A primeros de noviembre llegaba este The Coincidentalist, editado por New West, nuevo sello para Gelb y con John Parish de nuevo encargado de las mezclas. A priori diríamos que poco ha cambiado y a decir verdad así es, pero según el tratamiento que el de Arizona da al álbum y los colegas implicados intuiremos el no poco empeño que ha llevado a su edición.

En la inicial «Vortexas» Howe nos da la bienvenida («Well, welcome to the desert») y nos adentramos rodeados por gotas de teclado rhodes en ese mundo paralelo de crípticas fábulas e historias inconexas. Luego un giro tonal da paso al estribillo (eso suponiendo que alguna canción de Gelb lo tenga) y a continuación hace aparición la voz de Will Oldham (aquí Bonnie Billy) para finalmente encontrarse ambos vocalistas antes de dar por liquidado el corte (entre campanas y algún sutil coro femenino). No será la de Oldham la única colaboración de renombre pues para esta cita el mentor Gelb ha recurrido a su alumno más aventajado M. Ward, al habitual contrabajista Thøger Tetens Lund y a Steve Shelley (nadie mejor para la batera ahora que Sonic Youth le han dejado en paro). Además ha requerido la steel guitar de John Rauhous y el violín ocasional de Andrew Bird. El plantel convocado solventa una nueva colección soberbia.

«Left of Center» es uno de esos escuetos soundtracks imaginarios en los que el oyente deberá imaginar el título del film y las imágenes a las que acompaña. En este caso yo me decanto por una de esas hilarantes historias Jarmuschianas travestida de western plagado de adorables perdedores y sus consecuentes despropósitos.

Este es, según la promo, el disco donde Gelb vuelve (¿alguna vez se fue?) oficialmente a Tucson (confirmando así el papel del anterior Dust Bowl como disco menor tras las aventuras con los gitanos de Córdoba y el supergrupo Giant Giant Sand) y en «The 3 Death of Lucky» el desvencijado piano que reposa sobre la pared será familiar a todo aquél que conozca los pasos del líder de Giant Sand. La canción apenas necesita un sutil balanceo inicial de steel guitar y los coros de KT Tunstall para acentuar la melancolía en una balada que suena a trademark («…can’t believe my luck»). Algo similar ocurrirá con gran parte del paquete. Los distintos subgéneros del estilo Gelb no tienen aquí excepción. El folk (menos arenoso que de costumbre) está presente en «Running Behind«, «The Coincidentalist» es una pieza de arrastrado pop orquestal del desierto donde la noticia es un Howe que parece entonar lo más parecido a una melodía en mucho tiempo. El modelo de canción desgarbada tiene aquí en «Triangulate» a su ejemplar más genuino (por las enormes 6 cuerdas de Ward y esos coros que son purito B52’s) y «Unforgivable» es rock disfuncional por tener incrustados esos femeninos «parapapás» de carácter naïf.

La chicha para esta ocasión la encontramos en el tramo final. La minimalista «Picacho Peak» (pico de Tucson), es una triste balada de regresión vital (¿autobiográfica?) a piano y «An extended Plane of Existence«, tras ese conato inicial, es otra reflexión en voz alta desde el mismo porche donde se lleva cantando a la soledad de un modo único desde hace más de 25 años.

El mismo piano de que hablábamos antes, bien secundado por pellizcos de contrabajo, sirve de generoso conductor para «Instigated Chimes«, exquisita coda instrumental con que se da por finiquitada esta nueva entrega que, si bien ofrece poca novedad servirá para seguir engrosando uno de los más vastos catálogos de la música americana contemporánea.

Triangulate

Texto e ilustración por Barce.

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