No podemos ni queremos dejar escapar este 2012 sin pegarle un buen repaso a un disco de la talla de The Russian Wilds de la banda de San Francisco Howlin’ Rain. Los californianos liderados por Ethan Miller (Comets On Fire) se sacaron de la manga el pasado mes de febrero un señor disco, un compendio del mejor blues rock con toques de soul y psicodelia absolutamente delicioso. Una obra fabulosa, vigorosa y fresca que bebe directamente de las mejores fuentes 60s y 70s que se puedan imaginar, completando así una trilogía de Lp’s a tener muy en cuenta. Howlin’ Rain (2006), The Magnificent Fiend (2008) y este The Russian Wilds (2012). Discos  únicos, repletos de carácter, alma y personalidad propia.

En esta ocasión cuenta el barbudo de Miller con nuevos secuaces, salvo el teclista Joel Robinow,  la banda se ha renovado al completo y entre sus nuevos integrantes cabe destacar a Isaiah Mitchell, guitarrista de los psicodélicos y tremebundos Earthless (Live at Roadburn discazo increíble, bien lo sabe Steven Basquiat). Las labores productivas son cosa de Tim Green y de otro reconocido barbas, Rick Rubin, que firma como productor adjunto. A saber, el sonido es quizás más accesible que en sus dos obras anteriores, mucho más pulido y cuidado con mimo hasta el más pequeño detalle.

El disco arranca como un cañón, los tres primeros temas son inapelables y arrolladores y desde el primer segundo empiezan a desfilar ensoñaciones de sonidos míticos, inmortales, legendarios y eternos. Así los primeros guitarrazos de «Self Made Man» son purito Black Sabbath, para después sonar a los Deep Purple y así hasta recorrer un espectro mágico Uriah Heep, Cactus, Little Feat, Mountain, Grateful Dead, Allman Brothers hasta llegar a Howlin’ Rain. Apabullante. Ethan canta endiabladamente bien, como quiere y gusta gracias a una garganta empapada en soul y hard rock. El segundo corte «Phantom in the Valley» comienza sonando a los mejores Eagles con Cornell de vocalista para mutar en una barbaridad de aires latinos que evocan al Santana más inspirado y lejano, aquel Carlos que tocaba las cuerdas de su guitarra como si de culebras se tratasen. Completa el tridente «Can’t Satisfy Me Now«, que huele al Detroit de la Motown, que sabe a la Georgia de los Black Crowes de purita armonía sureña, a la Georgia del gran O. del «That’s How Strong My Love Is«. Belleza y alma, alma de blues.

Tras semejante impacto con tremendo  terna, llega «Cherokee Werewolf» que posee un aire Humble Pie bien rico. El disco coge entonces una senda más reposada aunque igualmente intensa, aunque en los 9 minutos de «Strange Thunder» y tal y como apuntan desde el título alguna tormenta van a seguir desatando. Con todo los medios tiempos son primores igual, así «Dark Side» vuelve a apostar por esos aromas souleros sureños que también le sientan a Ethan Miller y sus chicos y el resultado es brillantísimo. Otro pico de intensidad y preciosez es esa versión que se marcan del «e» de James Gang. Una lindísima adaptación con marcados ecos a Crosby, Stills, Nash & Young. Le sigue otro tema relajado como «Walking Through Stone» que a su vez va a desembocar en un elegante cierre como es la instrumental de marcada influencia jazzy «…Still Walking, Still Stone» donde el bueno de Mitchell vuelve a salirse.

El barbas de Ethan Miller está en pleno estado de gracia y parece haber dado en el clavo con las nuevas incorporaciones y con el sonido de su nueva banda. No se sabe hasta cuando durará el hiato de Comets On Fire pero mientras Howlin’ Rain despachen trabajos como este, si hay que esperar, esperaremos.

Texto y foto por Med Vega.

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