Precioso artefacto que cae en mis manos este The Indescribable Tree, tanto en contenido como continente (la edición en cd. es una delicia gráfica). Lo firman KRooked TRee, banda afincada en Sevilla pero comandada por el veterano Dan Kaplan, originario de Nueva York criado en Woodstock, que se ha pateado los escenarios de media Andalucía con su buen hacer folk-rock. El disco, financiado por el método crowdfunding, ha sido producido y grabado, respectivamente, por David Cordero de Úrsula y Raúl Pérez, capo de los estudios La Mina.

A lo largo de este cuidadísimo álbum discurren quedos diversos subgéneros de tradición americana ejecutados suavemente, pero sin escatimar intensidad. Subyace inevitable la esencia de puntales del género (Dylan, Young, Cash), pero la formación clásica de Kaplan y el arropo de una banda sin discusión dotan a estas composiciones de un calado creciente que les hace acreedores de toda nuestra atención. Las canciones, de estructuras esquivas (a veces torcidas, como el árbol que da nombre al sexteto), crecen con las escuchas hasta conseguir penetrar lo que a priori parecería impermeable.

«Angel Wing«, con una bonita obertura, se desliza con gran delicadeza cediendo espacio a cada matiz, dejándose llevar por el vitalista y radiante estribillo («gonna carry me on...»). Por su parte, como si de un díptico se tratara, la escapista «Goodbye, goodbye, goodbye«, anhelo de lo reconfortante que puede resultar la soledad cuando es buscada, y la taciturna «Lonely Days«, alcanzan tales cotas de expresividad que para sí las hubieran querido nuestros adorados Louris & Olson en el fallido Mokingbird Time de The Jayhawks.

Otros números de gran belleza los encontramos en la arrepentida «Come Back» (por momentos calcada a «Angie«), «Hark, Hark» (a medio camino entre Cohen y Cash), que crece exponencialmente cada vez que se incorporan las deliciosas cuerdas o el country «Fall Behind» (esta vez asoman The Band y su inmortal «The Weight«).

Más adelante nos topamos con «Blows Away«, que alterna brillantemente unos intrigantes acordes menores con otros mayores para abrirse en un cojonudo estribillo coral que podría sonar en el Hollywood Town Hall de los citados Jayhawks.

La jazzy «Late at Night«, que a mí me recuerda a Jim White (otro outsider del sonido americana), finaliza con un guiño al finado Manzarek, que ya se intuía desde el principio. Por último, esa epifanía psicodélica existencial que es «Riverrun» es el cierre perfecto para un disco a disfrutar con especial atención, paladeándolo sin prisas mientras se observan los dibujos que acompañan a la carpeta.

Late at Night

The Making Of…

Texto por Barce.

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