Ni que decir tiene que Mr. Cash ya era un señor coloso cuando el barbas de Rubin se encerró con él por primera vez.  Su legado ya era legendario y sus discos míticos antes de esta última colección de canciones. Todo lo que había hecho Cash antes de los American era inmortal y merecedor de la desbordante atención que recibiría a raíz de los mismos. Grandeza y mito que crecieron aún más con su muerte y con la discreta y políticamente correcta película sobre su persona, protagonizada por el ahora también barbas Joaquin Phoenix.

Merecida pleitesía aunque tardía. ¿Acaso no son indispensables obras como Ride This Train, Blood Sweat & Tears, Bitter Tears o Sings the Ballads of the True West? y eso por citar varias que no sean los magníficos directos en las cárceles con el At Folsom Prison a la cabeza.

Eso sí, esta última etapa que no representaría ni la punta del iceberg de una discografía a todas luces apabullante es el ejemplo más contundente que se me ocurre como definición de morir con las botas puestas y hacerlo a un nivel compositivo e interpretativo escandalosamente alto, sobre todo si hablamos de un señor que rozó los 50 años de carrera.

A un servidor le gustaría decir que ya disfrutaba de su música en los tiempos del Johnny 99 pero mentiría, en esos días mis oídos no estaban lo suficientemente maduros ni para las canciones de Miliki. Así que lo único que uno ha podido vivir a «tiempo real» de semejante titán ha sido la época de los American Recordings

AMERICAN RECORDINGS  (1994, American Recordings)

Rubin se lleva a casa a Cash y en su propio salón graban el multipremiado primer volumen de los American. ¿La fórmula del éxito? Ni más ni menos que la impresionante voz de Cash arropada simplemente con su guitarra, el de Arkansas resulta tan certero como Eddie Felson empuñando un balabushka.

La cruda y solemne voz de Cash va a llevar el peso absoluto de la obra, que se abre con la impactante «Delia’s Gone«, amor, balas, muerte, cárcel.  Queda claro desde el primer momento que el maestro vuelve al lugar del que nunca se le debió echar, la cima.

En todos los volúmenes, Cash, va a hacer versiones de temas tanto suyos («Oh, Bury Me Not») como ajenos, en su primer volumen hay una acertadas selección de clásicos: el «The Beast in Me» del que fuera de la familia Nick Lowe, “Why Me Lord” de Kris Kristofferson, el “Bird On a Wire” de Cohen o el tema que cierra el disco “The Man Who Couldn’t Cry” de Loudon Wainwright. Además tanto Danzig (cliente habitual de Rubin) con “Thirteen” como Tom Waits escriben canciones expresamente para Mr. Cash, más tarde Tom Waits grabaría ese “Down There by the Train” para sus Orphans.

Cash hace suyas las canciones y se alza como verdadero protagonista. Además se encuentra en una gran forma compositiva, temas como “Redemption” o “Like a Soldier” dan  buena muestra de ello. Además de “Let the Train Blow the Whistle” o “Drive On”.

El disco obtuvo muchos premios, y el reconocimiento de crítica y público, muchos de los que le ignoraban ahora no pueden dejar de venerarle.

AMERICAN II: UNCHAINED (1996, American Recordings)

Para esta segunda entrega Cash cuenta con una banda de excepción, Tom Petty y sus Heartbreakers. El álbum se centra en versiones y tan sólo incluye un tema nuevo propio, el inapelable “Meet Me In Heaven”. A pesar de algunas de las líneas que componen este Unchained, como por ejemplo ese anhelo en “Spiritual” en el que Cash recita que no quiere morir solo, el disco es posiblemente el más optimista de la saga.

Destacar que entre las versiones Cash se atreve con el “Rowboat” de Beck, tema que abre el disco y con un “Rusty Cage” de los enormes Soundgarden que incluye un cambio de ritmo en su ecuador sencillamente espeluznante. Ya que pasaban por allí también hay revisión del “Southern Accents” de Tom Petty que le va a Mr. Cash como si de un traje negro se tratase.

Todo eso unido a esa pieza que brilla con luz propia, “The One Rose” hace de Unchained una continuación espectacular al primer American que también sería recompensada con un Grammy.

AMERICAN III: SOLITARY MAN (2000, American Recordings)

Toda una declaración de intenciones comenzar con “I Won’t Back Down”, sobre todo si tenemos en cuenta que en este punto de su vida la salud de la leyenda flaquea considerablemente. Una neumonía le obligó a cancelar una gira de forma precipitada pero no le impidió continuar grabando, como él mismo asegura en el clásico de PettyNo retrocederé”.

Le sigue otra versión, un “Solitary Man” vibrante, original de Neil Diamond, señor que recientemente también ha sido producido por Rubin en un intento, salvando las distancias, de seguir esta tradición de desnudar a voces legendarias en los últimos coletazos de su carrera.

