Kids, ¿os he contado alguna vez  la historia de cómo conocimos a Jean-Claude Van Damme? Pues hubo una ocasión que sin trampa ni cartón, sin esconderse en nombres o duros personajes se enfrentó a la cámara con total honestidad y el resultado fue… bueno, pongámonos en situación primero…

Ains, el cine ochentoso-noventero de hostias como panes, qué cosa más añeja. Hubo una época que había fútbol en los canales autonómicos y después una de acción, pero no una peli de acción al uso, no, una de buenas hostias y estacazos, de sangre, sudor y venganza. Hoy en día parece algo lejano… salvo para La Sexta, claro, responsables de mantener vigente un género que guste o no está en franca decadencia pese a los esfuerzos notables del bueno de Stallone, emperrado en mantener la llama viva y aliado en esta lucha con casi toda figura de aquellos viejos días de gloria y un arma poderosísima, la nostalgia.

Un cine herido de gravedad, por un lado, películas como Matrix, 300 o el tan cacareado 3D les hacía un flaco favor a estos señores, los focos no apuntaban al músculo o carisma del protagonista, la atención era para movimientos a cámara lenta imposibles, flipadas digitales de última generación, efectos especiales que van muchísimo más allá de destrozar un mercado callejero, reventar un helicóptero y media docena de explosiones junto a una buena coreografía de patadas y puñetazos. Por otro lado, los reyes del género van envejeciendo e incluso caducando, nada es para siempre decían tus ojos tristes (¿?) y ni tan siquiera los hombres más duros del celuloide pueden escapar de las garras del tiempo. Ahora, Schwarzenegger se refugia en la política (¿?), Stallone intenta el más difícil todavía para mantener el oxígeno tanto en sus pulmones como en el estilo cinematográfico que le dio todo lo que es, Steven Seagal… en fin, si este señor demostró tener la poca vergüenza de dedicarse al cine ahora no va a dejar el séptimo arte cuando sus movimientos y gestos alcanzan el talento y la intensidad suficiente como para interpretar a una masilla de los Power Rangers. Chuck Norris ha trabajado en la Teletienda y en sus ratos libres inventa y escribe simpáticas chorradas sobre su ilimitado poder que luego reenvía a todos sus contactos de mésenyer esperando que estos a su vez las tuiteen y retuiteen para mantener el eco de su nombre inmortal. Por cierto, vamos a ver si ya la fama de ser omnipotente del barbas Norris la vamos aparcando, que ese señor desapareció en combate hasta tres veces si mal no recuerdo y vale que siempre salía vivo, pero perderse se perdía…

El quinteto titular lo completaría Van Damme, aunque obviamente había muchos otros. Como el brutal Charles Bronson que aún en su años de jubilado cuando se ponía a repartir no lo igualaba ni el rey Lagarto, un oriental muy feo que se llamaba Don “The Dragon” Wilson, Mark Dacascos cuyo nombre ya lo decía todo e incluso estrellas de un día como Michael Paré, protagonista de esa maravillosa Calles de Fuego con la eterna bella Diane Lane y esa deliciosa odisea de Rock and Roll. En fin, había muchos, pero esos 5 eran los primeros espadas y los más pesaos pesos pesados del género.

Nunca fui seguidor de Norris, así que no hablaré de Él más, vayamos a que con su simple mención en vano me quede ciego o se me pongan los huevos en flor. De lo que no hay duda es que Chuache y Stallone eran los más populares y por ello disfrutaban de los proyectos más interesantes, que hasta abarcaban géneros de más calité, del llamado no-de-hostias-cinemá. Así, Sylvester que inclusó se curró un buen puñado de guiones, como el de Rocky con nominación al Óscar incluída y que dirigió un puñado de cintas (Rocky II, Rocky –eye of the tiger –III, Rocky IV, Rocky Balboa, Fiebre del Sábado Noche 2, Rambo 4, se ve que le van los números al muchacho) llegó a participar en películas más que interesantes y junto a grandes actores como hacía en Evasión o Victoria o Cop Land por citar sólo dos.Schwarzenegger protagonizó algunos clásicos básicos, no sólo los Terminators y Predators, también auténticas joyas como Perseguido (Running Man), comedias como Los Gemelos Golpean Dos Veces o Poli de Guardería y cine de un angustioso y tremendo terror psicológico como Junior, en la que nuestro cachas favorito se quedaba embarazado. El Horror, amigos, el horror.

