Cuando allá por febrero de 2009 Trent Reznor decía que era el momento de que Nine Inch Nails (NIN) desapareciera por un tiempo, a ninguno de los que hemos seguido la carrera del tito Trent y que hemos consumido halos de forma enfermiza nos quedaba duda de que no iba a tardar en meterse en nuevos fregaos. Desde entonces ha entregado un par de bandas sonoras para sendas películas de David Fincher –The Social Network (la que le valió un globo de oro y un Oscar) y The Girl with the Dragoon Tattoo-, creado música para un videojuego y ha formado una nueva banda, How To Destroy Angels, grupo que se presentaba en 2010 con un EP homónimo y que este mismo mes de marzo debutaba con este su primer largo, Welcome Oblivion.

Si tenemos en cuenta que, al menos en estudio, Nine Inch Nails era/es Trent ReznorHow To Destroy Angels (HTDA) puede parecer su primer trabajo realmente colaborativo en muchísimo tiempo. Quizás la primera vez desde que su popularidad se disparase en los primerísimos 90’s. Aunque, eso sí, todo queda en casa y en un ambiente de lo más familiar. Así, el grupo lo componen junto al propio Reznor, su fiel colaborador Atticus Ross (con el que ha firmado al alimón las mentadas bandas sonoras), Rob Sheridan (artista audiovisual que lleva trabajando con Reznor y NIN desde la época de The Fragile) y Mariqueen Maandig, su esposa, musa y madre de sus retoños.

Juntos elaboran un disco repleto de tensos ambientes cargadito de melodías, donde la pura y cristalina voz de Mariqueen conduce, colisiona y desafia el alargado y oscuro manto sonoro y los indistinguibles ecos a NIN y la marcada personalidad de Reznor. Un Reznor que vuelve a dejar su impronta, su huella, su maestría en el estudio y su innata capacidad para combinar de forma única los mundos analógicos y digitales, como si estuvieran destinados a entenderse allá en sus particulares infiernos.

Keep It Together

La furia desatada, el nihilismo, la violencia, el caos, el barro y la grasa de motor quedarán para sus aventuras con la banda madre pero entre la paz, la sobriedad y la cortante frialdad de Welcome Oblivion y HTDA hay tenebrosos momentos que no desentonarían entre las sórdidas y fantasmagóricas pesadillas que tan bien ha trenzado en el pasado. No es que sea difícil dejar atrás la enorme y quebrada sombra de NIN, es como si se sintieran cómodos naciendo bajo dicha sombra. De hecho Reznor comunicó la vuelta a los escenarios de Nine Inch Nails (incluyendo, cuidado, a todo un Eric Avery entre sus nuevos componentes) justo cuando anunció la publicación de este álbum. Eclipsando casi por completo la promoción para How To Destroy Angels.

En Welcome Oblivion resplandecen etéreos páramos electro-industriales habitados por toda suerte de zumbidos, ruidos, susurros… al mismo tiempo encontramos transitando por sus surcos, desnudez, sencillez y cercanía, «proximidad» más propia de complicadas noches de insomnio y duermevela que del día a día. «Ice Age«, quizás lo más heterogéneo dentro de la obra, es inmediata, obsesiva y burbujeante.

Los temas, en general, parecen escabullirse, deslizarse en un ambiente de abrasador frío que parece inundar todo el disco. La voz de Maandig, a veces anacrónica y difícil de ubicar en semejante universo, suaviza la desolación instrumental, topándonos con sensuales y entrecortados ronroneos donde antes habría aullidos… por supuesto, Reznor, algún gruñido es incapaz de guardarse, la violencia de antaño ya no se escupe, ya no explota en cada poro, pero se le sigue presumiendo, se le sigue adivinando y se sigue percibiendo.

En el apartado lírico, se continúan las sendas abiertas por Trent en los trabajos de NIN desde The Fragile, incluyendo versos que se están convirtiendo en, podríamos denominar, marca de la casa. Que si everything is exactly the same, que si this is the beginning of the end… He de decir que de follar como animales y tal no hay rastro.

El disco funciona -si se entra en su particular juego- mejor como un conjunto, un bloque de cemento marciano en el que dejarse atrapar o como una nebulosa de contenida dispersión en la cual sumergirse que como una colección de cortes y canciones al uso. Supone Welcome Oblivion, quizás, un resquicio de paz para una torturada alma en perpetua lucha.

The Loop Closes

Med Vega.

Ilustración por Cristina Carmona.

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