El suicidio de Vic Chesnutt nos estalló en las narices a los que le queríamos el día de Navidad de 2009.

Lo último que había escuchado de él hasta entonces había sido el conmovedor North Star Deserter y ahí me quedé. Aquél disco me atrapó de buena manera durante una temporada un poco extraña de mi vida, pero no fui capaz de seguirle el rastro en sus siguientes movimientos. Acaso por temor a arrastrarme de nuevo a aquellos difusos días. Más tiempo aún hacía que no le hincaba el diente a los trabajos de Lambchop, concretamente desde los días de Is a Woman (Merge, 2002) y es que, para mí, que me nutro picoteando aleatoriamente de algunas discografías casi por azar, había más que suficiente con lo contenido en los preciosos How I Quit Smoking (Merge, 1996) y Nixon (Merge, 2000). ¿Para qué quería más Lambchop? Eso me preguntaba yo. Y parece ser que eso mismo se preguntó el propio Kurt Wagner cuando, tras el aclamado Live at Merge (Merge, 2009) es sorprendido por la dolorosa noticia de la pérdida de Chesnutt. Es entonces cuando decide dejar la música.

Yendo hacia atrás, uno de los capítulos más brillantes de la carrera del genial Vic Chesnutt había llegado precisamente, de la mano de la banda de Nashville con la edición, en 1998 de The Salesman and Bernadette. Y cosas del sino, parte del repertorio del citado Nixon de Lambchop surgiría de profundas reflexiones de Wagner acerca de los repetidos intentos de suicidio de su amigo Vic.

Dice el propio Wagner que fue la insistencia de su productor Mark Nevers (culpable también del sonido de Andrew Bird o Will Oldham) la que le hizo dejar los pinceles que le habían hecho compañía desde su retiro (suya es la bonita portada que ilustra este álbum) y lanzarse a crear una obra de sonido grandioso, con arreglos como de swing. Ese sonido se presenta cinematográfico en la inicial «If Not I’ll Die«. Una pieza que nos devuelve a los Lambchop más detallistas y deliciosos. La muerte y la imposibilidad humana de esquivar su impacto parecen ser las obsesiones actuales del amigo Kurt. Al escuchar la melancólica «2B2» uno piensa que la cosa va a tirar para disco-homenaje al amigo desaparecido («I don’t want to go to sleep when I’m hungry / I don’t want to wake up when I’m stoned») y que los sentimientos brotarán a pecho descubierto a partir de la pluma del autor. Pero por suerte no es así. Es cierto que hallamos aquí las canciones más personales jamás escritas por este entrañable gentleman con gorra y gafas de pasta, pero los destellos de esa maravilla que es «Gone Tomorrow» (inmenso el pasaje instrumental final e inmenso el videoclip), dejan vislumbrar que Wagner ha vuelto al negocio por la vía de la catarsis vitalista. Afirma el introspectivo autor, inteligente él, que la pérdida de Vic Chesnutt le ha hecho observar el mundo en términos reveladores, abrazando el amor a las personas como tabla de salvación («Never My Love» es, probablemente, su canción de amor más transparente). Y uno percibe esa renovada cercanía a lo largo de un disco que, como todos los de Lambchop, requiere del oyente un plus de atención, un extra de paciencia y de abandonarse a la calma. Si se concede esa pausa a Mr. M, el que escucha se verá recompensado.

La exquisitez orquestal de Lambchop a la hora de vestir sus canciones de nostalgia pop es marca de la casa, eso lo sabe bien cualquiera que los conozca, y no han perdido un ápice de gusto como atestiguan los coloridos instrumentales «Gar» y «Betty’s Overture«. La clase de los arreglos de cuerda de esta gente son reivindicables.

«Nice Without Mercy» o «Kind of» están escritas a la manera del propio Chesnutt. Delicadas y oscuras piezas llenas de lirismo. Como si el tiempo se detuviera alrededor y tú te dejaras llevar entre la niebla, sin saber a dónde, tal vez a un lugar incómodo del alma. «Buttons» y «The Good Life (is wasted)» nos transportan a la época de Nixon, que por derecho propio, se ha erigido como el álbum más venerado por los fans de la banda.

En Más Truenos celebramos la existencia de proyectos tan sólidos y firmes como Lambchop y recomendamos al personal detenerse de vez en cuando en discos así, pequeños tesoros de sutileza devastadora como este Mr. M. que, estamos seguros, a Vic le ha encantado.

Gone Tomorrow

Texto e Ilustraciones por Barce.

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