Al enfrentarnos a Van Damme y Seagal llama la atención que los, ejem, vamos a llamar guiones son hasta intercambiables. En ellos un exsoldado/expolícia o un hombre de a pie pero capaz de matarte con su dedo corazón y sobrándole la uña, sufre un ataque que puede ser como represalia por su buen hacer al servicio de la ley o porque sí si es un tipo común. En ese ataque siempre moría la mujer/novia/mejor amigo del héroe, que en un tour de force interpretativo gritaba un profundo e intenso ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOO! Luego el protagonista se cobraba justa venganza (con más hostias que el día que Bud Spencer descubrió que Terence Hill le birlaba las albóndigas de sus espaguettis) salvaba el mundo y se ligaba a una cachonda.

En el caso de Van Damme su capacidad atlética (es mítica su apertura total de piernas, cosa sólo igualada por Ana Obregón en sus posados veraniegos de los 80), su dominio de chopedcientas disciplinas marciales y maneras de matar también le permitían hacer pelis en las que participaba en un torneo de artes marciales o luchaba contra el legendario Tom Pó (con cristales en los puños, flípalo). El travieso Seagal también se creía capaz para esta modalidad de películas, de hecho según cuenta la leyenda en uno de esos clásicos guateques en casa de Stallone increpó a Jean-Claude y lo desafió a una pelea, tras unos preliminares de esos de: «¿qué me vas a pegar?» Seagal abandonó la fiesta insultando al musculoso belga, pero la cosa no quedaría ahí, a Van Damme, que por aquellos tiempos apenas si probaba el Doble V con DyC y la farla, le pareció una gran idea perseguirlo para medirse en sana competición o casi. Stallone impidió la pelea o, como él mismo asegura, que masacrara a Steven Seagal ya que Van Damme estaba mucho más fuerte y entonado aquella noche.

Antes de meterme en materia de la película que nos ocupa creo que puede resultar de cierta utilidad que cuente a qué viene todo esto de prestarle atención a este engendro cinematográco protagonizado por Van Damme y de paso le doy otra vuelta a esta historia.

Vamos pues allá: hubo un tiempo en los que un servidor tenía más oficio y beneficio que el actual y habitaba en la tierra del ahora también desocupado y menudo Sarkozy. Un buen día, que en principio tenía que ser como cualquier otro, mi jefe pletórico, orgulloso y excesivamente pagado de sí mismo incluso para un parisino vino con la cantinela de que nos visitaría para realizar unas gestiones parabancarias un cliente muy especial y que a mí, personalmente, me haría gran ilusión conocer. Como no era la primera vez que me decía algo así y luego se presentaba un español gordo o una señora paraguaya ya entrada en años, no perdí el tiempo ilusionándome con Monica Bellucci, la señora de Karembeu o Charlotte Gainsgbourg.

Reconozco que cuando Jean-Claude Van Damme cruzó el hall no sentí ilusión, primero me abordó una atropellada sensación de: ¿qué cojones está pasando? para más tarde decirme ¿qué puta imagen le he dado a mi jefe para que piense que me puede flipar Van Damme? Eso sí, ya en las presentaciones de rigor, el belga se salió. Me cogió el brazo entero con ambas manos y me dijo: “Encantado, soy Jean-Claude Van Damme”, bueno lo dijo en francés, pero vino a decir eso, bueno tampoco, vino a hacer unas gestiones parabancarias no a decirle a un granaíno quién era (…) Mientras mi jefe tramitaba sus historias, JC me preguntó de dónde era, le dije que español y que allí había muchos fans suyos… yo qué sé, mentira no es… ¿qué le iba a decir a un señor que podría matarme de un cabezazo?, por no hablarle de que llovía le dije que había una peli suya que de pequeño había sido mi favorita y aún hoy me gustaba mucho, él me dijo, ¿cuál? y cuando le iba a decir el título me di cuenta de que no sabía cual era el original, ¡¡putos doblajes de los títulos!! yo me refería a Contacto Sangriento, que ahora sé que se llama BloodSport, como no quería hacerle creer a un tipo que puede matarte de un rodillazo que no sabía de películas suyas pues me vi inmerso en una de las situaciones más esperpénticas que he pasado en mi jodida vida: servidor explicándole a Jean-Claude Van Damme el argumento de una película suya del ’88:

– Es una que es un torneo de artes marciales (modalidad 2), tienes un amigo camionero o algo así, un chino le pega un palizón y le quita su pañuelo, luego en la final el chino te tira arena a los ojos, cegándote, pero vences y recuperas el pañuelo, en la última escena se ve a tu amigo que está recuperándose.

– Ah, sí, esa es BloodSport – sentenció-. ¿Y más actuales?

– La que hiciste con John Woo – respondí automáticamente-.

– ¿Has visto esa en que hago de dos hermanos gemelos?

