfeccionarla en lo que, lamentablemente, es su despedida: The Ultimate Final of the Mystic Heavyweights.

A Drive

Texto por Barce.
Ilustración por Zorro.

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