Nothing’s gonna change the way you feel about me now es el quinto álbum de Justin Townes Earle en 6 años, si contamos como tal su mini-lp de debut Yuma (2007, Bloodshot), y supone otro paso más en esa huida hacia adelante que es su carrera. Una huida constante de la alargada sombra que proyecta la figura de su padre Steve Earle y, en definitiva, de todos los fantasmas que el flacucho de Nashville ha generado a su alrededor dadas sus tempranas adicciones. Y parece ser que, definitivamente, el joven Townes se ha centrado exclusivamente en la música, porque es empezar a sonar este Nothing’s gonna change… y oye, el olor a Memphis inunda la sala cual café recién hecho, ratificando los logros que le supuso el anterior Harlem River Blues (2010, Bloodshot). Los primeros versos de «Am I that lonely Tonight» arrancan apuntando directamente a la infancia: «Escucho a mi padre en la radio, cantando ‘Take me home again’, a 300 millas de la costa de Carolina y soy de carne y hueso otra vez». Y no será la única vez, pues este «Nothing’s Gonna Change…» está, una vez más, lleno de pasajes referenciales, ya sea apuntando a su madre en «Maria» o «Look the other Way», o disparando a su pasado más reciente como chico malo rompecorazones en «Nothing’s Gonna Change…» o «Won’t be the last time», con pesambre y dolor. Esta vez, lo canta él mismo, cree que puede llegar a ser mejor persona, y eso se transmite.

A un nivel estrictamente musical es un disco continuista, vuelven a resonar los ecos de siempre, Kristofferson, Cash, Springsteen, o su propio padre. Las canciones, desnudas pero sutilmente arregladas, se visten a la manera de las producciones del Stax Sound. El tono reposado general, a excepción de las más directas «Baby’s Got a Bad Idea», «Memphis In The Rain» o «Movin’ On», establece lazos naturales entre country y soul en casos como «Lower East Side», que es apacible melancolía toda ella.

El álbum se grabó en 4 días, totalmente en directo en una iglesia de Carolina del Norte, y fue co-producido por Skylar Wilson, colaborador de Justin desde hace años, quien además se encargó de aportar calidez sentado al órgano en varios de los temas.

Una vez más el debate del posible trato de favor recibido, siendo hijo de quien es, lo dejaremos para otra ocasión ya que la de Justin tiene tintes de ser una carrera de largo recorrido, sin grandes alardes pero rebosante de clase y excelentes maneras.

Texto e ilustración por Barce.

Movin’ On

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