Al igual que en el vol. 2, sólo encontramos una canción absolutamente nueva de autoría propia: la profunda “Before My Time”, porque el amor es amor y no cambia en un siglo o dos…

Cash aprovecha y se cobra con canciones viejas cuentas, aquella colaboración en “The Wanderer” con U2 se salda ni más ni menos con una solemne revisión de “One” y si Nick Cave en los tiempos del Kicking Against the Pricks no tuvo reparos a atreverse con “The Singer” aquí y ahora Mr. Cash se iba a marcar un “The Mercy Seat” más oscuro que nunca. Comparar las originales con las versiones que desenfunda Cash no tiene lugar, son cosas distintas y si no que se lo pregunten a Trent Reznor, pero eso aún estaba por llegar.

Otra gran adaptación es la de “I See a Darkness” de Wild Oldham que no pierde la oportunidad de colaborar con la leyenda. En el disco también colaboraría June Carter, un buen amigo de Cash: Merle Haggard, ahí es nada, e incluso Sheryl Crow que pone el acordeón para la tradicional “Wayfaring Stranger” que cierra el disco (otra grandiosa adaptación de este tema es el que realizaban los 16 Horsepower y en pleno 2012 Neil Young y sus Crazy Horse volverían a visitar dicha canción).

AMERICAN IV: THE MAN COMES AROUND (2002, American Recordings)

El último disco que sacaría Mr. Cash en vida, la sombra de la muerte se adivina desde la portada donde vemos a una leyenda casi devorada por la negritud, con los ojos cerrados, aceptando un destino inevitable.

La voz del mito, aunque afectada sigue siendo impresionante y posee una pesada carga emocional, pero ojo, ni la enfermedad ni la edad hacen mella en un talento inagotable, “The Man Comes Around” (la canción) presenta al disco de una forma inmejorable, no es difícil imaginar, mientras se escucha, al Sr. Cash con una Biblia en la mano. El Apocalipsis ha llegado y un hombre, el Hombre, decide quien será juzgado, quien se salva y quien será culpado. Para un servidor es una de las mejores canciones de la década de los 2000’s.

Le sigue la devastadora versión de “Hurt” de Nine Inch Nails, cuyo clip es de un impacto tremendo, fue muy galardonado y realmente es capaz de sobrecoger. El propio Reznor al escuchar la canción dijo que ya no le pertenecía, lógico para cualquiera que tenga orejas en la cabeza y un corazón en el pecho.

El resto de selecciones son mucho más variadas estilísticamente que en los otros volúmenes, “Bridge Over Troubled Water” de Simon y Garfunkel, “I Hung My Head” de Sting, “Personal Jesus” de Depeche Mode, “In My Life” de los 4 de Liverpool, la tradicional “Danny Boy”, “Desperado” de los Eagles, todas y cada una pasan por la voz de Cash y se convierten en pequeñas delicias, en joyas inmortales. También aprovecha para grabar de nuevo su emblemática “Give My Love to Rose”.

Se incluyen un par de versiones particularmente especiales, un dueto con un contenido Nick Cave en “I’m So Lonesome I Could Cry” de Hank Williams (curiosa esta elección teniendo en cuenta que en el primer volumen cantaba “The Man Who Couldn’t Cry”) y la que cierra el album, “We’ll Meet Again” que cantase en los años 30 Vera Lynn, Does anybody here remember Vera Lynn? …que cantaba Roger Waters. Canción imborrable de mi memoria gracias a Kubrick y su Dr. Strangelove y que alguna vez he usado para/con alguna chica (…)

Porque no hay mejor despedida que con el We’ll meet again, don’t know where, don’t know when, but I’m sure we’ll meet again some sunny day.

UNEARTHED (2003, American Recordings)

Y aunque Mr. Cash se había despedido, no queda ahí la cosa. Un par de meses después de su muerte se publicaba esta box-set formada por 5 discos que ayudan a completar la experiencia.

Cada disco tiene una concepción particular, así en el primero: Who’s Gonna Cry podemos encontrar re-grabaciones acústicas y austeras de temas clásicos de Mr. Cash. Destacando “Long Black Veil”.

En el segundo, Trouble in Mind,  está formado por tomas más eléctricas y es donde efectivamente encontramos las versiones que hace de temas de Neil YoungPocahontas” y “Heart of Gold” ni más ni menos, estamos hablando de un mito como Cash, pero incluso él ha de hacer versiones de Neil Young, porque si no ¿qué sentido tiene nada?

Por citar algunos nombres que son revisados sólo diré Chuck Berry, Carl Perkins y Steve Earle (olé).

Redemption Songs (3º) – formado mayoritariamente por duetos (el 2º disco de este Unearthed ya incluía uno con Willie Nelson y otro con June).

A destacar: “Redemption Song” de Marley con Joe Strummer (vaya tres patas para un banco) y “Cindy” con un Nick Cave mucho más suelto y disfrutando de la oportunidad.

Curiosidades: escuchar a Cash cantar “You Are my Sunshine” o el “You’ll Never Walk Alone” (ese que suele resonar en Anfield).