Ahí me quedé muerto, me sonaban cientos de pelis suyas con esa premisa. Ahora sé que de gemelos ha hecho dos veces mínimo, también había una en la que lo clonaban y otra en la que viajaba en el tiempo y se encontraba consigo mismo y (…)

– Sí, sí, eso tiene que ser complicado hacer varios papeles y tal. Luego me salvó la campana, si me llego a meter en argumentos y hostias (¿?) me hubiera calado y las consecuencias hubieran sido dolorosas, que es Van Damme, carajo.

Ahora estoy convencido de que esa es una artimaña que hace para distinguir a sus true fans de los casual fans. Bien, las cosas como son, fue y supongo que es un tipo de lo más majo y agradable. En cuanto me quedé solo y volví a mi puesto, me metí en Filmaffinity y subí la puntuación de todas sus películas en no menos de un punto, ¿qué otra cosa podía hacer tras regalarme esta historia? Además que podía matarme de un codazo, muchas risas con Pepe, Juanma López o Pablo Alfaro, pero con Van Damme, ni media.

Un tiempo después (circa 2008) de un día que Jean-Claude no recordará y que yo cuento por enésima vez se estrenó JCVD, dirigida por Mabrouk El Mechri, el proyecto más personal del belga. La película cuenta con un prometedor inicio con un plano secuencia maravilloso que parodia las incontables producciones de acción desmedida de las que ha sido responsable. Responsabilidad, importante concepto en la película. Van Damme pega un puñetazo, esta vez en la mesa, y se responsabiliza tanto de sus fracasos personales como artísticos. Ahora para pagar las facturas tiene que protagonizar esperpentos en los más variopintos países pero los años no pasan en balde y le cuesta cada vez más y su hija se avergüenza de él. Incluso se menciona que su último tren se lo ha quitado Seagal. Es importante reseñar que la película NO es una autobiografía, pero JC pone toda la carne en el asador. En ella se cuenta un atraco a una oficina de La Poste y Van Damme se ve en medio del meollo, sin comerlo ni beberlo y sin interpretar al Guile del Street Fighter. Se trata del propio Van Damme, sólo un ciudadano más. En el ecuador del film, Jean-Claude realiza un monólogo con lágrimas en los ojos, sencillamente espeluznante, donde habla de sus problemas con las drogas, de Hollywood, de su vida, experiencias, expectativas y realidades, del fin de un sueño que parecía no tener fin. Pelos como escarpias oiga.

Resulta más que interesante a la par que curioso ver cómo se desenvuelve el musculoso JCVD en su vida cotidiana, máxime cuando servidor ha tenido la suerte de conocerlo en dicho contexto. Sí, interpreta, actúa vaya…

Tras ello, se decía que Stallone pretendía contar con él para su primer The Expendables, en las que participaron el propio Sylvester, Arnold Schwarzenegger, Bruce Willis,  Mickey Rourke (leyenda absoluta), Dolph Lundgren (el ruso de Rocky IV, el malo de Soldado Universal, vaya, esa podía habérsela comentado a JC que esa me gustaba), Jet Li, Jason Statham, Eric Roberts (¡grande!). La cosa, de nuevo dicen, que cuando Jean-Claude le preguntó a Sly de qué trataba la peli, pues Sylvester no pudo, no quiso o no supo explicarlo y el belga rechazó el proyecto. Todo parecía indicar, tras JCVD la película y su negativa a formar parte en el ambicioso -y en mi opinión fallido- homenaje a tan magno cine que los tiros para Van Damme iban a ir quizás en otra dirección. Así, servidor le deseaba lo mejor a un tipo que empezó pretendiendo que no le pegasen en el recreo y llegó más alto de lo que nunca pudo llegar a imaginar para luego darse una hostia de padre y muy señor mío. El musculoso brazo que impulsó el hostión no fue otro que el suyo propio pero quizás los tiempos habían cambiado. O más bien no, porque poco después se le relacionó con un proyecto llamado Weapon que lo enfrentaría a su archienemigo definitivo. Efectivamente, Steven Seagal. Finalmente Seagal se echó atrás (¿viejas rencillas quizás?) y no coprotagonizaron ni una hostia. De hecho parece que Seagui está haciendo la guerra por su lado mientras que los otros se juntan. Así para cuadrar el círculo y tras dar vida de nuevo a Luc Deveraux, el soldado universal. Van Damme, además de Chuck Norris ¿por qué no? sí que estuvieron en  The Expendables 2 de Stallone. Haciendo de malo y llamándose Jean Vilain. Olé.

La primera fue decepcionante para el que escribe, la segunda pues…

Texto por Med Vega.

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