Nadie es capaz de negar la evidencia. El legado de una banda tan mítica como los Stooges tiene demasiado peso a la hora de acercarse a James Osterberg, alias Iggy Pop, pero no olvidemos que se les comenzó a hacer justicia sólo años después de su disolución. Por entonces, Iggy deambulaba de jeringuilla en jeringuilla, dando tumbos, incapaz de ver otra salida.

Hoy en día, sólo él es responsable de sus actos, y de la imagen caricaturesca que tenemos de su personaje. Pero hubo una época en que su nombre aparecía impreso en discos imprescindibles, sólo fue necesaria la mano de un buen amigo.

The Idiot (1977, RCA)

The-IdiotTuvo que ser David Bowie quien apareciera por segunda vez (ya les produjo Raw Power en el 73) para rescatar a Iggy y acogerlo en su casa de Berlín durante más de medio año. Este último venía de publicar el experimental Low (77) producido por Brian Eno, y estaba deseando bañar de sintetizadores y funky marciano la voz de su barítono amigo.

Dejando de lado lo que sucediera entre ellos fuera del estudio, parieron un disco único.

The Idiot es oscuro, sintético, decadente, casi obsesivo. En el momento que empieza a sonar “Sister midnight” se iluminan los neones (cortesía de Bowie) que alumbran la caída de Iggy a los infiernos. El futurista piano-bar de “Nightclubbing” es otro paseo por los callejones sin salida, excelentemente interpretado por la version crooner de Iggy.

En su día, The Idiot dejaría frío a más de un fan Stooge: no hay ni rastro de la urgencia guitarrera de Fun House o Raw Power. Parece que a Iggy Pop le acompañe una banda de blues formada por zombies.

La capacidad evocadora de la clásica “China Girls” sitúa la acción en antros de dudoso gusto. Como un Tom Waits drogota pasando el mono en busca de perversos estímulos en una ciudad tan deprimente como cautivadora. Como el disco mismo.

Con el bajón de “Dum dum boys” la cosa “no mejora”. Y las baladas “Tiny Girls” y “Mass production” despiden el disco de la manera más chunga posible.

Aunque pueda parecer contradictorio, la devastación musical que pobla el disco es la que hace de The Idiot una experiencia fascinante. Irrepetible.

Lust for Life (1977, RCA)

Lus-for-LifeNo conformes con la joya anterior, la pareja de moda saca un segun- do disco pocos meses después. Con el punk hasta en la sopa, ellos prefieren desmarcarse y mirar adelante con el luminoso Lust for life.

Poco se puede decir acerca del tema inicial. Junto con “Nightclubbing”, “Lust for life” (canción) devolvió la popularidad en los noventa a “la perra de Detroit” musicando las dos caras del yonki de Trainspotting (D. Boyle, 1996). Además, el disco contiene su otra canción más conocida, la fabulosa “The Passenger”. Geniales composiciones del Duque y Ricky Gardiner, respectivamente, al servicio de un Iggy en plena forma.

Sin embargo, Lust for life también es el disco de “Sixteen”, única escrita por Iggy. Hambriento de carnaza, rezuma chulería con una cadencia sexualmente adictiva.

Le siguen la bailonga “Some weird sin” y “Tonight”, probablemente la canción más deudora del sonido Bowie de Low. La segunda cara baja un poco el listón con las menores “Turn Blue”, “Neighborhood” (pese al estupendo riff de Ricky Gardiner) y la demasiado discreta “Fall in love with me”. Otra obra (casi) redonda.

Pop y Bowie, simbiosis berlinesa

Pop y Bowie, simbiosis berlinesa

New Values (1979, ARISTA)

New-ValuesFinalizada su etapa Bowie y poco antes de entregar “Soldier” (su última obra arriesgada) y perder así para siempre su instinto de “depredador” indomable, aparece New Values. Su mérito “se reduce” a conterner la mejor tirada de composiciones escritas por Iggy con la imprescindible ayuda de su amigo James Williamson, quien además produce el disco.

El inicio es sencillamente magnífico. Lo insinuado en “Tell me a story” se confirma con aroma stooge en “Girls”, o “New Values”, un rock´n´roll futurista con guitarras repetitivas y teclados espaciales; pero sobretodo en la gloriosa “I´m Bored”, por la que hubiera matado Brian Ferry, pero que sin duda, cantaría con muchos menos cojones. Toda una oda al aburrimiento, recomendable para combatir los efectos de lunes al sol, o idónea para ponerla mientras se acicala uno antes de salir de jaranilla.

Las fotos de la carpeta de Iggy con Williamson, Scott Thurston o Jackie Clark, evidencian el buen rollete que reinó la grabación, y a juzgar por el contenido, la banda suena como si llevara junta toda la vida.

El Iggy Pop más chulo, el que se pone en plan crooner interesante, borda “Don´t look Down”, con ayuda de la sensual negra voz femenina y el saxo. Irresistible. A pesar de estar antecedido por dos discos capitales como son The Idiot y Lust for life, la colección de New Values es perfecta.

“The Endless Sea” es otra moderna balada en clave dub, de tintes desoladores, pero que crece de la manera más bella posible. Además, Iggy canta como nunca.

La siguiente cara se abre con la movida “Five foot one”, guitarras afiladas y vientos certeros. El disco es entretenido de principio a fin, y a estas alturas todavía hay tiempo para sorprender con la juguetona “How do you fix a broken part”, con regusto a Bowie. Al igual que “Angel”, otra balada que podría pertenecer fácil al Ziggy Stardust del camaleón y que confirma las buenas maneras del aprendiz. A estas alturas nadie debería poner su nombre en entredicho.

Aún hay tiempo para echar un baile con “Curiosity”, marca de la casa.

Otra perla es “African Man”, donde Iggy da rienda suelta a sus instintos más primarios. No cuesta imaginarlo cantándola y dando saltitos alrededor del estudio, como un chimpancé: “I´m an African man, I´m an African man, I do what I can…”.

Para el cierre queda la divertida “Billy is a Runaway”, con guiños al riff de la canción titular, para dar más unidad al disco. Cosa innecesaria por otra parte visto el desfile triunfal de la última gran banda de Iggy.

New Values crece por ser casi el único disco que presenta a Iggy Pop como un fino compositor. Superada la alargada sombra de Bowie, firmó junto a su última gran banda un disco atemporal, libre, visceral, arriesgado y accessible al mismo tiempo.

En definitiva, la mejor grabación de la iguana al margen de los Stooges.

[Publicado originalmente en Serie B fanzine, verano de 2008]

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