NOTA: Empezaré vindicando que, a pesar de mi pequeña implicación en la creación de la obra que nos ocupa, las apreciaciones y juicios que a continuación verteré están desprovistas de sentimentalismo en la medida que uno ha conseguido alejar aquí corazón y razón. Aunque, intuyo, se me ve el plumero.

“El Ciento” lleva a Guadalupe Plata al cómic con “Leyendas desde el Pantano”

Me acerco por enésima vez a “Leyendas del Pantano. Guadalupe Plata.” (2017, Bandaàparte Editores), debut en novela gráfica de nuestro colaborador Antonio J. Moreno “El Ciento” y lo hago con el convencimiento de sostener en mis manos un objeto de culto. Y puedo explicarlo señor juez:

  1. En primer lugar, se trata de una generosísima y lujosa edición, tanto en tamaño (21×21 cm) como en gramaje de papel (no hablemos ya de su intenso olor a barniz), por parte de una editorial, Bandaàparte Editores que (especializada en poesía, no lo olvidemos), entendió desde el principio que había que cuidar lo que tenían entre manos y valientemente apostó por el proyecto en su justa medida.
  2. En segundo lugar el carácter genial y único de una obra que, al contrario que los pocos precedentes conocidos (Lagartija Nick, Eskorbuto, Derribos Arias… ), huye del mero homenaje o la elegía post-mortem para adquirir entidad propia deviniendo un ejercicio pionero de viñetismo rock.
  3. Y tercero por que cualquiera que haya sido seducido en algún momento por el surrealista mantra de Guadalupe Plata reconocerá aquí esa cadencia temblorosa y repetitiva, esa tozudez cavernosa implícita en una banda única a la manera en que también lo fueron, con diferente pelaje y maneras, The Cramps, The Gun Club, The Birthday Party o Pussy Galore.

Además, tenía que ser El Ciento el responsable de una obra así. De no ser haber sido él, nadie lo hubiera hecho. Recuerdo cuando, en 2008, Antonio J. ya hablaba a servidor de las bonanzas de la banda de Úbeda. De hecho, así escribía sobre ellos el propio autor en 2009, en el ya extinto Serie B Fanzine: “En su música hay espacio para que Perico se luzca a base de irresistibles slides, riffs cavernosos y conjuras a grito pelao, pero también se guardan para tomar aire en incómodos silencios, o se aceleran con la versatilidad de unas baquetas bien enseñadas. El instinto y la pasión dejan fuera todo vestigio de música cerebral, y ahí es donde realmente se ganan nuestra aprobación. No hay más búsqueda que la que procede del impulso irracional, como si fueran animales a la caza de presa o enfermos mentales babeantes por la seducción de la falda de una enfermera…qué se yo!”

La obra huye del mero homenaje o la elegía post-mortem para adquirir entidad propia deviniendo un ejercicio pionero de viñetismo rock

Es digno de alabar que el autor trascienda lo superficial eludiendo algunos de los méritos más conocidos de los Plata. Otros se hubieran conformado con nutrir la obra de fanfarria y fuegos artificiales que, más allá de lo biográfico, poco hubieran aportado en el plano narrativo. A saber: Ganar los IMPALA europeos por delante de, entre otros, el celebrado Push the sky away de Nick Cave & The Bad Seeds, la inclusión del tema “500 mujeres” en sendos capítulos de las series How To Make it in America de HBO y Shooter de Netflix o las repetidas ocasiones en que Iggy Pop, repito, el jodido Iggy Pop los ha pinchado en su programa Iggy Confidential de la BBC. Nada de eso aparece en la obra del cordobés.

“Leyendas desde el Pantano” (guiño nada velado a las míticas historietas “Tales from the Crypt”) no necesita ser, como apunta el manager de la banda Toni Anguiano en ese conato de prólogo, fiel a la verdad y no lo necesita por que el universo que respiran sus páginas es suficientemente amplio y atractivo como para dejarse arrastrar al fondo del cenagal. Pelis de zombies y serie B, Jarmusch y Berlanga, cruces de caminos y apariciones Marianas, bluesmen muertos y Val del Omar, bares de carretera y mala follá. Todo eso está en la novela de El Ciento.

Pelis de zombies y serie B, Jarmusch y Berlanga, cruces de caminos y apariciones Marianas, bluesmen muertos y Val del Omar, bares de carretera y mala follá se dan cita en la novela gráfica.

Acierta también Antonio J. al dotar de diferente tratamiento estilístico a cada capítulo, huyendo de forma intencionada, según él mismo asegura, de cualquier proceso digital que, coincido, hubiera desvirtuado las connotaciones de una música visceral que poco entiende de trazos limpios y sutilezas.

Así nos movemos del silent film en blanco y negro de “Oh, Lorena”, al pulso cinematográfico de “Yo quiero ser como T-Model Ford”, de la coña marinera de “Tornado” y “Questa o quella” al cripticismo de “La Más Negra Oscuridad” (mi favorita).

En sus viñetas se evidencia un conocimiento y poso que se sublima en detalles más que en palabrería (esas manos haciendo fingerpicking, esas muecas imposibles en directo, esas decenas de guitarras…) que seducen desde la insinuación, que sugieren más que cuentan, que estimulan la imaginación más que explican.

Aquí se intuyen la influencia del disparate underground de Robert Crumb, la ambigüedad de Daniel Clowes, el blanco y negro de Burns y la visión desmitificada del sueño (pesadilla) americano de Tim Lane. Pero aún así el autor consigue desplegar un estilo propio que rara vez se alinea con los autores citados, más bien lo contrario. Y es ahí donde reside en mi opinión su mayor logro, pues si algo es este cómic es Guadalupe Plata en estado puro. Y los que han llegado a conocer a Guadalupe Plata lo entenderán.

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Texto por Barce

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