Shields supone el brillante regreso discográfico del combo asentado en Brooklyn, Grizzly Bear. Trabajo que sale más que airoso de las inevitables e injustas comparaciones con su predecesor, el aclamado Veckatimest (2009, Warp).

Un disco repleto de bellísimas armonías vocales de preciosa factura que se te pegarán al alma y los sentidos con una pasmosa sencillez, cargado de delicados ronroneos, lindos susurros y algún que otro hermoso mordisco de los que marcan colmillo. Hará las delicias de todo aquel amante de las cosas bonitas, de las cosas fetén cuando están bien hechas, de aquellas personas que aún rodeadas por el frío más angustioso y que por muy pronto que les anochezca siempre conservan el sol en sus ojos.

El folk-pop psicodélico del oso grizzly parece trenzado desde el tacto más minucioso y la máxima meticulosidad hasta que desatan una suave tormenta de distorsión creando un clímax de caos crudo, resistente, majestuoso. Por cierto, ¿alguna vez se han parado a pensar en el abanico tan disperso de sonidos que se puede meter bajo la sombrilla de la psicodelia? ¿y existe algo que le vaya mejor a la psicodelia que la dispersión en los sonidos? (…)

Tan únicos como ellos mismos y erróneamente comparados con Animal Collective en más de una ocasión (será por lo de Panda Bear/Grizzly Bear, otra razón no le veo), estos jóvenes llevan en la sangre las más puras lecciones de como trazar gustosos e impecables cortes a lo Jeff Mangum y sus Neutral Milk Hotel vía Sparklehorse y los Mercury Rev más soñadores. Una influencia que se marca aún más evidente es la de Radiohead con los que estuvieron girando. El propio Johnny Greenwood habla fantásticamente de ellos, lo cual es lógico y natural. No sería descabellado no ya percibir ecos de Kid A en «Adelma» o de The Bends esa encantador prodigio que es «Yet Again«, es que no desentonarían en esos discos.

Arrancan con el que fuera primer single: «Sleeping Ute«. Una joyita que en sus cuatro minutos y pico esconde y encierra interesantísimos recovecos, matices y adornos para perderse durante semanas. Si es usted susceptible de sonidos que se vuelven adictivos aquí empieza un punto de no retorno amigo mío. La combinación de juguetones sintetizadores, arreglos de exquisito buen gusto y una voz al servicio de la obra que rompen en unas acústicas de endiablada ternura suponen un paseo para recordar, un paseo por las nubes (¿alguien más confunde siempre estas dos películas?). Le sigue «Speak in Rounds» otra maravilla linda aunque de oscuro reverso que parece acabar con intensos latigazos rítmicos y desembocar en la calma tensa de «Adelma«, quizás me vine arriba al decir que no desentonaría en Kid A pero cumple encauzando el disco con la misma precisión que lo hacía «Kid A«, la canción, en el álbum de Radiohead. Donde no me la envaino es con «Yet Again«, temazo impepinable el que se han marcado aquí Grizzly Bear, habrá quién piense que no hay un single tan resultón como «Two Weeks» en Shields pero ojo que canción tan magnífica como «Yet Again» o cotas como las que alcanza este plástico en su conjunto son todo un hito en la carrera del oso grizzly.

En el aspecto lírico destaca una curiosa contradicción, si bien es según palabras de Ed Droste el disco más colaborativo que han entregado hasta la fecha, los temas hacen hincapié en los escudos que nos creamos para aislarnos, los obstáculos y barreras que marcamos con las personas que nos rodean, la exclusión social, la soledad y la incapacidad de enfrentarse a ella.

«The Hunt» es un lamento susurrado de una arrastrada cadencia que desafía al silencio más frío. La segunda mitad del disco continúa levantando un frondoso bosque de riquísimas sonoridades en las que no hay desperdicio alguno, donde resplandecen cada uno de los temas y sus infecciosas melodías. Preciosas «A Simple Answer» y «Gun-Shy» por ejemplo. También brilla la condenada y abstracta letra de «What’s Wrong» que plasma esa belleza que pincha donde más duele, vértigo y calma, tranquilidad y tensión dulcemente tejida entre versos y sonidos. En «Half Gate» Droste canta como si estuviera poseído por el bueno de Jim James de los siempre recomendabilísimos My Morning Jacket y el resultado es abrumador, otra canción de cuerpo y cabeza aparentemente hermosas pero con varias caras a cual más compleja y pérfidas miradas. «Sun In Your Eyes» es un cierre ideal, donde el sosiego de la voz de Daniel Rossen se entremezcla con apasionantes destellos donde la banda parece que va a despegar y en su ecuador cuando crees que van a quebrarse… un sereno piano para después volver a sorprenderte.

Su gracia como artesanos de espléndidas canciones de triste y radiante hermosura cinematográfica les valió para hacerse cargo de la banda sonora de Blue Valentine, cinta en la que por su temática, narrativa y poso no cabe más música que la de Grizzly Bear. La película retrata con acertado pulso el florecer y marchitar de una historia de amor tan real como la vida misma, donde antes sólo había los más dulces y preciosos sentimientos, ahora sólo queda desprecio. Encima está protagonizada por los muy talentosos y atractivos Ryan Gosling y Michelle Williams. Para verla.

Una estupenda sorpresa y una auténtica confirmación la de los Grizzly Bear, no se los pierdan, piérdanse en sus canciones y sonidos.

Aquí «Yet Again«:

Med Vega (you never even try).

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