El 4º disco, es un sentido homenaje de Cash a su madre, My Mother Hymn Book, este puede adquirirse de forma separada y está compuesto por una serie de temas tradicionales, mayormente himnos cristianos que Cash aprendió de niño ya que su madre solía cantarle. Vale, esto igual lo he visto en la peli, pero sigue pareciéndome flojita tratándose de quién se trataba y con un Joaquin Phoenix y una Reese Whiterspoon fenomenales.

Finalmente, el 5º disco es un recopilatorio de temas de los American sin más particularidad.

AMERICAN V: A HUNDRED HIGHWAYS (2006, American Recordings)

Cash nos dejó huérfanos de una figura elemental en la historia del country, del folk. del R’n’R y de la vida pero también dejó grabadas las voces que Rubin usó para este A Hundred Highways e incluso resultaría tener material para, al menos, otro volumen más.

A pesar de que las versiones son espectaculares y lo curioso y atractivo de las colaboraciones, los nuevos temas de Cash grabados expresamente para cada volumen, aunque sean una o dos canciones, son las auténticas piedras preciosas de la saga, en este nos topamos con “I Came To Believe” sencilla, sosegada y centrada en uno de los temas en torno a los que giró su vida, Dios.

No hay lugar para versiones noventeras a diferencia del resto de Americans, quizás lo más llamativo en esta línea, sea el “Further On Up the Road” de Springsteen, del por aquel entonces reciente The Rising y que me perdone el Boss y toda la E-Street Band con Silvio Dante incluido pero la vida que le da Cash a esta canción no se la dan ni ellos.

El broche final corre a cargo de «I’m Free from the Chain Gang Now«, de una belleza y sencillez sublime.

AMERICAN VI: AIN’T NO GRAVE (2010, American Recordings)

Rubin perdió una oportunidad de oro de demostrar criterio, elegancia y honestidad cuando decidió guardarse temas tras la publicación de la caja Unearthed para ir sacándolos poco a poco en nuevos volúmenes que supongo más rentables. Movimientos empresariales a parte, y al fin y al cabo lícitos, su trabajo en Ain’t No Grave es, como en toda la serie, impecable. Mimando cada nimio detalle con la mano maestra que lo ha convertido en el referente que es en sus labores. 10 temas, que son de una calidad incontestable y mientras lo que vaya sacando a la luz sea de tal nivel siempre será bienvenido.

El tema que abre y da título es estratosférico, una vieja canción de los 50 que le sirve a la leyenda para clamar que no hay tumba que pueda mantener su cuerpo bajo tierra, el árido acompañamiento, en el que destacan unas cadenas y/o grilletes llevando el ritmo es magistral y remarcan el poder de este señor, un tipo enfermo y postrado en una silla de ruedas, sí, pero poderoso y colosal hasta el minuto final de su vida. El segundo tema, «Redemption Day«, original de Sheryl Crow, es otra barbaridad, con otra letra que en sus venas adquiere connotaciones superiores y donde todo suena que acojona, especialmente ese viento final. Pero para letras que en boca de CASH duelen llega el tercer corte, «For the Good Times«, versión de su amigo Kristofferson (otro ejemplo de buen envejecer, impresionantes sus últimos trabajos), aquí, el hombre de negro, de buenas a primeras, nos suelta: “Don’t look so sad, I know it’s over”, abrumador.

Tras este triplete, nos encontramos el único tema propio: «I Corinthianas 15:55«, como ya hiciese en The Man Comes Around, se apoya en el que fuera su gran apoyo tras la muerte de June, la Biblia, su fe. «¿Dónde está, Oh muerte, tu victoria? ¿Dónde, Oh sepulcro, tu aguijón?» Su voz, sabia, y enorme, pese a su estado de salud, hace el resto.

Un piano y una guitarra, continuando la austeridad de la obra/s, sirve de acompañamiento para «Can’t Help But Wonder Where I’m Bound«, que podría actuar como contrapunto al tema anterior, si en aquel la fe vence a la muerte, aquí CASH se pregunta desde el mismísimo título a dónde se dirige. Así pues, tal y como fue en vida se presenta desde la muerte, un hombre cargado de contradicciones a pesar de sus fuertes convicciones.

Para dar carpetazo a un disco repleto de despedidas, dentro de una saga plagada de adioses, se revisita el tema «Aloha Oe«, todo un himno en Hawai, sin duda el tema más famoso de la popular isla, que aquí cumple como bella despedida y a la par resulta lo más anecdótico y curioso de la obra. Obra cuyo último verso es un «until we meet again» que inevitablemente me transporta a como finalizaba el IV. Pues eso, que nos volveremos a encontrar.

No creo que sea capaz de transmitir el respeto que tengo por este hombre y repito que estos discos que representan el final de su carrera y su vida no es lo más grande que llegó a hacer, pero si es quizás una gran forma de iniciarse.

Ilustraciones por Zorro de la Dehesa.

Texto por mED Vega (And I heard a voice in the midst of the four beast, And I looked and behold, a pale horse. And his name that sat on him was Death And Hell followed with him)

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